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Guadalupe Lozano, escritora y mentora literaria, habla sobre el poder de la literatura

La apasionada por las letras y creadora de contenido conversa sobre literatura, escritura, auto publicación, imaginación, sensibilidad y todo aquello que nos mueve a crear.

“Desde pequeña me han cautivado los poderes de la imaginación”. Guadalupe Lozano (Fotos: Blanca Lozano y Cortesía)
“Desde pequeña me han cautivado los poderes de la imaginación”. Guadalupe Lozano (Fotos: Blanca Lozano y Cortesía)
Mariana Velázquez
Mariana Velázquez

Un día, para muchos sucedió en la infancia, la extraña e irregular circunferencia que dibujamos sobre nuestra libreta escolar dejó de ser solo un círculo y comenzó a ser una total y absoluta “O”. Tal vez fue un martes o un jueves cuando las líneas, las curvas y las diagonales que tanto practicamos adquirieron el significado de una letra, vocal o consonante. Desde ese momento uno va identificándolas, familiarizándose, aprende sus formas, sus sonidos, crece con ellas hasta que otro día, de golpe, aprendemos que de su unión nacen las sílabas. Detrás de las sílabas fueron las palabras y de las palabras las oraciones.

Poco a poco se abrió ante nosotros la infinita posibilidad de infinitos sintagmas. Uno no recuerda cuándo precisamente, pero un día se aprende a escribir: a decir en palabras lo que se piensa y se siente, a hacerse entender, a alcanzar al otro a través de signos y entonces el mundo, otros mundos, el universo mismo se vuelve susceptible de ser plasmado en un texto.

“La palabra escrita me ha revelado el poder profundamente sanador del lenguaje”. Guadalupe Lozano (Fotos: Blanca Lozano y Cortesía)
“La palabra escrita me ha revelado el poder profundamente sanador del lenguaje”. Guadalupe Lozano (Fotos: Blanca Lozano y Cortesía)

Pero el lenguaje no sólo nos permite comunicarnos a través de la escritura. Con un toque de imaginación, sensibilidad, color, sabor y ritmo, pero sobre todo creatividad, inmensas obras literarias se han escrito gracias a nuestra mente humana. Guadalupe Lozano (1997, Puebla) es literata especialista en escritura creativa. Su misión es acompañar a nuevos escritores a identificar ese impulso creador, luego a encausarlo y finalmente a sostenerlo. ¿Por qué escribimos? ¿Para qué escribimos? En esta entrevista la apasionada por las letras y creadora de contenido conversa con nosotros sobre literatura, escritura, auto publicación, imaginación, sensibilidad y todo aquello que nos mueve a crear.

Para quienes aún no te conocen, ¿quién es Guadalupe Lozano y cómo comenzó tu relación con la literatura?

Soy, ante todo, una persona hecha de historias. Desde pequeña me han cautivado los poderes de la imaginación: esa capacidad casi mágica de trasladarnos a sitios remotos o encarnar vidas ajenas. Profesionalmente soy literata especialista en escritura creativa, pero más allá de los títulos, soy alguien que cree profundamente que la literatura puede salvar el mundo; o al menos, salvar el mundo de quien lee.  

Mi relación con las letras comenzó escuchando a mi padre contarme las aventuras de Pulgarcito y Pulgarcita al pie de mi cama, personajes que habitaban entre los cristales del candelabro que colgaba del techo de mi habitación. Sus palabras transformaban mi entorno en un viaje que yo vivía antes de dormir y que, cuando tenía suerte, continuaba en mis sueños.

Descubrir que todo era posible a través de la imaginación me convirtió en una persona inconforme con la linealidad de la realidad. Entendí que, si era posible vivir mil vidas, quería dedicar la mía a explorarlas. Hoy mi propósito es que esa búsqueda no sea solitaria, sino acompañar a otros para que también descubran en la lectura y la escritura su propia expansión imaginaria.

¿Recuerdas el primer libro que cambió tu manera de mirar el mundo?

Aunque mi curiosidad literaria despertó con el ingenio de Agatha Christie, el libro que realmente reconfiguró mi mirada fue Persépolis de Marjane Satrapi. Lo leí en la adolescencia, una etapa en la que uno comienza a buscar su lugar en el mundo, y reconocerme en la voz de aquella niña fue revelador. 

