REPORTAJES
La escuela de Wallace Stevens, de Harold Bloom, traducida por la poeta mexicana Jeannette L. Clariond, nos ofrece un rostro diferente de la poesía norteamericana.
A pesar de ser una de las figuras indiscutibles del “corpus de la poesía norteamericana”, según una fórmula crítica, Wallace Stevens (1879-1955) fue durante mucho tiempo un autor secreto pero en tiempos recientes sus lect...
La escuela de Wallace Stevens, de Harold Bloom, traducida por la poeta mexicana Jeannette L. Clariond, nos ofrece un rostro diferente de la poesía norteamericana.
A pesar de ser una de las figuras indiscutibles del “corpus de la poesía norteamericana”, según una fórmula crítica, Wallace Stevens (1879-1955) fue durante mucho tiempo un autor secreto pero en tiempos recientes sus lectores han ido en aumento. Traslaciones, antología de reciente aparición de poetas traductores mexicanos nacidos entre 1939 y 1959, que lo ubica entre los autores más traducidos, y La escuela de Wallace Stevens. Un perfil de la poesía estadounidense contemporánea, de Harold Bloom, traducido por la poeta y ensayista mexicana Jeannette L. Clariond, son una muestra de este hecho. En este perfil caben poetas conocidos y reconocidos como Hart Crane, Elizabeth Bishop, John Ashbery, W. S. Merwin y Mark Strand, y se nos descubren otros como Charles Wright, Anne Carson y Henri Cole.
La siguiente conversación con la traductora se centra en la figura de Stevens y el esfuerzo que le implicó su labor.
Curiosamente en Traslaciones, antología de reciente aparición de poetas traductores mexicanos nacidos entre 1939 y 1959, Wallace Stevens ocupa el tercer lugar entre los más traducidos. Esta no deja de ser una señal de que al menos en nuestro país esta generación se ha desmarcado de la poderosa tríada Pound-Eliot-Williams.
Wallace Stevens es, como Borges, un poeta del pensamiento y de la imaginación. Ambos han ido creciendo —en altura poética e ideas— por una originalidad lograda en sus imágenes, en la extrañeza, en el conocimiento de su propia realidad, siempre alimentada de la ajena, como si se tratase de un solo eje estructurador del lenguaje.
Para emplear una expresión borgesiana, podría hablarnos de los precursores de Stevens en la configuración de este canon. Se ha mencionado a los trascendentalistas, pero ¿la solitaria Emily Dickinson también formaría parte de este corpus, por ejemplo? ¿Hasta qué punto se puede decir que es una reacción contra “los grandes de la poesía norteamericana”? ¿Hablaríamos de una tradición de la ruptura a la manera de Paz?
Este volumen representa una “escuela”, más que un canon. No pretende irrumpir en el paisaje literario como si se tratara de una ruptura, sino rescatar las voces que dan vida a una serie de ideas que cada poeta expresa en su poética. Cada línea es una tradición, cada palabra lo es también.
En estos poetas se perciben distintas corrientes, influencias y músicas, razón por la cual esta trabajo me tomó doce años y no tres como pensé en un inicio. Los precursores pueden ser Dickinson, Blake, Brontë, Pope o Proust. Sobre los dos últimos te digo algo que se relaciona con un verso de James Merrill, cierre del poema “Para Proust”. El verso dice así: “Un largo rizo blanco se había conciliado con tu cara”. Merrill reconoce en Proust a un gran conocedor del impresionismo musical, quien solía escuchar con devoción a Debussy y a Massenet, una de cuyas obras más bellas es sin duda Manon. Maggie Tate, interpretó en varias ocasiones una de las arias de esta ópera. Si miras una foto de Maggie durante las representaciones lo entenderás todo. La mujer del poema es ella, quien se supone fue amante de Debussy. El poema trata del encuentro de Proust con Maggie luego de veinte años, cuando ella es una mujer mayor, con su cabello blanco, y recordándola en un verso Merrill dice: “What about that line?” que yo había traducido como “Qué de aquella línea”. Debo a Raúl Ortíz, maestro emérito de la UNAM, especialista en Proust, el haberme hecho ver que se trataba no de una línea sino de una frase operística. Con él revisé parte del libro un verano en Banff, creo fue el verano de 2004. Pequeños hallazgos hacen que una traducción se convierta en respeto, humildad, empatía.
En su introducción señala que recibió invitación directa de Bloom para asistir a su curso, ¿pudiera hablar de cómo eran las sesiones y lo que él les exigía?
