
Viene tu visita a la ciudad y no sabes a donde llevarla. ¿Un lugar turístico?, ¿a una terraza de la nueva plaza comercial a comer y beber? ¡Ya cámbiale!
Los recuerdos te llevan a lugares muy escondidos en tu memoria, vagamente te acuerdas de cómo era la vida antes de los carriles exprés y la lucha por construir el edificio más alto. Te preguntas ¿por qué no se pelean por hacer el edificio más interesante o divertido y me ahorran este calvario?
Eres de los que poco o nada te convence, cliente difícil. Hasta lo buscas en Google, ¿qué hacer en Monterrey?, Chipinque, Las Grutas, Bioparque, La Huasteca. ¿Y más cerquita?, los museos que ya conoces y Santa Lucía son tu mejor opción. Sigue el scrolly empieza a aparecer lo que no querías, las plazas comerciales. ¿En verdad una plaza comercial está entre las mejores actividades de esta ciudad? Wow.
El internet agota sus oportunidades y cambias de fuente, llamas a un amigo con pocas ideas nuevas. Al estadio, al antro, al cine. ¡Por favor, eso hay en todo el mundo!, algo único tiene que haber en una ciudad de 5 millones. “Haz una carne asada”, te dice una vocecita en tu cabeza con acento norteño.
Y entonces te brotan las ideas. En Monterrey hay teatro, también vienen buenas bandas, ¿cuál vendrá este fin? Algún bar original seguro habrá en la calle Mississippi en San Pedro o Morelos en Monterrey. Al día siguiente desayunar un machacado con huevo donde tú ya sabes. La Agenda Conarte algo interesante tendrá. Un mercado en domingo y el Mirador Asta Bandera para ver el atardecer. Parada obligada por chicharrón prensado o la cantina del centro. Claro, le revuelves un poco con lo otro. Un museo, caminar en Fundidora, un evento de parrilleros o yoga al aire libre, un buen restaurant recomendación de alguna guía. Listo, el plan perfecto.
Eso es Monterrey, rincones secretos entre edificios y calles que no invitan a mucho, salvo contadas excepciones. Grandes momentos entre lo ordinario. Con los amigos o la familia. Casas homogéneas con patios genéricos que despiertan cada vez que a alguien se le ocurre prender el asador. La ciudad, desconectada entre la mayoría de sus puntos de interés, se vuelve un poco difícil de explorar y descubrir por cuenta propia.
Que sorprendente es perderse en las calles de una ciudad conectada, las recomendaciones aparecen solas en el andar, con ver las filas para entrar a los puntos de interés o preguntar al portero de un hotel. Pasar de un barrio al otro casi sin sentirlo, con tejido urbano legible. Del Soho a Nolita, de la Condesa a la Roma o del Gótico al Borne. A nuestra manera y conforme la ciudad se densifica a eso debiéramos apuntar, poder leer y andar por Monterrey fácilmente. Por el bien de las visitas y de nosotros mismos.
D.FERNANDEZ@CITIO.WORK
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