Cada generación necesita su propia canción de Nueva York. Sinatra la convirtió en un himno, Madonna, en una carta de amor a la ciudad que la formó y le dio carácter, Alicia Keys, en un gran hit y oda atemporal a la ambición, Taylor Swift, la volvió el augurio de que la vida puede empezar de nuevo.
Addison Rae hizo algo distinto, la volvió un impulso frenético. En New York, la pista que abre su debut de 2025, un beat de Jersey club corre con la euforia de las luces vistas desde un taxi, mientras ella repite el nombre de la ciudad una y otra vez. La canción, de hecho, ni siquiera se escribió ahí, el concepto llegó después tras una visita de la cantante, cuando la experiencia ya se había convertido en una fantasía cumplida. “Me siento tan libre, es mi religión”, canta la popstar como si fuera un encantamiento. Sofía Salinas conoce bien esa sensación.
“Nueva York te da permiso de reinventarte, de volver a empezar sin tener que explicarle nada a nadie”, dice. “Es una ciudad intensa, pero al mismo tiempo puedes caminar sola durante horas, cambiar de plan tres veces, sentarte a tomar un café y simplemente estar”, nos contó la influencer.
En Monterrey, su día está más estructurado. “Soy más de agenda, vueltas de mis hijas, horarios y tener todo organizado. En Nueva York camino sin rumbo, entro a una tienda porque se me antojó, me siento sola a comer, me inspiro para seguir generando contenido y puedo despejar mi cabeza un rato”, explicó.
Su día perfecto nace de ese margen desenfadado, no de una bucket list estricta a seguir y subrayar conforme se va cumpliendo. Tiene lugares a los que quiere volver y rituales que reconoce, pero no quiere convertirlos en una carrera, prefiere la espontaneidad. “Mi día perfecto en Nueva York no trataría de hacer veinte cosas; dejaría espacio para que la ciudad cambiara el plan”, enfatizó.
VOLVER CON ALGO PROPIO
Hay un cliché neoyorkino que Sofía acepta por completo sin vergüenza. Tomar un yellow cab de noche, mirar la ciudad por la ventana y cantar a todo volumen por el quemacocos. “Sé que es un cliché total, pero nunca deja de sentirse un poquito como estar en una movie”. Es justo eso lo que hace única a la ciudad, un lugar donde ella se permite ser más libre. “Si usas un abrigo con print dramático, lentes oscuros y labios rojos a las once de la mañana probablemente alguien te preguntaría a dónde vas en Monterrey; en Nueva York nadie pregunta y eso me parece increíble”, admitió.
El clóset de la fashion icon tiene la educación del Upper East Side y la rebeldía de SoHo, piezas que duran, colores neutros, accesorios con historia y detalles inesperados que rompen un poco las reglas tradicionales de la moda. No busca pasar inadvertida -admite que le gusta verse arreglada siempre-, pero tampoco quiere que la ropa llegue antes que ella. “Me gusta que un look tenga personalidad, pero nunca sentir que el look entró al lugar antes que yo”, expresó.
Cuando imagina volver algún día con Loretta y Doménica, sus hijas, piensa en un girls’ trip para cuando sean mayores. Caminar por Central Park, llevarlas a ver The Nutcracker o un musical, dejar que cada una elija una pieza pequeña como recuerdo y terminar hablando en el hotel hasta demasiado tarde. Lo importante sería dejarlas vivir su propia experiencia, “Más que enseñarles mi Nueva York, me emociona imaginar cómo lo descubriría cada una”, señaló.
Sofía bautiza a este capítulo de su vida como The Edit. Está “eligiendo mejor, protegiendo su tiempo, diciendo que no con menos culpa y quedándose con aquello que de verdad se siente suyo”, así lo describió ella misma. En una ciudad donde siempre hay otro lugar, otro look y otro plan posible, saber elegir –y también dejar pasar- se vuelve una forma de madurez y autonomía.
No sorprende que haya elegido This Must Be the Place, de Talking Heads, como soundtrack del shooting. La canción más cálida de la banda que nació del nervio downtown está construida sobre una melodía deliberadamente simple y una pregunta íntima, ¿Qué convierte un lugar en casa? Frente al frenesí de la reinvención de Rae, este tema funciona como la otra cara de la moneda, no empuja hacia adelante, le recuerda hacia dónde quiere volver.
Quizá esa sea la verdadera New York era de Sofía, no convertirse en otra persona, sino caminar lo suficiente para volver a escuchar a la que ya estaba ahí. La ciudad le presta anonimato y espacio para probar algo nuevo. Ella regresa a la Ciudad de las Montañas con una edición más clara de sí misma, “Quiero una vida con menos ruido, más intención, pero sin perder la curiosidad ni las ganas de seguir sorprendiéndome”, finalizó.
UN DÍA PERFECTO EN NUEVA YORK
08:00 • LATTE
Sant Ambroeus. Empezar temprano y mirar la ciudad despertar.
09:00 • CAMINAR
Central Park, sin una ruta demasiado estricta.
10:30 • MOVERSE
Un workout antes de seguir.
12:00 • MIRAR
Bergdorf Goodman: zapatos y accesorios primero; beauty al final.
14:00 • LONG LUNCH
Via Carota: ensalada de apio, pasta al centro y tiramisú.
18:30 • RESET
Volver al hotel, cambiarse y dejar que la noche empiece de nuevo.
20:00 • MARTINI
Bemelmans Bar, con piano y los murales de Ludwig Bemelmans.
22:00 • CENAR
Una cena deliciosa y sin prisas.
SU BEAUTY BAG
PIEL
Mist hidratante + protector solar + Danessa Myricks Yummy Skin Serum Skin Tint, tono 3.5.
OJOS
Cejas bien peinadas + máscara Lancôme Lash Idôle.
LABIOS
Make Up For Ever Artist Color Pencil 600 Anywhere Caffeine + Huda Beauty Liquid Matte Mousse en Rosy Nude + YSL Loveshine Plumping Lip Oil Gloss.
PERFUME
Fleur de Peau de Diptyque.
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