Hay personas que cuando entran a una habitación no necesitan anunciarse. Sadie Marquardt es una de ellas. Nacida en Estados Unidos el mismo año que Shakira, esta bailarina, coreógrafa y entrenadora de bellydance lleva décadas construyendo una carrera que la ha llevado a ser reconocida globalmente como la "Reina del Drum Solo", un título que no se otorga por decreto, sino por la contundencia con la que su cuerpo habla cuando escucha un ritmo.
Su visita a México no fue casual. Belem Glower, la organizadora detrás del Festival Intercultural Un Pedacito de Mundo, lleva años haciendo exactamente lo que su evento promete: traer a México a las grandes figuras del bellydance mundial para compartir conocimiento, pasión y cultura del Medio Oriente.
En su décima edición, el festival alcanzó uno de sus momentos más memorables: Sadie en el escenario, primero como jurado y luego frente a sus alumnas, dejando claro por qué su técnica de aislamiento corporal es considerada legendaria dentro de la industria.
Pero hablar con Sadie es descubrir que detrás de la técnica impecable hay una filosofía de vida. Una que no se aprende en ningún manual.
El cuerpo no es un objeto: es tu psique en movimiento
Antes de que existiera TikTok, antes de que Instagram se llenara de referencias visuales infinitas, Sadie Marquardt aprendió a bailar de la única manera que, según ella, realmente funciona: escuchando.
"Me siento muy afortunada de haber comenzado mi camino en la danza antes de la explosión de las redes sociales. En aquel entonces, no existía el 'scroll' infinito de TikTok o Instagram para buscar referencias; mi única guía era escuchar y sentir", nos comparte. Y lo dice sin nostalgia, sino con la convicción de quien sabe que ese proceso la hizo quien es.
Lo que describe tiene algo de sinestesia pura: cuando cierra los ojos y escucha una melodía, literalmente ve la danza antes de ejecutarla. "Veo los movimientos fluir en mi mente antes de que existan en mi cuerpo", explica. A veces, esa visión le muestra pasos que su cuerpo todavía no sabe cómo hacer. Pero la visión está ahí, esperando.
Esta conexión entre lo mental y lo físico no es accidental en su discurso. Para Sadie, el bellydance fue la disciplina que le reveló una verdad que ninguna otra práctica había sabido mostrarle con tanta claridad:
"Nuestro cuerpo es infinitamente adaptable y resiliente. A menudo subestimamos de lo que somos capaces, pero esta danza te enseña que la flexibilidad no es sólo física, es un estado mental."
Y va aún más lejos. "El cuerpo no es un objeto que movemos, sino una extensión directa de nuestra psique. Lo que sucede en nuestros pensamientos y emociones se refleja inevitablemente en nuestra danza." En su mundo, cuidar el cuerpo no es vanidad. Es una necesidad para sostener esa conexión entre músico e instrumento. "Si el cuerpo es el instrumento, la psique es el músico. El bellydance me enseñó a afinar ambos para que la melodía sea auténtica."
Es el tipo de frase que uno querría guardar en el teléfono para releerla los días difíciles.
Lo que Shakira le enseñó a Sadie Marquardt
Cuando se menciona a Shakira, la conversación es diferente. Sadie fue su entrenadora de bellydance, y esa experiencia marcó un antes y un después no solo en la carrera de la superestrella colombiana, sino también en la forma en que Sadie entiende su propio rol como coach.
"Desde el primer día, entendí que ella no buscaba una clase tradicional; ella buscaba inspiración", recuerda. Las sesiones no se parecían en nada a una clase convencional. En lugar de instrucciones y correcciones, Sadie bailaba. Y Shakira miraba. "Sus ojos se iluminaban como los de una niña pequeña cada vez que conectaba con un movimiento."
Fue en ese momento cuando Sadie entendió que su táctica tenía que cambiar por completo. "Convertí nuestras sesiones en algo parecido a una jam session entre músicos. Ponía música, me dejaba llevar por el ritmo y exploraba capas y aislamientos. Ella simplemente observaba, se emocionaba y luego se unía a mí para probarlo."
No había un plan rígido. No había una lista de pasos a seguir. Había energía, había confianza, había una colaboración creativa que fluyó de manera orgánica. "Ella me observaba, yo le daba ideas, como el trabajo en el suelo o los shimmies con capas, y juntas construíamos el lenguaje de ese momento. No era una lección, era un intercambio de energía."
