De Agujetas de Color de Rosa, cuando apenas tenía 20 años de edad, a Tierra de Amor y Coraje, Natalia Esperón ha construido una trayectoria marcada por personajes entrañables, grandes aprendizajes y momentos que han trascendido la pantalla.
Hoy, a sus 52 años y con una nueva etapa profesional y personal, la actriz regresa a las telenovelas para dar vida a Patricia, un personaje que llegó a su vida en un momento especialmente significativo y que le permitió conectar, desde la ficción, con algunas de sus propias experiencias.
Mucho antes de imaginarse frente a una cámara, Natalia tenía en mente una profesión completamente distinta. Su curiosidad y fascinación por las mujeres que veía trabajar como sobrecargos fueron sus primeros acercamientos a la idea de construir una vida profesional propia.
“Te voy a contar algo muy curioso: cuando era chiquita yo no soñaba con ser actriz. Era muy observadora y me acuerdo de las sobrecargos en los aeropuertos y aviones. Tenía unas vecinas que eran hermanas y trabajaban como sobrecargos; las veía salir impecables, con sus tacones, sus trajes y sus maletas, y me parecían mujeres muy seguras de sí mismas".
"Yo decía: ‘Quiero ser sobrecargo’. Después vino el boom de las grandes modelos como Cindy Crawford o Linda Evangelista, y entonces dije: ‘Quiero ser modelo’. Se dio la oportunidad de que una agencia llamada Vicky Pardo, de la Ciudad de México, me invitara a hacer comerciales y me encantó, entre otras cosas, porque podía ganar mi propio dinero”.
“Tengo que ser muy honesta: mi motivación inicial también fue económica. De chiquita quería comprarme mi coche, tener la ropa de moda y empezar a tener mi propia solvencia. Los comerciales eran la fórmula perfecta para hacer algo que me gustaba y, al mismo tiempo, comenzar a trabajar.
Para pasarela era un poco bajita, pero funcionaba muy bien para comerciales. Empecé como extra. Mi primer comercial fue de Clorets; Víctor Noriega era el protagonista y yo era la extra, la muchacha de la camisa verde que aparecía de pasada”.
El modelaje parecía marcar el rumbo de su carrera, pero una serie de coincidencias terminaron llevándola a un camino que no estaba contemplado en sus planes. Un concurso, un casting y la mirada de un reconocido maestro de la actuación cambiaron el curso de su historia. “Se dio de una manera completamente inesperada. Llegó el concurso de La Modelo del Año, llevé mis fotos y me aceptaron".
"Al mismo tiempo hice un casting para una película de Magneto. Yo tenía 15 años y era fan de esta boy band, así que imagínate, el casting era en Videocine y había una fila que daba la vuelta a la cuadra. Me quedé en las dos cosas y tuve que decidir".
"Mi mamá me dijo: ‘Natalia, pero tú no actúas’. Y yo pensé: ‘Ah, sí, es cierto, no sé actuar’. Entonces decidí irme por La Modelo del Año. El concurso lo ganó Elisa Benítez, pero Eugenio Cobo, a quien le estaré agradecida eternamente, tuvo la visión de invitarme a mí y a otra compañera, Nadelia, a entrar al CEA en un curso de iniciación de seis meses”.
“Entré al CEA, pasé a segundo curso, después a tercero y fue entonces cuando me llevaron a hacer Agujetas de Color de Rosa. Es muy simpático porque a veces uno sueña con algo, pero las circunstancias de la vida te van llevando hacia otro camino. Yo creo que hay que saber aprovechar las oportunidades y yo tuve la fortuna de aprovechar esa”.
Su primera gran oportunidad llegó acompañada de un éxito que marcó a toda una generación. La telenovela Agujetas de Color de Rosa se convirtió en uno de los títulos juveniles más recordados de los años 90 y puso a Natalia en el centro de la conversación televisiva.
“¡Fue brutal! Porque nunca había hecho absolutamente nada de televisión. Caí en las mejores manos. Luis de Llano era un genio de las telenovelas juveniles. Yo veía Alcanzar Una Estrella, Baila Conmigo y las producciones de esa época".
"También estaban las telenovelas juveniles de Pedro Damián o de Emilio Larrosa, como Muchachitas. Era un género que consumíamos muchísimo. Era la hora de sentarnos a ver nuestra telenovela juvenil y de repente yo estaba dentro de una. Fue un éxito y para mí era algo que no podía creer”.
“Además, la diferencia con aquella época es que no teníamos la comunicación inmediata que existe ahora a través de las redes sociales. Yo grababa de lunes a viernes intensamente; los sábados estaba muerta y los domingos apenas salía".
"Sí podía ver la reacción de la gente y era emocionante, pero jamás pude dimensionar el fenómeno como se viviría actualmente. Me llegaban muchísimas cartas. Además, la novela de Agujetas fue internacional: llegó a España, Lituania, Rusia y muchos otros países. Era maravilloso tener ese contacto con la gente”.