Lo que me transformó no fue solo el contexto de la Revolución Iraní, sino la honestidad de su mirada infantil: esa mezcla de inocencia, rebeldía y el intento por comprender un entorno que se vuelve hostil de la noche a la mañana. Fue mi primer ejercicio de empatía política; me hizo entender que leer es, sobre todo, una herramienta para humanizar al “otro” y cuestionar las realidades que damos por sentadas.

Hoy acompañas a otras personas a escribir a través de talleres y book clubs. ¿Qué has descubierto en ese proceso?

Acompañar a otros en el viaje de la palabra escrita me ha revelado el poder profundamente sanador del lenguaje. La escritura, más allá de la técnica, es un refugio de honestidad radical. Quien toma la pluma encuentra en la página en blanco un confidente donde volcar miedos e inquietudes que a veces ni siquiera sabía que tenía. Tengo la convicción de que, al ser nombradas, las heridas duelen menos porque el lenguaje les otorga un orden y un sentido.

En los clubes de lectura, además, he sido testigo de cómo la literatura rompe el aislamiento. Leer es descubrir que nuestras emociones más complejas ya han sido habitadas antes por otros. La literatura termina siendo un recordatorio de que no estamos solos en nuestro trayecto emocional por el mundo.

Mucho se dice que los jóvenes ya no leen. ¿Qué tan cierto es ese mito?

Afirmar que los jóvenes ya no leen es quizá uno de los grandes anacronismos de nuestra época. Quienes habitamos el ecosistema literario sabemos que existe una comunidad vibrante y profundamente apasionada que desmiente ese prejuicio todos los días. Basta caminar por una feria del libro o recorrer las redes sociales para descubrir una generación que no solo consume historias, sino que las analiza, las discute y las expande.

Las cifras también respaldan esta realidad: según el Módulo sobre Lectura del INEGI, el grupo de 18 a 24 años es actualmente el que más lee en México, con un índice del 74 por ciento. Esta vitalidad, además, es el motor de gran parte de la industria cultural actual. El auge de adaptaciones cinematográficas y televisivas responde a una generación de lectores que primero apostó por esas historias en papel.

Más que abandonar la lectura, los jóvenes han transformado el acto de leer en una experiencia colectiva y transmedia, y esa es hoy una de las fuerzas más regeneradoras del mundo de las letras.

¿Qué tipo de historias buscan las nuevas generaciones?

Más allá de los géneros de moda como el romantasy o la ficción especulativa, creo que las nuevas generaciones buscan historias de una honestidad radical que funcionen como espejo y refugio al mismo tiempo. Hay un interés profundo por temas como la salud mental, la introspección y la búsqueda de propósito.

Los jóvenes ya no buscan héroes invulnerables, sino personajes que enfrentan ansiedad, incertidumbre o fragilidad. También existe una necesidad de narrativas que exploren la identidad y la diversidad en todas sus facetas. Incluso cuando se sumergen en fantasía épica o redescubren clásicos, lo hacen buscando comunidad y resistencia colectiva. La literatura deja de ser un escape para convertirse en una herramienta emocional que ayuda a habitar la realidad.

¿Hay alguna inquietud generacional que detectes en las lecturas actuales?

Más que un miedo específico, lo que percibo es una angustia frente a la incertidumbre de un futuro que parece fuera de control. La gran pregunta generacional parece ser: ¿cómo construir una identidad auténtica en un mundo que nos exige convertirnos constantemente en una marca o en un producto?

Los lectores jóvenes viven la tensión entre la hiperconexión digital y una profunda sensación de soledad. Por eso buscan en los libros una validación de su humanidad. No buscan respuestas cerradas, sino saber que otros también están navegando esta misma fragilidad.

De ahí que en la narrativa contemporánea predominan personajes grises, seres llenos de luces y sombras que reflejan que la vida no es un destino estático, sino un proceso imperfecto de transformación.