La lección que Sadie se llevó de esa experiencia es quizás la más valiosa de su carrera como entrenadora: "La flexibilidad es vital. A veces, la mejor forma de enseñar no es explicando, sino encendiendo la chispa a través de tu propia pasión, dejando que el alumno capture esa esencia y la haga suya."
Que una de las artistas más importantes del mundo le haya enseñado algo sobre cómo enseñar es, en sí mismo, un reflejo de lo que Sadie predica: la danza es un diálogo, nunca un monólogo.
El escenario no perdona la inseguridad, pero sí celebra la confianza
Hay un debate eterno en el mundo de la danza y las artes escénicas: ¿qué pesa más, la técnica o la presencia? Sadie tiene una respuesta clara, aunque matizada.
"Si me preguntas qué es más vital en el momento del show, te diría que ambas son inseparables, pero existe una realidad innegable sobre el escenario: la confianza es el puente que te conecta con el público."
La técnica, dice, es el trabajo que se hace en la oscuridad. En el estudio, de madrugada, cuando nadie está mirando. Pero cuando las luces se encienden, las reglas cambian. "Prefiero mil veces ver a una bailarina con una técnica en desarrollo pero con una confianza arrolladora, que a una técnica perfecta atrapada en un cuerpo lleno de inseguridad."
Y tiene razón en algo que cualquiera que haya estado en un teatro sabe: el público no hace cálculos técnicos mientras observa. Siente. "El público no siempre nota si un ángulo fue perfecto o si un paso falló técnicamente, pero sí siente tu energía. Si no tienes confianza, el público se siente 'perdido' o incómodo contigo; se rompe la magia. En cambio, cuando bailas con seguridad, los invitas a tu mundo y ellos se rinden ante tu arte."
Pero Sadie también habla de lo que ocurre después del show, ese momento en que las luces se apagan y el cuerpo finalmente puede hablar. Si su cuerpo pudiera reclamarle algo, dice que no sería una corrección técnica. Sería presencia. "A veces logramos algo realmente espectacular en el escenario y, casi de inmediato, nuestra mente salta a lo siguiente: el próximo show, el próximo viaje, el próximo reto."
Con los años, aprendió que el cuerpo necesita que uno se detenga a honrarlo. Y al mismo tiempo, le agradecería su lealtad incondicional. "Hay días en los que el cuerpo no se siente al cien por ciento, en los que el cansancio pesa, y aun así, mi cuerpo 'aparece'. Se presenta, coopera y me lleva a través de la danza con una generosidad infinita."
Por eso, su ritual posterior a cada actuación es sencillo pero poderoso: agradecer el esfuerzo físico realizado, integrar la emoción de lo vivido y honrar la presencia. "Ese escenario, ese público exacto y esa energía no se volverán a repetir jamás; es una combinación única en el tiempo."
Y aquí está quizás el hilo conductor de toda la filosofía de Sadie Marquardt: la autenticidad como acto de resistencia. En un mundo donde los algoritmos premian la imitación y donde "el estilo de alguien más" se convierte en tendencia en cuestión de horas, ella sigue eligiendo lo mismo que eligió cuando no había redes sociales: escuchar, sentir, crear desde adentro.
"Veo muchísima técnica y ejecuciones impecables, pero todo parece una copia de 'el bailarín favorito de alguien'. Se está perdiendo la autenticidad", reflexiona. Y cuando le toca ser jurado, siempre busca lo mismo: "¿Dónde está el bailarín? No quiero ver un reflejo de otra persona; quiero ver una expresión real, ver quiénes son ellos cuando se mueven."
México tuvo la suerte de verla en vivo, de aprender de sus manos, de sentir esa energía que describía al hablar de Shakira. Belem Glower y el Festival Un Pedacito de Mundo hicieron posible ese encuentro, que fue exactamente eso: no una clase, sino un intercambio.
Y si algo nos deja Sadie, es una pregunta que vale la pena hacerse de vez en cuando, en la danza y en todo lo demás: ¿Dónde estás tú cuando te mueves?
Coordinadora de Chic Magazine digital. Egresada de la Licenciatura en Comunicación de la FES Acatlán. Vivo de cine, los libros, videojuegos y la buena comida.
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