Bloom asigna las lectura pertinentes (los poemas a discutir) de cada uno de los poetas que se analizan en sus seminarios. Suelen ser estudiantes optando, sea por su maestría, sea por su doctorado. Ellos forman parte del aprendizaje, cada cual con su brillantez. Lo que Bloom exige, es seriedad y profundidad en la lectura. He aprendido que hay dos modos de acercarse a un poema: uno, es como lo hace un lector y otro, como lo hace un estudioso. El lector goza la lectura, el estudioso también, pero a éste le corresponde escudriñar en la Palabra. Pongamos por ejemplo a Eliot y a Stevens. Ambos de la misma época, ambos cursaron sus estudios en Harvard, aunque el primero continuó hasta obtener su doctorado, mientras que Stevens se retira para estudiar Derecho. ¿Te has puesto a pensar en la influencia enorme de Bertrand Russell en The waste land? Él sabía que requería de la moral judeo-cristiana para subsistir, tal como pensó Stevens. Solo que éste utilizó el “humanismo” como el único credo capaz de sustituir lo que la religión ya no podía dar. Eliot pensó que Bergson les daría lo necesario para “creer” en algo dentro de este dilema moderno. Pero no fue así. El humanismo de Russell es el equivalente a la “ficción suprema” stevensoniana. Analizar “Mr. Eliot’s sunday morning service” contrastado con “Sunday morning” puede arrojar la suficiente luz. Ambos fueron criticados ya lo suficiente en su época. Pero, ¿por qué razón Wallace Stevens cobra mayor altura hoy? Pienso que se debe a su manera de relacionar conciencia y mundo. Es lo que se requiere hoy: re-pensar la realidad, re-imaginarla.
Puede comentarnos cómo fue la cocina del libro. Hasta dónde llegó su participación en la selección además de traducir.
Es un libro de Harold Bloom, yo solo presté mi voz, mi esfuerzo, mi trabajo. Juntos elegimos a los poetas, yo solo agregué dos, pero los textos introductorios, es trabajo suyo. Vengo de una familia bilingüe. En casa siempre se habló en inglés. En el colegio memorizábamos poemas, leíamos a Shakespeare, a los poetas románticos… aquí se trata de trabajar al lado de una de las mentes más lúcidas que jamás haya conocido. Una mente así te invita siempre a meditar, es la palabra de Stevens: “meditar” no reflexionar, sino una meditación que tiene más que ver con el pensar callado, que seguro es lo que hacía el poeta al caminar veinte kilómetros diariamente. Mis diálogos con Bloom, al caminar juntos a la universidad, ida y vuelta, necesariamente resultaban provechosos porque me mostró su calidad humana, su modo de ver la naturaleza, al otro, a él mismo. Stevens y Bloom te enseñan ambos a ser meros observadores; la precisión en la observación tiene que ver con la precisión en el pensamiento.
Su desazón al sentir que no sabía nada de poesía, como lo expresa en unas líneas de la introducción, creo que es ante todo una lección de autocrítica que nos hace ver que como lectores siempre debemos estar con la sensibilidad abierta. Amplíenos su experiencia al tener que adentrarse particularmente en la literatura española medieval y en general en la tradición mística judía.
Corremos el riesgo de pensar que en traducción basta conocer un libro de un autor para traducirlo. Equivaldría a intentar desintegrar un trozo de carne en tu boca con un solo diente. Cada palabra posee su historia, cada línea su tradición. Durante los años que participé en los seminarios de Bloom, intenté leer a estos poetas desde su raíz. Ver dónde oír a Shelley, Keats o Wordsworth, dónde la presencia de Nietzsche, Lucrecio o Adán. También me interesó adentrarme en el gnosticismo y en la figura del “hombre primordial” tan presente en Emerson, como en el superhombre de Nietzsche. Stevens propone la perfección del conocimiento intelectual, y la idea cabalística de la fragmentación de la luz, expresada en los textos de Nag Hammadi y en los lúcidos ensayos de Gershom Scholem, cuyas resonancias se encuentran en autores como Martin Buber y Walter Benjamin. Son todas mentes brillantes. En este libro hay mucha lectura detrás.
En las páginas que dedica Bloom a “Las auroras del otoño” de Stevens, hay una expresión fundamental que creo define a esta escuela “lo Sublime americano”, que en la nota correspondiente define como “el método retórico que permite alcanzar un estadio de la percepción o de lo moral, expuesto por Pseudos Longino en su tratado Sobre lo sublime”. ¿Podría explicar un poco más su sentido?