“La pasión crea buenos borradores, pero es el oficio el que construye obras publicables”. Guadalupe Lozano  (Fotos: Blanca Lozano y Cortesía)
“La pasión crea buenos borradores, pero es el oficio el que construye obras publicables”. Guadalupe Lozano (Fotos: Blanca Lozano y Cortesía)

En un mundo acelerado y lleno de pantallas, ¿cómo encontrar tiempo para leer?

Más que una cuestión de disciplina, encontrar tiempo para leer en un mundo de pantallas es un acto de autocuidado y resistencia. Vivimos en una economía de la atención que intenta fragmentar cada uno de nuestros minutos; por eso el silencio no se encuentra, se construye.

Yo invito a mis lectores a no ver el libro como una tarea pendiente, sino como el único espacio de libertad que nos queda. No se trata de luchar contra las pantallas, sino de recordar que mientras el scroll infinito suele dejarnos vacíos, la literatura nos devuelve la propiedad sobre nuestro tiempo. Leer veinte minutos antes de dormir no debería sentirse como una obligación, sino como un regalo de silencio que nos hacemos a nosotros mismos.

¿Las redes sociales han cambiado nuestra relación con los libros?

Sin duda. Las redes representan una relación ambivalente con la lectura. Por un lado, el consumo constante de contenido puede inhibir la creatividad y alejarnos del aburrimiento fértil necesario para la creación artística.

Pero también han transformado la lectura en una experiencia colectiva. Hoy sabemos que allá afuera existe una comunidad vibrante que discute y comparte opiniones sobre una misma obra. Además, las redes han democratizado la visibilidad: un escritor emergente ya no tiene que ser un lobo solitario. Puede habitar una comunidad que lo acompaña, lo aconseja y comparte su mismo anhelo creativo.

¿Cómo surgió la idea de autopublicar tu primer libro de poesía Espejismo?

La poesía ha sido una vieja amiga que me acompaña desde hace años, incluso antes de que me atreviera a llamarme escritora. Para mí escribir versos era una necesidad tan natural como respirar. Un día, al revisar mis cuadernos, descubrí que ya tenía un cuerpo de obra. Al organizar esos textos escritos en distintos momentos emocionales, entendí que podían trazar una evolución del yo poético.

La decisión de publicar Espejismo surgió gracias a una amiga que me mostró Kindle Direct Publishing. Comprender que podía gestionar mi propia obra redujo enormemente la distancia entre mi escritura privada y el mundo exterior. Esa democratización tecnológica me permitió convertirme en autora publicada mucho antes de lo que dictaban mis propios miedos.

¿Cómo nació tu vocación de acompañar a otros escritores?

Mi formación como licenciada en Literatura y Escritura Creativa por la Universidad de Navarra me dio las bases teóricas, pero fue mi experiencia formativa durante cuatro años bajo la mentoría de la agente literaria, Verónica Flores, lo que definió mi vocación.

Fue ahí donde comprendí la diferencia entre la pasión por escribir y el oficio literario. Descubrí que el talento es abundante, pero los espacios de acompañamiento son escasos.

Mi taller nació de esa necesidad: crear una comunidad donde la escritura pueda crecer a través del respeto, la crítica constructiva y el acompañamiento real. Muy pocas personas que comienzan un libro logran terminarlo; mi vocación es ayudar a que mis alumnos formen parte de ese porcentaje que sí lo consigue.

¿Qué se necesita para convertirse en escritor?

La pasión es la semilla, pero no es suficiente. Como decía Picasso: “Que cuando llegue la inspiración, me encuentre trabajando”. La escritura es una artesanía que exige tiempo, disciplina y paciencia. Se necesita la voluntad técnica de sentarse a escribir incluso cuando la musa no está presente. La pasión crea buenos borradores, pero es el oficio el que construye obras publicables.

¿Un libro para recibir la primavera?

Elegiría Mrs. Dalloway de Virginia Woolf. Pocas frases iniciales tienen tanta fuerza como: “La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores”. Es una novela que captura una vida entera en un solo día a través del flujo de conciencia de Clarissa mientras recorre Londres. Es un libro que nos enseña a mirar. Por eso me parece ideal para recibir la primavera, porque la escritura de Woolf es, en sí misma, un despertar de los sentidos. Una invitación a abrir las ventanas y participar con una conciencia renovada en la maravilla del presente.



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