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PERSONAJES

Copa Faro Giro: 30 años de evolución, comunidad y valores dentro de la cancha

Para celebrar tres décadas de trayectoria, el torneo juvenil de futbol implementó la categoría All Stars, una iniciativa que reúne a generaciones pasadas para revivir sus experiencias en la cancha.

Ricardo Vélez, Paloma Berber, Paulina Benítez y Arturo Farías, integrantes clave del staff organizador / Foto: Roberto Alvarado
Ricardo Vélez, Paloma Berber, Paulina Benítez y Arturo Farías, integrantes clave del staff organizador / Foto: Roberto Alvarado
Alexis Herrera
Alexis Herrera

Lo que comenzó como una iniciativa para reunir a jóvenes en torno al futbol y fortalecer su encuentro con Cristo, hoy celebra 30 años de historia. Con una edición especial All Star, la Copa Faro Giro reconoce a quienes han sido parte de este camino.

En esta entrevista, platicamos con Mina Garza, Rodrigo Sáenz, Alicia Múzquiz, Nicolás Crespo, Paloma Berber, Ricardo Vélez, Regina Guerra y Pau Benítez, sobre el significado de pertenecer a un proyecto que ha dejado huella dentro y fuera de la cancha.


Tres décadas se dicen fáciles, pero detrás de ellas existen altas y bajas, expansiones, un crecimiento constante en el número de equipos y el reto de encontrar instalaciones adecuadas para recibir a todos los participantes.

Después de superar cada uno de estos desafíos, llegar a los 30 años representa el momento ideal para celebrar a quienes han formado parte de esta historia.“En esta edición festejamos el 30 aniversario de la copa, por esto decidimos ofrecer la categoría de All Stars como una manera de celebrar a las generaciones que han pasado y darles la oportunidad de recordar y seguir viviendo las experiencias de la copa”, comentó Mina Garza.

Esta misma trayectoria ha dejado lecciones y enseñanzas que han permitido a la competencia mantenerse en constante evolución. Adaptarse a los cambios sin perder eso que los caracteriza ha sido una de las claves para seguir vigente después de tanto tiempo.

“Creo que la principal enseñanza ha sido entender que la copa tiene que evolucionar sin perder su esencia. Hemos aprendido a escuchar a los jugadores, a las familias y a los equipos para mejorar cada año, incorporando nuevas experiencias.

Pero también hemos confirmado que lo más importante sigue siendo lo mismo que hace 30 años: formar personas, generar comunidad y poner a Cristo en el centro de todo lo que hacemos”, detalló Paloma Berber.


Si bien han sido muchísimas ediciones y cada una ha tenido algo especial, sería difícil elegir una sola. Sin embargo, la entrega de este aniversario lleva algo escrito en oro que la vuelve distinta, pues representa todo lo construido y la huella que han dejado quienes formaron parte de ella.

“Hay copas que recordamos por el número de participantes, otras por los retos que logramos superar y otras por las historias que surgieron dentro y fuera de la cancha.

Sin embargo, esta edición número 30 tiene un significado muy especial porque celebra todo lo que se ha construido durante tres décadas. Más que una cúspide, la vemos como un momento para agradecer la historia de la copa y proyectarla hacia el futuro”, compartió Ricardo Vélez.

Hablando desde una perspectiva más personal, formar parte de un torneo que se ha consolidado como uno de los más importantes y prestigiosos de la ciudad también implica una responsabilidad especial. Para muchos integrantes del staff, además, existe un vínculo emocional que nació mucho antes de convertirse en organizadores.

“Creo que muchos de los que formamos parte del staff vivimos esta copa primero como jugadores. Todos los recuerdos y experiencias que construimos año tras año son lo que nos motiva a seguir aquí y a seguir organizándola con la misma pasión.


Aunque cada edición trae retos distintos y durante la planeación siempre hay altos y bajos, buscamos resolver todo con la mejor actitud y una sonrisa, porque queremos que las nuevas generaciones de participantes puedan vivir y disfrutar lo mismo que nosotros vivimos”, mencionó Alicia Múzquiz.

Retomando el tema de las altas y bajas, también existen momentos clave que terminan por reafirmar el valor del proyecto. Para Nicolás Crespo, hubo una experiencia en particular que confirmó el impacto de la copa y fortaleció las ganas de seguir adelante.

“Durante más de 30 años de la copa siento que sí hubo un momento clave. Fue en la edición 26, en el año 2022. Aquí enfrentamos bastantes retos, ya que fue la primera copa regresando de pandemia.

Terminamos cambiando de fecha más de tres veces y aun así recibimos el apoyo de nuestros jugadores y familias. Ahí nos dimos cuenta de que no importa lo que pase, si lo hacemos por Jesús va a salir todo adelante”, platicó.

Rodrigo Sáenz, Paloa Berber, Paulina Benitez, Arturo  Farias, Mina Garza y Alicia Muzquiz
Rodrigo Sáenz, Paloa Berber, Paulina Benitez, Arturo Farias, Mina Garza y Alicia Muzquiz

Tocando este tema, Rodrigo Vélez, integrante del equipo de estadística, encuentra en la elaboración del rol de juegos uno de los retos más importantes de cada edición. Una tarea que, gracias a la experiencia acumulada con los años, se ha convertido en parte de la dinámica habitual del torneo. 

“Al principio acomodar los partidos para satisfacer a todos era muy complicado, pero con el tiempo se ha vuelto algo normal que hacemos con más facilidad gracias a la experiencia acumulada y al trabajo en equipo”, explicó.

Finalmente, celebrar tres décadas es un logro enorme, y ahora la Copa tiene más metas, más compromisos y muchos sueños que cumplir. “Nuestro sueño sigue siendo que cada vez más jóvenes puedan vivir la experiencia de la Copa Faro Giro.


Queremos seguir creciendo en calidad, en organización y en el impacto formativo que tiene la copa, sin perder nunca nuestra identidad, buscamos que cada persona que participe salga siendo mejor de lo que llegó.

Y para que esto siga siendo posible, también soñamos con seguir formando generaciones de personas dispuestas a servir. Gran parte del staff que hoy organiza la copa alguna vez fue jugador, y esperamos que muchos de los jóvenes que hoy están en las canchas regresen en unos años para construir esta experiencia para otros”, cerró Paloma Berber.

“Sin duda, lo que nos distingue como copa es la mística que se vive dentro y fuera de la cancha, pero sobre todo el hecho de tener a Dios como centro de todo”. Pau Benítez


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