Cada año, la Cuaresma aparece en el calendario y, con ella, una serie de dudas muy comunes: qué sí se puede hacer, qué no, y por qué la Iglesia insiste tanto en ciertas restricciones. Más allá de dejar la carne o “aguantarse” antojos, este periodo tiene un sentido mucho más amplio y profundo.
Y es que, la Cuaresma no es solo una tradición religiosa antigua, sino que también es una invitación a bajar el ritmo, revisar hábitos y replantear prioridades. Por eso, aunque muchas personas la viven desde lo práctico, su significado va mucho más allá de lo que llega al plato.
¿Qué es la Cuaresma?
La Cuaresma es un tiempo litúrgico de 40 días, sin contar los domingos, que prepara a los fieles para la Pascua de Resurrección. Comienza con el Miércoles de Ceniza, que en 2026 cayó el 18 de febrero, y concluye con el Jueves Santo. Es un periodo marcado por la reflexión, la penitencia y la preparación espiritual.
El número 40 no es casual. En la tradición cristiana simboliza prueba, espera y transformación. Se asocia directamente con los 40 días que Jesús pasó ayunando en el desierto, enfrentando tentaciones y fortaleciendo su misión. Bajo esa lógica, la Cuaresma busca que los creyentes se detengan, se observen y se preparen interiormente.
Desde el punto de vista de la Iglesia, no se trata solo de cumplir reglas externas, sino de vivir un proceso de conversión personal que involucre mente, cuerpo y acciones.
¿Por qué hay tantas restricciones durante la Cuaresma?
Las restricciones tienen una raíz espiritual, histórica y comunitaria. En lo espiritual, el ayuno y la abstinencia funcionan como herramientas para romper con el exceso, el egoísmo y la comodidad. La idea no es castigar el cuerpo, sino entrenar la voluntad y abrir espacio para la oración y la caridad.
Históricamente, estas prácticas vienen desde los primeros siglos del cristianismo. Con el tiempo, la Iglesia fue adaptando el ayuno extremo a formas más moderadas, conscientes de la vida moderna y la salud de las personas. Aun así, se conservaron ciertos días clave como el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
También hay una dimensión social. Al limitar el consumo y el placer, se busca generar empatía con quienes viven en carencia constante y fomentar gestos concretos de solidaridad. En ese sentido, la Cuaresma no es solo un sacrificio personal, sino una invitación a mirar al otro.
¿Qué otras cosas no debes hacer durante la Cuaresma, según la Iglesia?
Más allá de no comer carne los viernes o cumplir con el ayuno en días específicos, la Iglesia pone énfasis en algo menos visible pero más importante: la coherencia. De poco sirve cumplir con la dieta si se cae en actitudes que contradicen el espíritu de este tiempo.
Durante los días de ayuno, por ejemplo, no se recomienda comer entre comidas ni caer en excesos “compensatorios”. El objetivo no es buscarle la trampa a la regla, sino vivirla con sentido. Lo mismo ocurre con el consumo de alcohol, que no está prohibido de forma estricta, pero sí desaconsejado si rompe el espíritu penitencial.
También se recuerda que la Cuaresma no es solo corporal. Actos como el chisme, la soberbia, la falta de empatía o el descuido de los demás contradicen completamente su propósito. Por eso, la Iglesia insiste en que la conversión va más allá de la comida.
Un detalle que muchos olvidan es que los domingos no son días penitenciales. Se consideran una pequeña Pascua semanal, por lo que no aplican las restricciones habituales, incluida la abstinencia de carne.
Finalmente, hay prácticas que no son obligatorias, pero sí muy recomendadas: dedicar más tiempo a la oración, hacer obras de caridad, confesarse, reducir distracciones innecesarias y revisar la forma en que se vive el día a día.
La Cuaresma, al final, no busca perfección, sino intención. Y eso, incluso fuera del calendario religioso, siempre cae súper bien.
¿No lo sabías?
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Coordinadora de Chic Magazine digital. Egresada de la Licenciatura en Comunicación de la FES Acatlán. Vivo de cine, los libros, videojuegos y la buena comida.
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