Pero más allá del éxito y la popularidad, hubo algo que hizo especialmente significativo aquel primer protagónico de esta actriz: la historia de Paola tenía elementos que Natalia podía reconocer en su propia vida, particularmente en su manera de entender el esfuerzo y la familia. “Era una telenovela muy inocente y de mucha aspiración. Paola vendía sus patines y salía a trabajar para salir adelante, y eso era muy compatible con mi forma de ser".
"Los personajes te van resonando en muchas cosas de tu propia vida. Paola había perdido a su papá y su abuela corría a la familia de la casa. Lo que la motivaba era proteger a su familia y a su mamá. En ese momento, mi motivación para trabajar también era ayudar a mi familia. Creo que por eso mucha gente se identificó con ella, porque es una realidad para muchos seres humanos alrededor del planeta: nuestra motivación principal suele ser buscar el bienestar de nuestra familia”.
El éxito también tuvo un precio: largas jornadas que se extendieron durante casi dos años y que hicieron que el elenco y el equipo desarrollaran una relación mucho más cercana de la que suele existir en una producción. “¡Grabamos Agujetas durante un año y ocho meses!
Imagínate lo que es todo ese tiempo trabajando prácticamente todos los días. Teníamos llamados desde las siete y media de la mañana y algunos días terminábamos a las nueve de la noche; otros, hasta la medianoche. Después de tanto tiempo nos convertimos en una familia. Éramos muy unidos y llegó un momento en que nadie se quería ir”.
Años después, regresar a una telenovela significó reencontrarse con una dinámica que, pese a la experiencia acumulada, conserva intacta la emoción de los primeros días. Para Natalia, cada producción implica volver a descubrir un oficio que nunca deja de sorprenderla. “Yo comparo el inicio de una novela con el primer día de clases".
"Hay muchos compañeros que no conoces y con quienes inmediatamente tienes que crear una relación, porque el tiempo es muy corto. Tiene que existir química entre una pareja, entre unos padres y sus hijos o entre los amigos. Ese nervio de llegar, tener tus textos, conocer al director y comenzar a descubrir al personaje es maravilloso. Claro que existe miedo, pero es un miedo que te hace sentir muy viva”.
“Si la gente pudiera ver todo el proceso previo, desde que llegan los libretos hasta que se van construyendo los personajes, lo disfrutaría muchísimo".
"Para mí, Tierra de Amor y Coraje fue como volver a hacer Agujetas de Color de Rosa: llegar, encontrar mi foro, entrar a maquillaje, conocer al equipo y comenzar nuevamente todo ese proceso. Cada momento es especial y se va construyendo hasta llegar al objetivo: presentar un personaje para que el público lo disfrute, se lo crea y pueda sentirlo”.
En Tierra de Amor y Coraje, Natalia interpreta a Patricia, una madre cuya presencia permanece en la historia aun después de su muerte. La propuesta llegó en una etapa especialmente sensible para la actriz y terminó adquiriendo un significado que trascendió la ficción.
“Es una actuación especial que me llegó en un momento muy particular de mi vida. Cuando la producción de "El Güero" Castro me habló del personaje, me sorprendió muchísimo porque coincidió con una situación personal que estaba viviendo”.
“Mi mamá falleció poco después de que terminé El Ángel de Aurora. Tuvo un cáncer de pulmón muy fuerte y durante toda esa producción estuvo enferma. Mientras profesionalmente estábamos viviendo un éxito, en mi familia se estaba desmoronando el pilar más importante de mi vida".
"Entonces me hablan de esta actuación especial: Patricia es una mamá que va a morir, pero que seguirá presente a través de su energía y de algunos flashbacks con sus hijos. Me movió muchísimo porque yo acababa de vivir una pérdida. Ese amor de madre que permanece incluso después de trascender significó muchísimo para mí. Por eso dije que sí inmediatamente”.
La historia de Patricia también llevó a Natalia a enfrentarse desde otro lugar con un tema que durante años había preferido mantener alejado de sus personajes. Su propia experiencia modificó la manera en que entiende la vida, la muerte y las pérdidas. “Lo que más me movió fue el tema de la muerte y de las pérdidas. Todos vamos a morir, pero vivimos como si tuviéramos la vida garantizada. Perder a mi mamá me hizo replantearme muchísimas cosas, valorar más la vida y vivirla de otra manera".
"Antes, cuando me ofrecían personajes que morían, muchas veces los rechazaba porque me daba pavor. Esta vez fue completamente diferente. Lo acepté desde otro lugar, desde otra visión. También comencé a acercarme a la tanatología y a leer a Elisabeth Kübler-Ross, quien fue pionera en acompañar y comprender el proceso de morir".
"Puede sonar deprimente, pero para mí no lo es. Al contrario, creo que tenemos que prepararnos para las pérdidas, porque no todas son físicas. Hay pérdidas de muchísimas maneras y es algo que como seres humanos no siempre trabajamos. Por eso me atrajo Patricia: es una mamá presente que trascendió".
