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Natural beauty

Con la naturaleza como punto de partida y materiales que evocan a un ambiente tropical, Kelly Hoppen logró la rennovación de este hotel de lujo.

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Por Arq. Elena Orozco

 

Lugares paradisíacos como las islas del Océano Índico no necesitan hospedajes ostentosos para resaltar la belleza natural. Mejor dicho, se requiere de un creativo que comprenda en su totalidad el concepto de menos es más.

 

Por ello, la reconocida marca mundial de hoteles LUX Island Resorts eligió al equipo de la multi-galardonada diseñadora Kelly Hoppen para dar vida y rejuvenecer los todos los interiores del hotel Mauritius, LUX Belle Mare, ya que anteriormente la artista estuvo a cargo únicamente de 12 villas y las suites de honey mooners, considerados los espacios más codiciados en el lugar.

 

Esta vez Hoppen se hizo cargo del resto de las habitaciones y los espacios públicos, logrando que el resort hable en un mismo idioma arquitectónico lineal guiado por la magnificencia de la Isla de Mauricio, ubicada al este de Madagascar.

 

Para resolver el concepto, los factores luz y tenuidad fueron la interpretación que la diseñadora inglesa definió como lujo. Una paleta de colores neutros como el blanco, beige y marrones claros son acompañados por pequeños detalles que acentúan el azul turquesa del mar, que incluyen el fucsia, un delicado amarillo, verde manzana, rojo chino, naranja y morado.

 

Todos esos colores tropicales abundan en las texturas de lino y algodón y crean una yuxtaposición natural con el mobiliario minimalista de laca y las mesas plegables de madera lavada, que además permiten a la proyectista enfatizar los objetos decorativos y acentuaciones de arte para dar al cliente una sensación de balance y pureza.

 

Aunado a la visión decorativa de los dormitorios y el spa, el restaurant que está en la playa, conocido como el Beach Rouge, también fue completamente transformado bajo el mismo esquema. La adaptación de una nueva área lounge minimalista permite al usuario gozar de una relajada comida mientras recibe los rayos del sol que logran colarse en el interior, o simplemente disfrutar de un coctel para observar el atardecer, gracias a la amplitud de las vistas y la palidez de la madera en todo el espacio que, al caer la noche, se pinta de naranja.

 

Al final, “una visión que inició como la añoranza del Saint-Tropez que Brigitte Bardot hizo famoso en los 60”, según Kelly, terminó sobrepasando la opulencia y ofreciendo el buen gusto de la diseñadora y su equipo. Las 174 suites y 12 villas innovadas por la talentosa interiorista pasaron de ser simples espacios cálidos para convertirse en todo un santuario rodeado por las serenas olas turquesa.  

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