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PERSONAJES

María Elena Torruco, la anfitriona perfecta

Entre tradición, hospitalidad y memoria, la escritora presenta Bienvenidos a mi mesa, una obra que celebra el valor de compartir alrededor de la mesa.

Para María Elena Torruco, la mesa es mucho más que un espacio para comer / Fotos: Loreto Villarreal
Para María Elena Torruco, la mesa es mucho más que un espacio para comer / Fotos: Loreto Villarreal
Ricardo Rodríguez
Ricardo Rodríguez

La mesa, más que un espacio para compartir alimentos, puede convertirse en un punto de encuentro donde se cruzan la memoria, la cultura y los afectos. 

Con esa idea como punto de partida, María Elena Torruco presenta Bienvenidos a mi mesa, un libro que invita a redescubrir la riqueza de las tradiciones mexicanas.

La historia detrás de Bienvenidos a mi mesa nace de una inquietud para María Elena Torruco que comenzó muchos años antes de que el libro tomara forma.

“Cuando me gradué de la Licenciatura en Gastronomía, mi tesis ya estaba pensada como la base de un libro para algún día. Esa investigación fue la base de lo que después se convertiría en Bienvenidos a mi mesa.


Siempre me han fascinado los libros de mesas y de gastronomía, pero sentía que hacía falta uno que integrara todo: la historia, el protocolo, la cultura y también la emoción que existe cuando nos reunimos alrededor de una mesa.

En mi casa, además, siempre tuve un gran ejemplo. Mi papá ha escrito 11 libros y está por publicar el número 12, así que crecí viendo el poder que tiene un libro para compartir conocimiento y dejar algo al servicio de los demás.

Pensar que una investigación, una colección de ideas, fotografías y experiencias puede convertirse en algo que inspire a otras personas a celebrar, recibir y compartir, fue lo que finalmente me animó a escribirlo.

Este proyecto nace de esa convicción, que la mesa es mucho más que un lugar para comer, es un espacio donde la cultura, la memoria y los afectos se encuentran”, compartió.

Desde su infancia, la autora entendió que un gesto tan simple como preparar la mesa puede revelar tradiciones, costumbres y formas de cariño profundamente arraigadas.

“Creo que lo entendí desde muy niña, en las mesas de mi familia en el norte. En casa de mi abuelita María siempre había espacio para alguien más. Era una cocinera extraordinaria, pero sobre todo tenía esa forma tan generosa de recibir que es muy propia del norte de México: la mesa como una expresión de amor. También recuerdo mucho las mesas de mi tía Claudia, que siempre me parecieron inspiradoras.

Mi tío era minero y muchas veces, mi tía ambientaba la mesa con pequeños detalles inspirados en ese mundo y en nuestra tierra del norte. Siempre tenía detalles preciosos: cuando llegábamos de visita nos dejaba un chocolate en la almohada con un letrerito que decía ‘Bienvenidos’. Esos gestos me hicieron entender muy pronto que una mesa no es sólo vajilla y comida. Es un lenguaje lleno de símbolos, de historia y de afecto.


La gastronomía del norte es una de las grandes riquezas de México y cuando pensamos que la gastronomía mexicana fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, entendemos que cada una de nuestras mesas tiene algo que contar.

Al final, poner la mesa es también una forma de narrar quiénes somos: nuestra tierra, nuestras tradiciones y esa manera tan mexicana de abrir el corazón para recibir a los demás”, recordó.

En la cultura mexicana, compartir los alimentos suele ser mucho más que una rutina diaria, es un momento para fortalecer lazos y eso lo sabe perfectamente María.

“La mesa es uno de los espacios más importantes de la vida familiar, porque es donde realmente nos detenemos a compartir. En un mundo que va tan rápido, sentarnos a la mesa es casi una invitación a volver a lo esencial: comer despacio, escucharnos, poner atención a los gestos y nutrir no sólo el cuerpo, sino también el alma.

En México, y particularmente en el norte, la mesa siempre ha sido un punto de encuentro muy poderoso. En el capítulo de Auténtica Carne Asada del Norte trato de transmitir justamente esa esencia: la mesa abierta como una forma muy nuestra de recibir. No se trata de una mesa perfecta, sino de la intención de reunirnos.

