Y es que en un momento en el que lo inmediato domina la imagen, Sofía Moncayo apuesta por un viaje más íntimo y pausado hacia el centro de su arte. Desde el universo de la fotografía análoga, la artista construye retratos que privilegian la cercanía y provocar sensaciones, así como sentimientos al espectador. Un ejercicio creativo que le ha permitido conocerse más a sí misma y a dejarse llevar por el presente y su talento.
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La fotografía análoga es todo un mundo distinto al digital. ¿Qué es lo que más te enamora de este formato y qué te llevó a especializarte en él?
Cuando empecé en fotografía trabajaba únicamente con digital; todavía no conocía el mundo de la fotografía análoga. Recuerdo que siempre me encontraba con imágenes que tenían un toque artístico muy particular, algo que me llamaba profundamente la atención. Así fue como descubrí el film y, desde entonces, me enamoré del formato. Me atrae su estética, el aprendizaje constante y ese sentido de artesanía que se refleja en cada fotografía.
Desde tu perspectiva, ¿cuáles son las diferencias más importantes entre fotografiar en análogo y en digital —más allá de lo técnico?
La diferencia más grande es que necesitas ser mucho másintuitiva. En fotografía análoga sólo tienes 20 o 30 tomas y no puedes ver los resultados al instante. Eso te obliga a conectar con el momento y a confiar completamente en el proceso y en tus habilidades.
¿Recuerdas la primera vez que disparaste un rollo? ¿Qué sentiste al ver tus primeras fotos reveladas?
Empecé a tomar fotos de mi vida personal con una cámara desechable en 2019. Desde entonces, cada vez que veo mis fotos reveladas siento una emoción muy especial que me impulsa a seguir creando.
¿Qué es lo que te gusta contar a través de tu lente?
Más que contar una historia, busco capturar un sentimiento, específicamente la cercanía. Creo que cuando logras crear esa sensación, el resto de la historia se escribe sola.
La fotografía análoga vive un resurgimiento entre las nuevas generaciones. ¿A qué crees que se deba esta tendencia?
Más allá del lado estético, creo que lo que nos enamora del film es el nivel de intención y cuidado que exige. Estamos muy acostumbrados a lo digital y a lo inmediato, mientras que lo análogo es más manual y nos obliga a conectar de una forma distinta con lo que estamos creando.
¿Cómo es tu proceso creativo? Desde la planeación, hasta el revelado.
Todo comienza con mucha planeación. Uso referencias visuales para crear una guía de emoción, estética, colores, composición y luz. Cuando empieza la sesión y todo eso ya está alineado, suelto el control y me dejo guiar por el momento. Mi parte favorita es recibir las imágenes días después y verlas por primera vez.
Tus retratos transmiten mucha intimidad. ¿Cómo logras esa conexión?
Los retratos son una colaboración entre fotógrafo y sujeto. La imagen refleja las emociones de quien está frente a la cámara, pero también de quién está detrás. Por eso suele haber coherencia visual y emocional entre distintas sesiones. Me gusta crear un ambiente donde la persona se sienta cómoda, para poder capturar su esencia natural.
¿Cuál ha sido el mayor reto de trabajar con un formato no inmediato?
Desarrollar la intuición. Aprender a confiar en ella puede ser difícil cuando no tienes resultados inmediatos. Pero justamente ese reto es lo que hace al formato tan especial.
¿Qué te gustaría explorar próximamente?
Me interesa mucho aprender a revelar mis propias fotografías y experimentar en el cuarto oscuro. Actualmente trabajo en un proyecto personal de fotografía de calle que quiero convertir en fotolibro. También me encantaría explorar el formato medio.
¿Qué consejo le darías a alguien que quiere empezar en fotografía análoga?
Primero, entender de dónde viene su interés. Si es por lo estético, recomiendo cualquier point and shoot y película Kodak Gold 200 es mi favorita para ese tipo de fotos. Si quieren aprender en serio, mi recomendación es conseguir una cámara completamente manual, como la Canon AE-1, y aprender lo técnico a través de la experiencia.
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