Estoy escribiendo un ensayo a propósito de Bloom y su marco teórico. Bloom no ha sido bien leído debido a que no se le estudia desde la raíz de su lenguaje. Longino, o Pseudo Longino, habla de la necesidad de expresar emociones fuertes, de allí el concepto bloomeano de “strong-poet”, esa fuerza de la que habla Nietzsche en el superhombre, que en alemán sería “stränge”. Si tú entrevistas a Bloom, te puede decir: “Oh, how strange!”, y tú te vas con la idea de: “Ah, ¡qué raro!”, y no, puede estar hablando de “lo fuerte”. Descifrar la ambigüedad sería lo deseable al leerlo. Además de Longino, y como parte esencial del marco referencial de Bloom, está Lucrecio y su extenso poema De rerum natura. A través de sus seis libros y gracias a Cicerón llegamos a conocer el atomismo materialista de Epicuro y Demócrito. Lucreció creyó que todo estaba compuesto de átomos y de vacío, y que así como los átomos descienden y antes de hacer giran, igual el poeta inserto en una tradición, hace este giro (swerving) para regresar ya con voz propia. Hay algo de esto en las Geórgicas de Virgilio, y recurrentes alusiones en los ensayos de Montaigne. Lo que busca Stevens, y sigue buscando el poeta de hoy es liberarse del miedo a los dioses, por ello la revuelta al “humanismo” es una meditación sobre el mundo, y sobre la naturaleza de las cosas: “Nada nace de la nada, nada vuelve a la nada”.
Con todo y ser considerado un “místico secular”, de acuerdo con Michael Hamburger, ¿no se sobreinterpreta la poesía de Stevens al resaltar precisamente el aspecto místico en tanto que él no quiso salirse del discurso poético? José María Espinasa lo ha señalado de algún modo cuando observaba que Bloom llevaba el agua a su molino en este sentido.
Soy yo y no Bloom quien resalta el aspecto místico de estos poetas, veta que los une al Siglo de Oro español. Para mí fue un hallazgo porque son ellos quienes están traduciendo a los poetas españoles, y no al contrario, como suele pensarse. El romanticismo alemán regresa a los clásicos puesto que sabían que era ese el sitio para desentrañar el gnosticismo, el sufismo, y su relación con Platón. Al editar los textos de Bloom, agregué cosas que me pareció importante rescatar de sus cursos. Chema Espinasa, en su brillante presentación de Bellas Artes, señala la parte religiosa que dice ver en la congregación de estos poetas. Intentaré responder a ambos temas. Hace tiempo vi en el romanticismo —sobre todo el alemán— el origen de los poetas de pensamiento, un saber que suele confundirse con reflexión filosófica. Lo digo en un ensayo sobre Gonzalo Rojas, a quien llamo “El último de los románticos”, sin que se trate de una alusión a lo amoroso sino expresando el alto pensamiento del corpus de su obra. Hay poetas cuya voz tiene el peso del pensamiento, hay otros, cuya obra tiene más la carga de las imágenes rescatadas del cine, la pintura o la música. Stevens dice: “La casa es de la mente”, y a eso me refiero. Lo que Harold Bloom rescata es ese re-imaginar la realidad todos los días en el poema. Los poetas antologados poseen tal don.
¿Tuvieron al en cuenta al Stevens teórico de El ángel necesario y El elemento irracional en la poesía?
Braque dijo: “Los sentidos deforman, la mente forma”, es el angel necesario del poeta, el pintor, el músico. Lo irracional viene de lo trascendental, de los fragmentos de luz que hemos venido a recoger, para llenar de nuevo el vaso roto. No se puede entender a Stevens a través de The necessary angel. No, no se tomó en cuenta como marco teórico. Es su poesía la que nos va guiando en todo momento. Stevens ve al poeta como un guerrero que libra una guerra incesante, contra su yo: “Soldado, hay una guerra entre la mente/ y el cielo, entre el pensamiento y el día y la noche.” Es la verdad que encierra “Las auroras de otoño”: “Death is the mother of beauty” y en el poema, la madre, que ha prestado a la humanidad su casa, se convierte en el juego yuxtapuesto de la mente-muerte, afirmando que la belleza, la física, se inmortaliza por la muerte. Las reflexiones sobre poesía de Stevens, suelen ser posteriores a su escritura. El dio un orden a sus ideas, y con ellas, a su escritura. La idea central subyacente en El angel necesario es: la imaginación pierde su vitalidad cuando deja de formar parte de lo real. Y en esta frase se encierra el resto de su obra. El poema incluido en este volumen: “Las auroras de otoño”, habla del cambio de las estaciones, y la pregunta fundamental es, si al cambiar las estaciones, puede el poeta re-imaginar la realidad. El angel necesario y El irracional…, ambos iluminan su poesía, no al revés. No nos guiamos por su marco, no; la luz está concentrada en sus poemas.
En cuanto a la decisión de que la edición fuera bilingüe, ¿no sintió que se exponía demasiado ante el ojo crítico, o siguiendo la fórmula de Tedi López Mills, al “policía de la traducción”?
Nunca he publicado un texto que no sea bilingüe, lo veo como un acto de honestidad. La otra forma, la versión, es tomar el original como calca sobre la cual se rescribe un poema, más con la propia voz que bajo un respeto a la voz del otro.
© 2013 Grupo Milenio | Todos los derechos reservados.
Design & Code by Face.







