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La ciudad en tiempos colaborativos

A NIVEL DE CALLE

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POR DANIEL FERNÁNDEZ 

Ya sea que utilices Uber para transportarte, Airbnb cuando vas de viaje o Cornershop para pedir el súper, estás siendo parte de la economía colaborativa. Las ciudades están siendo laboratorios de experimentación y millones de personas cambian sus hábitos de vida y consumo.

La necesidad de tienda se reduce, pues casi todo se puede conseguir en línea, ahora puedo ordenar de cualquier restaurante sin salir de casa y ya no necesito ir al mercado para tener la despensa llena. 

Si bien, ya existían los servicios compartidos como taxis, videoclubs y comida a domicilio, la tecnología está ampliando la oferta: desde compartir un viaje corto hasta un edificio de oficinas. Cambiando las dinámicas de una ciudad.

Han surgido polémicas por la desventaja con la que prestadores de servicios desarrollan sus actividades contra otros competidores regulados. A la par surgen nuevas opciones de transporte, comercio, espacio de trabajo y habitación. Miami y Berlín luchan contra los alquileres ilegales de corta estancia presionados por la hotelería y los vecinos que sufren la escala de precios de la vivienda. Tras protestas de taxistas y acusaciones de espionaje, Barcelona y Londres han prohibido la plataforma Uber.

Por otra parte, los coworkings reviven edificios y barrios en el abandono desde Brooklyn hasta El Cairo. Un nuevo concepto denominado biblioteca de las cosas propone tomar prestados bienes de uso temporal como bicicletas, herramientas, utensilios de cocina o tiendas de campaña por una cuota fija en vez de comprarlos.

El cambiar las posesiones por derechos de uso de cualquier bien o servicio modifica las posibilidades de los ciudadanos y comercios. En Monterrey podría reducirse drásticamente la construcción de estacionamientos, pues las personas dejarían de poseer tantos autos, los centros y plazas comerciales llegarían a vaciarse ante la comodidad de comprar por medio del dispositivo o pedirlo prestado en alguna app, y los precios de rentas de vivienda se incrementarían en las zonas más buscadas por visitantes. 

Todo esto podría ayudarnos a reducir nuestra huella ecológica y evitar la acumulación de bienes, cambiar el uso de tanto espacio de guardado para otros fines. 

Por otra parte, desaparecerían casi por completo algunos empleos como dependiente de tienda o cajero, quizás junto con ellos la tienda y sucursal de banco. ¿Se vaciarán las calles?

El trabajo y discusión de quienes diseñan la ciudad no debiera inclinarse hacia el bien y el mal, sino a la búsqueda de espacios públicos y experiencias cotidianas más atractivas que quedarse en casa viendo Netflix, ordenando por Uber Eats o comprando en Amazon. Tomando en cuenta que las nuevas generaciones buscan las experiencias, punto clave para la nueva ciudad.

 

DFERNANDEZ@CITIO.WORK

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