Las contraseñas son la primera barrera de protección para la información personal, las cuentas bancarias, las redes sociales y el correo electrónico. Sin embargo, millones de personas continúan utilizando claves débiles o la misma combinación para acceder a todos sus servicios digitales, una práctica que incrementa considerablemente el riesgo de sufrir un robo de información.
Aunque cambiar las contraseñas con frecuencia fue durante años una de las principales recomendaciones de seguridad, actualmente los especialistas coinciden en que la prioridad no está en modificarlas constantemente, sino en crear claves robustas, únicas y reforzarlas con medidas adicionales de protección.
El error más común en una contraseña
Uno de los hábitos más peligrosos es reutilizar la misma contraseña para diferentes plataformas. Si una de esas cuentas sufre una filtración de datos, los ciberdelincuentes pueden intentar acceder automáticamente al resto de los servicios utilizando la misma combinación de usuario y contraseña.
Empresas especializadas en ciberseguridad como Kaspersky coinciden en que este continúa siendo uno de los principales factores de vulnerabilidad entre los usuarios de internet. A ello se suma el uso de contraseñas extremadamente sencillas, como secuencias numéricas o palabras fáciles de adivinar.
¿Cada cuánto tiempo conviene cambiar las contraseñas?
Aunque algunos especialistas recomiendan actualizar las contraseñas cada cierto número de meses, hoy se considera más importante hacerlo cuando exista un motivo que justifique el cambio.
Modificar una contraseña periódicamente puede limitar el tiempo durante el cual un atacante tendría acceso a una cuenta comprometida. Sin embargo, cambiar todas las claves con demasiada frecuencia también puede provocar que las personas opten por combinaciones simples o repetitivas para recordarlas con mayor facilidad, reduciendo así su nivel de seguridad.
Situaciones en las que debes cambiar tu contraseña inmediatamente
Existen escenarios en los que actualizar una contraseña deja de ser una recomendación y se convierte en una necesidad.
Entre ellos destacan:
- Cuando una empresa informa que sufrió una filtración de datos.
- Si sospechas que alguien accedió a tu cuenta sin autorización.
- Cuando otra persona conoce una contraseña privada.
- Si pierdes o te roban el teléfono celular o la computadora donde permanecían guardadas tus claves de acceso.
¿Por qué no debes usar fechas familiares en contraseñas?
Muchas personas crean contraseñas utilizando el nombre de sus hijos, su mascota o fechas de cumpleaños porque consideran que son fáciles de recordar.
El problema es que gran parte de esa información ya está disponible en redes sociales. Fotografías, felicitaciones y publicaciones familiares permiten que los delincuentes digitales obtengan estos datos con relativa facilidad.
Además, los programas utilizados para intentar vulnerar cuentas prueban automáticamente combinaciones muy comunes, como nombres acompañados por años o fechas importantes, lo que incrementa las probabilidades de éxito de un ataque.
Así puedes crear una contraseña más segura
Los expertos recomiendan abandonar las palabras simples y apostar por frases largas que no tengan relación con la información personal.
Algunas de las mejores prácticas incluyen:
- Utilizar una contraseña distinta para cada servicio.
- Evitar nombres, fechas de nacimiento y datos familiares.
- Crear frases largas en lugar de una sola palabra.
- Activar la autenticación en dos pasos.
- Utilizar un administrador de contraseñas para generar y almacenar claves únicas y complejas.
Aunque una contraseña robusta representa una buena protección, activar la autenticación de dos factores añade una capa adicional de seguridad.
Con este sistema, además de la contraseña, el usuario debe confirmar su identidad mediante un código enviado al teléfono, una aplicación de autenticación o un dispositivo de confianza. De esta manera, incluso si un ciberdelincuente consigue la contraseña, difícilmente podrá acceder a la cuenta sin esa segunda verificación.
La seguridad digital empieza con pequeños hábitos
En un entorno donde las filtraciones de datos son cada vez más frecuentes, proteger las cuentas personales depende, en gran medida, de las decisiones cotidianas de cada usuario.
Crear contraseñas únicas, evitar reutilizarlas, activar la autenticación de dos factores y actualizarlas cuando exista un riesgo real son medidas sencillas que pueden reducir considerablemente las posibilidades de sufrir un ataque informático y proteger la información personal en internet.
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