En muchas casas del norte basta con encender el asador para que empiecen a llegar amigos y familia. Las puertas se abren, alguien trae algo para compartir y, sin darnos cuenta, se crea un momento que queda en la memoria. Por eso creo que la mesa es uno de los lugares donde se construyen los vínculos más profundos. 

 ahí donde celebramos, donde nos acompañamos en los momentos difíciles y donde, casi sin darnos cuenta, vamos tejiendo las historias que forman a una familia”, afirmó.

La obra también invita a recorrer la extraordinaria riqueza culinaria de México, una de las más diversas y celebradas del mundo.

“La gastronomía mexicana es, sin duda, mi favorita en el mundo. Me fascina por su diversidad de ingredientes y la enorme variedad de sabores que existen entre una región y otra dentro del mismo país. Pocas cocinas tienen una riqueza tan amplia. A mí me encanta, probar salsas.


En México tenemos una diversidad extraordinaria de chiles y técnicas que cambian completamente el sabor de un platillo: chiles tatemados, asados, molidos en molcajete o preparados con ingredientes distintos según cada región. Esa variedad habla mucho de nuestra creatividad culinaria.

También dentro de mi familia he tenido la fortuna de vivir esa riqueza gastronómica. Por un lado, mi familia paterna tiene raíces en Chiapas, y por el otro, la materna en Coahuila. Desde muy pequeños, mi papá nos enseñó a apreciar esa diversidad y a descubrir cómo cada región de México tiene sabores, ingredientes y tradiciones que la hacen única.

Y más allá de los platillos, hay tradiciones que para mí son profundamente especiales y que también comparto en el libro. El Día de Muertos, por ejemplo, es una de las celebraciones más hermosas que tenemos: una manera de honrar a quienes amamos a través de la memoria, la mesa y los sabores que los representan. La Navidad también ocupa un lugar muy importante en nuestras mesas mexicanas.

Es una tradición profundamente arraigada que reúne a la familia alrededor de la fe, la gratitud y el deseo de compartir. Al final, una mesa especial en México no se define sólo por lo que se sirve, sino por las historias, las tradiciones y los afectos que la acompañan”, aseguró.

Los elementos que rodean una comida —texturas, colores y aromas— también tienen la capacidad de transformar la atmósfera del encuentro.

“La mesa es uno de los pocos lugares donde convergen los cinco sentidos y cuando eso sucede se crea una magia muy especial. La vista se despierta con los colores de la vajilla, las flores, los manteles y la decoración; los aromas anticipan los sabores; el tacto aparece en las texturas de los materiales y el oído se llena con las conversaciones; las risas que surgen alrededor de la mesa.

Cuando todos esos sentidos se conectan, el momento se vuelve mucho más profundo y memorable. A través de la elección de una vajilla, los manteles, las flores y los colores, se puede crear una atmósfera que eleva la energía del encuentro. Cuando la mesa se prepara con una intención específica, se genera una armonía que invita a compartir desde un lugar más auténtico.

Y en esa vibración especial, donde se cuidan los detalles y se abre el corazón, es donde nacen los momentos que realmente permanecen en la memoria”, dijo.


Durante el desarrollo del libro, el proceso de investigación abrió la puerta a reflexiones más profundas sobre la hospitalidad y las tradiciones del país.

“Uno de los descubrimientos más profundos fue reafirmar la grandeza de nuestra gastronomía y la forma tan especial en que, a través de ella, los mexicanos sabemos recibir y dar la bienvenida.

A lo largo de la investigación y de las experiencias que dieron forma al libro, entendí aún más esa calidez que caracteriza nuestra hospitalidad: esa manera tan nuestra de abrir la puerta de casa, de hacer sentir bienvenido al otro y de compartir lo que tenemos.

También confirmé algo que siempre he sentido en mi propia familia: la importancia de la mesa en la vida mexicana. Es un lugar donde se refuerzan los vínculos, donde se comparten conversaciones que nos acercan y donde se crean recuerdos que permanecen guardados en el corazón”, reflexionó.

