Hay rostros que sin importar el paso de los años, se siguen viendo irreconocibles. Catherine O’Hara era uno de ellos. Para muchos, siempre será la madre de Kevin o la artista de “Beetlejuice”, pero ¿cómo se veía en su juventud?
Antes de convertirse en un ícono absoluto del cine, O’Hara ya tenía una presencia que sin duda alguna, llamaba la atención que hoy despierta una pregunta recurrente: ¿cómo se veía Catherine O’Hara de joven?
¿Cómo se veía Catherine O’Hara de joven?
En los años ochenta y noventa, Catherine O’Hara proyectaba una belleza natural, sin artificios excesivos. Su cabello castaño con matices rojizos era parte de su sello, al igual que un estilo fresco, muy acorde con la época.
No buscaba imponerse desde el glamour, sino desde la personalidad, algo que se reflejaba tanto en su imagen como en sus personajes.
En “Beetlejuice”, O’Hara apareció como Delia Deetz con una estética artística. Tenía entonces poco más de treinta años y ya dominaba el lenguaje visual de personajes intensos, exagerados y memorables.
Años después, en “Mi pobre angelito”, su imagen dio un giro total, y es que a los 36 años interpretó a Kate McCallister con un look clásico, maternal y elegante, demostrando que podía adaptarse sin perder identidad.
Ese contraste marcó su juventud frente a las cámaras, pues no respondía a una sola idea de belleza, sino a la coherencia de cada papel.
Con el paso del tiempo, su rostro maduró sin perder expresividad, algo poco común en una industria obsesionada con lo eterno.
¿Cómo se veía Catherine O’Hara en sus últimas aparariciones?
En su etapa más reciente, especialmente en Schitt’s Creek, Catherine O’Hara abrazó una imagen más teatral.
El cabello rubio platino, los cortes estructurados y un maquillaje deliberadamente exagerado se convirtieron en parte del personaje de Moira Rose, pero también en un nuevo símbolo cultural.
Más que un “antes y después”, su evolución fue una reinvención bastante drástica que le fue muy bien a su estilo.
La carrera de Catherine O’Hara
La transformación física de O’Hara siempre fue paralela a su crecimiento profesional. Inició su carrera en el teatro de improvisación con “Second City” y se consolidó en SCTV, donde su talento cómico empezó a llamar la atención de Hollywood.
En cine, construyó una filmografía sólida sin perseguir el estrellato tradicional. “Beetlejuice”, “Mi pobre angelito”, “El extraño mundo de Jack” y los mockumentaries de Christopher Guest la convirtieron en una actriz de culto.
Años después, "Schitt’s Creek” la presentó ante una nueva generación, consolidándola como una figura intergeneracional.
Más allá de la pantalla, O’Hara fue consistente con su imagen elegante, cuidada, sin obsesionarse con aparentar menos edad.
Se sabe que recurrió a tratamientos faciales no invasivos, como terapias con microcorrientes, siempre apostando por verse bien sin borrar su historia.
Por ello, el fallecimiento de Catherine O’Hara a los 71 años marcó el cierre de una era.
La noticia fue confirmada por su representante sin revelar causas, lo que generó de inmediato homenajes y recuerdos.
Hoy, al mirar imágenes de Catherine O’Hara joven y compararlas con sus apariciones más recientes, queda claro que su verdadero encanto no estuvo en un peinado o en una etapa específica, sino en la autenticidad con la que atravesó cada momento de su vida y carrera.
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