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Así cambiará la industria del cine tras la pandemia

Estilo de vida

Una cartelera distinta, posibles estrenos simultáneos en salas y digital y películas menos espectaculares. ¿Qué le espera al séptimo arte en estos tiempos?

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Ir al cine en México no es deporte nacional. Pero si consideramos que somos el cuarto país en el mundo con más pantallas y el décimo con mayor asistencia anual per cápita, no hay cómo negar que es nuestro hábito cultural. Pero este ritual de ocio se transformará cuando la luz del semáforo epidemiológico cambie a verde. 

A la espera del cambio, las leyendas circulan: una foto del teatro alemán Berliner Ensemble con sus butacas desmontadas fue el primer presagio. Vino después la resurrección de los autocinemas, luego la supremacía del streaming puso en duda si la gran pantalla y los plasmas caseros podrán tener custodia compartida de nuestra cinefilia

Para visualizar la nueva normalidad de los cines hay que pensar más allá de la sana distancia y palomitas con sabor a antibacterial. Ese futuro se dimensiona hablando con todos los que hacen posible esta experiencia. En el trimestre en que la economía mundial colapsó hubo industrias que se reinventaron. 

La del cine simplemente aceleró un cambio que anticipaba. Antes de la pandemia, las cadenas exhibidoras dependían del paso del tiempo para saber cómo el streaming y el cine en salas coexistirían sin fricciones como modelos de negocio. 

A causa del Covid-19, no tendrán que esperar una década. Se sabrá ahora. En Aguascalientes, Chiapas, Michoacán, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa y Veracruz, las autoridades municipales y estatales ya acordaron abrir cines.


 Fernando de Fuentes, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica, describe el panorama. “Dependiendo de cada ciudad, algunas salas están abriendo al 30 o 50 por ciento en un acomodo de butacas estilo ajedrez, con funciones escalonadas para permitir la limpieza exhaustiva de instalaciones. Antes, el personal era multifuncional. 

Ahora es personal dedicado a tareas específicas. Respecto a las butacas, ni en México ni en otros países se están retirando. Las butacas se cancelan en el sistema de venta”, señala. A mediados de junio, Cinépolis y Cinemex publicaron sus protocolos de reapertura en sus canales de YouTube, acordes a los que se siguen en general en todos los negocios. 

Por ahora, los lobbies de los cines, esas ágoras de la cultura pop, deberán cambiar las alfombras rojas por tapetes sanitizantes, y su afición, que llegaba en multitudes a las funciones de medianoche, cambiará las máscaras de Marvel por caretas. 

Este “hasta luego” a las pasiones cinéfilas tendrá un costo y el consumidor teme que las adecuaciones sanitarias se verán reflejadas en el precio del boleto de entrada. “Lo que yo he escuchado es que se busca hacer promociones y eventos para atraer al público cinéfilo de regreso a las salas. 

Por ahora no se ha hablado de incrementos ya que la asistencia ha sido poca. Es un tema del huevo y la gallina: si no hay estrenos, entonces no hay público, y si no hay público no hay estrenos”, agrega De Fuentes. Según cifras de Canacine, en México se venden entre 330 y 340 millones de boletos al año y 2019 rompió el récord logrando expedir hasta 350 millones de boletos. Con solo el 13% de las 7,500 pantallas que hay a nivel nacional abiertas, la bonanza de la exhibición se ha dispersado a otros lados. 

Al streaming, naturalmente: Netflix reportó en el primer trimestre del año un aumento de 16 millones de suscriptores. José Luis Gutiérrez tenía a abril o mayo como meses tentativos para estrenar su séptima película La lengua del sol en Cineteca Nacional. Cuando la crisis del Covid-19 mandó a todos a sus casas, supo que el estreno estaba en riesgo. “El cuello de botella para los estrenos de cine mexicano, con tanta producción anual pero con tan poca posibilidad de tener pantalla, hace que se peleen mucho los lugares. 