Asimismo, algunas de las páginas más emotivas del libro están inspiradas en recuerdos familiares que dejaron huella desde la infancia.

“Uno de los recuerdos que más vive en mi corazón es cuando ayudaba a mi abuela María Elena a preparar sus buñuelos de rodillo. Yo era muy pequeña y recuerdo el olor del anís en la cocina, así como la emoción de saber que todos nos reuniríamos después alrededor de la mesa.


Para mí, ese momento lo tenía todo: la tradición, el trabajo hecho con cariño y la alegría de compartirlo en familia. Con el tiempo entendí que esas escenas aparentemente sencillas son las que realmente construyen nuestra memoria afectiva.

Muchos de esos recuerdos, los sabores, los aromas, las conversaciones alrededor de la mesa, son los que dieron vida a Bienvenidos a mi mesa. Porque al final, más que un libro de mesas, es un homenaje a esos momentos que nos marcan para siempre”, platicó.

Y es que en medio del ritmo acelerado de la vida actual, detenerse a comer con calma se ha vuelto casi un acto de resistencia.

“La mesa nos devuelve algo que hoy es cada vez más escaso: el tiempo para mirarnos y estar presentes. Vivimos en una época muy acelerada, donde muchas veces comemos de prisa o incluso frente a una pantalla.

Sentarnos a la mesa es una forma de recuperar la pausa, de volver a conectar con quienes tenemos enfrente y de recordar que la conversación también forma parte de la comida.

La mesa nos invita a detenernos, a escuchar, a compartir lo que vivimos durante el día. Y en esos momentos sencillos, una comida tranquila, una plática sin prisa, es donde se fortalecen los vínculos y se crean recuerdos que acompañan a una familia toda la vida. Al final, compartir la mesa es una forma muy sencilla de volver a lo esencial”, comentó.

Además, con este proyecto, María Elena destaca que el abrir las puertas de casa y preparar un espacio para otros puede convertirse en una expresión sincera de afecto.

A través de Bienvenidos a mi mesa, María rescata el valor de compartir, recibir y crear momentos que perduran en la memoria
A través de Bienvenidos a mi mesa, María rescata el valor de compartir, recibir y crear momentos que perduran en la memoria

“Para mí, es una forma muy sencilla y profunda de decir ‘Pensé en ti, me importas y quiero que pases un momento agradable aquí’. Cuando preparas una mesa con intención, cada detalle, por pequeño que sea, se convierte en una expresión de cuidado y de cariño hacia quienes llegan a tu casa.

No se trata de hacer algo perfecto ni sofisticado; lo verdaderamente importante es la intención con la que recibes. Y cuando esa intención está presente, todo lo demás fluye naturalmente: la conversación, la cercanía y la alegría de compartir”, añadió.

También, esta reconocida gastrónoma nos platicó que siempre se necesitan grandes preparativos para convertir una reunión sencilla en una experiencia memorable.

“A veces son detalles muy sencillos: unas flores en la mesa, velas si es de noche y algunos toques de color que creen un ambiente cálido y alegre.

Pero lo más importante es pensar en nuestros invitados: preparar algo que sabemos que les gusta o cuidar un pequeño detalle pensando en ellos. Eso, al final, es un verdadero apapacho, esa palabra tan mexicana que significa un abrazo al alma”, agregó.

Entre las reflexiones que atraviesan el libro, también aparece una nueva forma de entender la elegancia y el protocolo, un aprendizaje del cual María Elena espera que los lectores se lleven después de recorrer las páginas de su publicación.


“Me gustaría que vean que el protocolo, más que un conjunto de reglas, es en realidad un acto de generosidad. Es un puente que une a las personas y una forma de hacer sentir bienvenido al otro.

Recuerden algo muy importante para mí: que la verdadera elegancia no está en los cubiertos de plata ni en las copas de cristal, sino en la satisfacción de haber creado un refugio para quienes amamos alrededor de la mesa”, resaltó.

La mesa, además, es un espacio de conversación y memoria; muchas de las historias que definen a una familia comienzan precisamente alrededor de un espacio así.