La actriz encontró otro punto de conexión con su personaje en la dinámica familiar de los hermanos Coraje. Lejos de construir una madre completamente dulce, buscó una mujer con carácter, capaz de explicar de alguna manera la personalidad de sus hijos. “Los hermanos Coraje son el espejo de sus padres. Si ellos tienen ese carácter, son peleoneros y defienden lo que quieren, es porque su mamá también tiene esa personalidad".
"Yo no quería interpretar a una mamá completamente dulce. Observaba mucho a señoras que tenían tres hijos varones y decía: ‘Híjole, cuando son tres hombrecitos...’. Ahora lo veo incluso con mi nieto José María. Es una bala. En vacaciones se aventó a la alberca con todo y pijama. Son salvajes. O te impones o te impones, siempre con amor. Para mí, la disciplina también es amor. Y eso ayuda al crecimiento de los hijos y también de los nietos”.
El propio concepto que da nombre a la telenovela tiene una interpretación particular dentro de la historia. Para Natalia, se trata de una palabra que habla más de valentía y determinación que de enojo. “El coraje no se refiere al enojo. Es el coraje de defender lo que es de ellos; de defender su rancho, la memoria de sus padres, el amor por la mujer que aman, su vida y su manera de ser. Son las ganas de vivir y amar con intensidad. Es el coraje de vivir.
Y aunque su participación en la producción fue especial, Natalia asegura que el equipo logró hacerla sentir parte de la historia. Su convivencia con el elenco y, particularmente, con los actores que interpretan a sus hijos, fue una de las experiencias que más disfrutó. “Fue muy bonito. Brandon Peniche, Emmanuel Palomares y Emilio Osorio son chavos súper comprometidos, estudiosos y talentosos. También fue maravilloso trabajar con Arturo Peniche".
"Algo que me gustó mucho de esta producción es que tanto Arturo como yo nos sentimos parte de toda la novela, aunque nuestra participación fue especial y no estuvimos grabando durante todos los meses. Grabamos nuestras escenas, pero los personajes siguen presentes en la historia. Me llevaron a Tucson, me consintieron muchísimo y siempre me hicieron sentir parte del equipo. Yo me siento como si hubiera ido a grabar todos los meses”.
Después de una experiencia que llegó de manera tan inesperada, Natalia prefiere dejar atrás la idea de planear cada paso de su carrera. Su prioridad ahora es disfrutar el presente y permitir que las siguientes oportunidades aparezcan de manera natural. “Ya no ‘futureo’. No tanto por la muerte, sino porque quiero disfrutar el hoy. Me genera mucha angustia pensar: ‘Quisiera hacer esto, quisiera hacer aquello’. Prefiero esperar las sorpresas".
"He tenido la fortuna de que los proyectos siempre me han llegado en el momento indicado y cada uno me ha sumado algo. También me gustaría generar mis propios proyectos. Me metí a unos talleres de escritura y los he disfrutado muchísimo. Ahora voy a empezar otro. Tenía miedo de escribir, de preguntarme si lo hacía bien, si podía transmitir o no".
"Pero siento que la vida de todos, no solamente la mía, está llena de experiencias y que todos tenemos la capacidad de escribir y contar historias. Si me preguntas qué proyecto quisiera hacer, te diría que me encantaría seguir comunicando y transmitiendo”.
El cariño que el público mantiene después de tantos años fue uno de los aspectos que hicieron todavía más especial su regreso. Para Natalia, volver a los foros implicó reencontrarse con una emoción que sigue intacta. “Soy muy agradecida. Me emociona muchísimo saber que la gente se alegró con mi regreso. Las telenovelas llevan décadas en la televisión y han acompañado a varias generaciones. Para mí, es muy bonito regresar y volver a sentir ese nervio, esa emoción de construir un personaje y compartirlo con el público”.
Con una historia de corte western, paisajes de Tucson y una nueva generación de protagonistas, Tierra de Amor y Coraje representa también una oportunidad para que Natalia vuelva a encontrarse con el público que la ha acompañado desde sus primeros proyectos. “A mis seguidores regios les pido que apoyen la telenovela y que le den una oportunidad. Es una historia que se grabó en Tucson, tiene un corte western, botas, calor y muchos elementos con los que seguramente los regios se van a identificar".
"También quiero destacar a Sofía Castro, que está haciendo su primer protagónico y es una joven sumamente profesional y muy buena actriz. Todo el elenco es maravilloso. Las telenovelas no son nada sin el apoyo de la gente. Uno puede esforzarse muchísimo y hacer maravillas, pero si el público no se da la oportunidad de verla, no sucede nada. Así que les agradezco eternamente que nos apoyen y que vean Tierra de Amor y Coraje, ya sea por ViX o por Las Estrellas”.
Tags relacionados
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