Las salas comerciales se van con las películas de corte comercial y los nichos culturales se remiten a películas de autor o que hayan tenido un recorrido en festivales de cine. Ese no era el caso de La lengua del sol. No se le veía una línea comercial ni un nicho autoral. Y nos dimos cuenta de que hay mucho cine mexicano que está entre esos dos extremos y que no tiene por qué ser necesariamente ni de uno ni de otro“, explica. 

Irónicamente, La lengua del sol es el relato de una pareja que pasa las últimas horas del fin del mundo en confinamiento. Cuando José Luis Gutiérrez dice que su filme no entraba en las categorías polarizadas del cine mexicano, se refiere a que las distribuidoras fueron renuentes a su mezcla de géneros: parte drama erótico, parte ciencia ficción, parte historia de amor. 

Sin fecha de estreno ni distribuidor, el director tuvo la idea de crear Sharing My Dream, su plataforma en la que la gente puede rentar o comprar la cinta. 

“Fueron 40 mil visualizaciones en una semana. Eso es brutal; en una corrida comercial de cuatro meses en 10 salas no llegas ni a siete mil”, explica Gutiérrez, quien matiza su éxito reconociendo que, por un lado, la trama del confinamiento impulsó a la película y que, además, su plataforma no precisa cuántas de esas visualizaciones fueron completas. Agrega que, aunque si la cifra real fuera la mitad de ese número, el resultado no dejaría de ser tan excepcional. “No lo cambiaría por una alfombra roja, ocho salas, dos semanas en salas y mil quinientos espectadores”, concluye.


De virus y algoritmos 

No en todos los casos el cine online fomenta la cinefilia. El ritmo del streaming, diseñado para saltarse escenas de créditos e ir inmediatamente a lo que sigue •sin darnos tiempo de digerir lo que acabamos de ver• no invita a la apreciación. 

Hacen falta más que algoritmos y un virus para derrotar al milenario formato de exhibición. Su pulso todavía se siente en los autocinemas que, alrededor del mundo, no solo pasaron al frente de la línea de combate. También inspiraron a conciertos, festivales, locales de table dance, raves, congregaciones religiosas y compañías teatrales a intercambiar butacas por vehículos. 

En Ciudad de México, Autocinema Coyote lleva 11 años operando, y este cambio de hábitos de consumo a nivel global coincide con su plan de expansión a otras ciudades del país, el cual arrancará en Puebla. Mientras tanto, en las pocas salas abiertas, se gesta otro fenómeno. 

Hollywood no regresará a la cartelera hasta que la mayoría de las salas hayan abierto; de ahí que cintas como Tenet, de Christopher Nolan, y Mujer Maravilla sigan postergando su fecha de estreno. Si las salas se vendieran al 100 por ciento de su aforo, la retirada del gigante sería un alivio para sus competidores, las distribuidoras independientes.

 Para ellas, estrenar sus títulos en una fracción del mercado no será una victoria financiera. En cambio, quienes se aventuren a los complejos cinematográficos en la segunda mitad del 2020, la sorpresa será la oferta fílmica más heterogénea que hayan visto en décadas.

 La distribuidora nacional Cine Caníbal, que maneja algunos de los títulos de cine de autor mexicano y extranjero más renombrados, estrenó en el antes reñido mes de julio Queen and Slim, el debut de la estadounidense Melina Matsoukas, la directora de cabecera de los videos musicales de Beyoncé

Se trata de una road movie sobre dos afroamericanos que en su primera cita matan accidentalmente a un policía, iniciando un estallido social que hace eco del movimiento Black Lives Matter.

 En épocas tradicionalmente dominadas por franquicias norteamericanas, Cinépolis Distribución estrenó la francesa Retrato de una mujer en llamas, que en el consenso crítico fue el mejor filme del 2019. Y siguiendo la tendencia de Estados Unidos y Japón, que abastecieron cartelera con cintas clásicas de antaño, esta misma cadena comenzó a proyectar desde el 10 de julio obras canónicas como Rebelde sin causa, Casablanca, El exorcista y 2001: odisea en el espacio. Para bien y para mal, será un verano histórico: sin blockbusters. “Ahora los distribuidores independientes estamos comenzando a tomar importancia en el mercado. 