“Recuerdo mucho las cenas en casa de mi abuela, donde reunía a todos los nietos alrededor de la mesa. Era un momento muy divertido en el que, entre primos y hermanos, contábamos anécdotas, nos reíamos y, sin darnos cuenta, ahí iba naciendo y cultivándose esa hermandad y complicidad que se queda para toda la vida.

Hoy veo algo muy parecido en la tradición que tiene mi suegro de reunirnos los miércoles. Alrededor de su mesa surgen historias, se crean recuerdos y volvemos a encontrarnos como familia.

Creo que es justamente en esos momentos sencillos donde se preserva lo más valioso: la esencia de la unión familiar y las memorias que con el tiempo se convierten en nuestra historia compartida”, expresó.

Ella resalta que más allá de los platillos, la cocina mexicana representa un patrimonio cultural que guarda siglos de historia. “La gastronomía mexicana ya fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, y eso habla de la enorme riqueza histórica, cultural y social que existe detrás de nuestros sabores y tradiciones.


Pero más allá de los platillos, creo que también hay algo muy especial en nuestra forma de recibir. La calidez con la que abrimos las puertas de casa, la manera en que compartimos la mesa y hacemos sentir bienvenido al otro forman parte de nuestra identidad como país.

A lo largo del proceso de este libro, he reflexionado mucho sobre ello y me encantaría que algún día esa forma tan mexicana de dar la bienvenida, esa calidad de servicio que nace de la hospitalidad y del corazón, también pudiera reconocerse como una aportación cultural digna de preservarse y celebrarse”, manifestó.

Al día de hoy y tras la gran recepción del libro, el proyecto continúa creciendo con nuevas metas y alcances internacionales importantes para esta reconocida.

“Por ahora quiero aprovechar este trabajo para darle difusión y que Bienvenidos a mi mesa pueda ser una pequeña ventana desde la cual enaltecer nuestras costumbres, nuestras tradiciones y esa forma tan mexicana de recibir.

La primera edición del libro fue de 5 mil ejemplares y se agotó en menos de cuatro meses, algo que me llenó de alegría porque confirma que hay un gran interés por redescubrir y celebrar nuestra cultura alrededor de la mesa.

Actualmente estoy trabajando en la traducción al inglés y en una nueva impresión en español, con la ilusión de que el libro pueda llegar a más países y seguir compartiendo la grandeza de México a través de su hospitalidad, su gastronomía y sus tradiciones”, concluyó.

Dos clasicos de mesa

Hay platillos que, por su historia y significado personal, ocupan un lugar especial en el corazón de María Elena Torruco y evocan recuerdos entrañables alrededor de la mesa.

  • La carne asada del norte porque conecta con mis raíces y revive muchos recuerdos de reuniones familiares donde la mesa se abría para compartir con todos.
  • El pozole me encanta no sólo por su sabor, sino por todo lo que lo acompaña. Justamente esos complementos, los rábanos, la lechuga, el orégano, el chile, me inspiran mucho para vestir la mesa y crear una experiencia alrededor del platillo.

Conoce su trayectoria

  • María Elena Torruco cursó la Licenciatura en Gastronomía en la Escuela Panamericana de Hotelería Universidad de Turismo y Ciencias Administrativas, graduándose con mención honorífica con la tesis Etiqueta, protocolo y diseño de menús en relación con las ambientaciones.
  • Se especializó en L’École Ritz Escoffier del Hotel Ritz de Paris, con diversos cursos en cocina mediterránea, repostería francesa, chocolatería, panadería, y arreglos florales, consolidando una preparación integral en el arte culinario y de hospitalidad.
  • Posteriormente ejerció como directora de gastronomía y proyectos especiales en la misma universidad, donde impartió diversos cursos de repostería y la materia de Ingeniería de Menús a estudiantes de la licenciatura.
  • Se encargó de actualizar planes y programas de estudio, desarrollar diplomados y crear cursos de capacitación para el medio restaurantero, así como para apasionados de la hospitalidad, gastronomía y enología.
  • Fundó una empresa consultora para el sector gastronómico y turístico.



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