En un universo aesthetic donde las bodas suelen narrarse desde la perfección visual, con imágenes cuidadosamente construidas y momentos dirigidos, Hickelii propone volver a lo esencial. Detrás de este proyecto de fotografía y video de destino están Emilio Schiavon Medrano, Gabriel Tanus Cruz y Fernando Notabile, tres creativos que han hecho de la sensibilidad, la observación y la conexión humana su sello más poderoso.
Cada miembro de Hickelii ha encontrado en la colaboración su mayor fortaleza. Emilio se enfoca, principalmente, en la dirección visual y narrativa, cuidando que cada historia tenga coherencia estética y emoción; Gabriel aporta una mirada técnica y estratégica, encargándose de la fotografía y construcción de la identidad visual del proyecto; mientras que Fernando complementa el equipo desde la sensibilidad audiovisual y la conexión con las parejas, logrando que cada momento fluya de manera natural frente a la cámara. Juntos, han construido un lenguaje propio que combina intuición, técnica y emoción.
Como si se tratara del destino, su historia comienza de forma orgánica. Emilio y Gabriel coincidieron en distintos proyectos vinculados a marcas y eventos, pero fue una boda de una amiga cercana la que marcó un antes y un después. Aquella experiencia no solo los acercó a un nuevo tipo de trabajo, sino que les reveló que no querían limitarse a capturar imágenes, querían contar historias que se sintieran.
Así nació Hickelii, como una extensión natural de su forma de ver el mundo. Con el paso del tiempo, las parejas comenzaron a confiar en ellos, atraídas por esa sensibilidad distinta, y el proyecto fue creciendo. La llegada de Fernando terminó de consolidar el equipo, aportando una energía cercana, emocional y genuina que hoy se percibe en cada uno de sus trabajos. Más que socios, se han convertido en una familia que comparte no solo jornadas intensas de trabajo, sino viajes, experiencias, una misma visión y misión.
El nombre Hickelii encierra también una declaración de principios. Se trata de un árbol endémico de México que puede alcanzar hasta 30 metros de altura, y en esa idea de raíces profundas, crecimiento constante y conexión con lo natural encontraron una metáfora perfecta de lo que buscan construir. Su trabajo se trata de acompañar sin intervenir o dirigir demasiado, sin imponer, sino observar y dejar que se desarrolle naturalmente, tal como lo hace un árbol que crece a su ritmo.
Su estilo se reconoce fácilmente, pero no responde a una fórmula. Está en la naturalidad, el movimiento y la emoción real. Para ellos, una fotografía verdaderamente valiosa es aquella que no parece forzada, donde los gestos ocurren sin instrucciones y la conexión entre las personas es evidente. “Cuando vemos una imagen con emoción genuina, sabemos que es muy Hickelii”, explican.
Esa búsqueda los ha llevado a enfocarse en lo que no se puede posar, lo profundo, la esencia de cada pareja. Porque aunque todas las bodas comparten una estructura similar, lo que realmente las diferencia es la historia que hay detrás. Por eso, antes de cada evento, se involucran profundamente con quienes confían en ellos, con entrevistas y conversaciones previas al gran día buscan entender quiénes son, qué los define, cómo se miran, cómo se eligen. Esa cercanía se traduce en imágenes que no solo documentan, sino que interpretan emocionalmente lo que sucede.
Viajar ha sido también una parte fundamental de su crecimiento. Han trabajado en destinos como Oaxaca, Morelos y Michoacán, donde han aprendido que cada lugar tiene su propio lenguaje: la luz, los sonidos, las tradiciones. Lejos de imponer una estética uniforme, Hickelii se adapta, observa y se integra, permitiendo que la cultura se exprese por sí misma. En ese ejercicio de respeto, encuentran una riqueza visual y narrativa que transforma cada proyecto.
En el ritmo vertiginoso de una boda, cada integrante del equipo encuentra un momento que lo conecta especialmente con lo que hace. Para Emilio, los votos representan uno de los instantes más poderosos, por su carácter íntimo e irrepetible. Fernando se queda con el first look, ese encuentro cargado de expectativa y emoción donde todo parece detenerse. Gabriel, por su parte, encuentra magia en la entrada de los novios, donde la energía colectiva se convierte en celebración.
Después de documentar tantas historias, su percepción del amor también ha evolucionado. Lejos de idealizarlo, lo entienden hoy como algo imperfecto, cotidiano y, sobre todo, humano. Un vínculo que se construye en los pequeños gestos, en la constancia, en la decisión de elegirse una y otra vez. “Lo que más nos mueve no son los momentos perfectos, sino los honestos”, coinciden.
Esa filosofía se refleja en cada uno de sus proyectos. En una industria donde muchas veces predomina la idea de la “boda ideal”, Hickelii apuesta más bien por la autenticidad. Por permitir que cada pareja sea ella misma, sin filtros ni expectativas externas. Su objetivo, más allá de crear y conservar imágenes bellas, sino construir memorias que guarden la emoción intacta con el paso del tiempo. “Nuestra intención es que las imágenes no solo documenten un día, sino que conserven la emoción real de ese momento”, explican.
El siguiente capítulo de su historia ya comienza a tomar forma. Este verano viajarán a Italia para documentar su primera boda internacional, una experiencia que además de sentirse como un logro, se trata de una puerta abierta hacia nuevas culturas, tradiciones y formas de narrar el amor. Buscan seguir explorando el mundo a través de las historias, dejando que cada destino transforme su mirada.
Finalmente, en un mundo saturado de imágenes y apariencias, Hickelii recuerda que lo verdaderamente importante no es cómo se ve un momento, sino cómo se siente. Y en esa búsqueda, han encontrado una manera de hacer eterno lo más efímero.
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