Salvo algunos títulos que siguen para este año, como Mulan o Tenet, todos estos estudios y sus blockbusters se han movido para el próximo año. Podemos salir con todo nuestro producto porque lo que tenemos es justo una gran variedad de producto.

 "Somos los que vamos a salir al quite”, estima Carla Farell, directora de la distribuidora mexicana Corazón Films, otra compañía que aprovechará la despejada segunda mitad del año para estrenar títulos de nicho como Mientras estés conmigo, de temática cristiana, y Estación Zombie 2, secuela del éxito crítico-comercial Tren a Busan. Estación Zombie 2 es de las contadas secuelas que han tenido el honor de ser parte de la selección del festival de Cannes y que llegará al país en noviembre.


Vientos de disrupción

 Los vientos que corren en este sector de la economía no son de cambio, son de disrupción. Así se supo en abril, cuando Universal Pictures hizo la excepción de no esperar a la reapertura de salas y estrenar Trolls World Tour en digital en Estados Unidos (en México el estreno en salas sigue contemplado).

 La inofensiva cinta para niños mandó un mensaje que definitivamente nadie se atrevió a ignorar: recaudó en tres semanas 100 millones de dólares, casi el 70 por ciento de los 157 millones de dólares que su primera parte tardó en obtener en cuatro meses en taquilla doméstica en 2016. 

Gracias a esta señal, Universal Pictures anunció que cuando los cines retornen, considerará estrenar películas paralelamente en cines y en video on-demand en Estados Unidos. ¿El segundo acto de esta película? AMC, la cadena de cines más grande de la Unión Americana, comunicó (y además sostiene hasta la fecha) que no estrenará ningún título de Universal Pictures en sus salas.

 Ni el caso de Trolls significa buenas noticias para cualquier película que busque la recuperación financiera, ni este desencuentro beneficiará a ningún bando. Las cintas de alto presupuesto de Hollywood necesitan el ciclo actual en el que el boca en boca y la taquilla global recuperan inversión y obtienen ganancias. 

No solo las salas de cine y su distribución están en plena experimentación, también las películas. Combatir la transmisión del Covid-19 en los sets de filmación alterará aspectos del cine que toda la vida hemos dado por hecho. 

Un manual elaborado por los sindicatos de Hollywood y la Alianza de Productores de Cine y Televisión para reanudar de forma segura las producciones audiovisuales llama a modificar las escenas de sexo y combates físicos reescribiéndolas, eliminándolas o posproduciéndolas digitalmente. 

En el caso de peinado, maquillaje y vestuario, serían los actores quienes se encarguen de estas tareas. Esto atentaría contra las cintas de época con vestuarios aparatosos o contra los actores que deban ponerse un traje de superhéroe sin ayuda de nadie. En mayor peligro están los extras. Para garantizar el espacio de distanciamiento entre personas se suprimirían estos roles.

 En Ciudad de México, el gobierno reanudó el trámite de permisos para producciones audiovisuales el pasado 13 de julio, y aunque los reglamentos son más discrecionales para resolver la filmación de escenas con contacto físico, el cine mexicano siempre ha trabajado en una austeridad que propicia las restricciones sanitarias. 

El nuevo protocolo de filmaciones es mala noticia para el cine como gremio, no como arte narrativo. Las óperas primas de muchos directores hoy consolidados se hicieron bajo condiciones prohibitivas a falta de dinero. Una cartelera distinta, posibles estrenos simultáneos en salas y digital, películas menos espectaculares. 

Para la cultura del cine tal y como la conocemos parece que los créditos finales comienzan a pasar. Lo que hemos aprendido es que a veces existe una escena después de los créditos. De ser así, hoy más que nunca vale la pena quedarse a verla.

yvr


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