El cáncer de ovario es considerado uno de los más agresivos en mujeres, no solo por su diagnóstico tardío, sino por la forma en que interactúa con el propio cuerpo.
Este descubrimiento ha cambiado la manera en que se entiende la progresión de esta enfermedad.
¿Qué hace el cáncer de ovario?
Los investigadores descubrieron que las células cancerosas de ovario reclutan "ayudantes" inesperados: las células mesoteliales, que normalmente recubren y protegen la cavidad abdominal.
Al examinar el líquido abdominal de pacientes con este tipo de cáncer, el equipo encontró que aproximadamente el 60% de las esferas cancerosas contenían estas células mesoteliales reclutadas.
Las células cancerosas liberan una proteína llamada TGF-Beta-1 que transforma a las células mesoteliales, haciéndolas desarrollar estructuras similares a espigas, llamadas invadopodios, capaces de cortar y perforar el tejido circundante.
De esta forma, las células mesoteliales lideran la invasión, abriendo camino, mientras las células cancerosas simplemente siguen las rutas que ellas crean.
¿Por qué el cáncer de ovario se propaga tan rápido?
Uno de los factores clave es el llamado “microambiente tumoral”, es decir, todo el entorno que rodea al tumor. En el caso del cáncer de ovario, este entorno puede volverse especialmente favorable para su expansión.
Además, este tipo de cáncer suele diseminarse dentro de la cavidad abdominal con relativa facilidad, aprovechando fluidos naturales del cuerpo para extenderse a otros órganos.
A esto se suma que los síntomas iniciales suelen ser vagos, como inflamación, molestias abdominales o cambios digestivos, lo que retrasa su detección. Cuando finalmente se diagnostica, en muchos casos ya ha avanzado.
El hecho de que las células “protectoras” se conviertan en cómplices acelera aún más este proceso, permitiendo que el tumor crezca, se adapte y resista mejor los tratamientos.
Nuevas claves para el tratamiento del cáncer de ovario
El profesor Kaname Uno, investigador visitante de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nagoya y ginecólogo de formación, ha explicado en declaraciones recogidas por Medical Xpress que:
“Las células cancerosas manipulan a las mesoteliales para que sean ellas quienes se encarguen de invadir el tejido. Apenas necesitan experimentar cambios genéticos o moleculares: simplemente migran por las aberturas que crean las células mesoteliales”.
Las implicaciones de este descubrimiento son diversas, los tratamientos actuales solo atacan a las células cancerosas y no dañan a las mesoteliales que colaboran en la invasión tumoral. Por tanto, el desarrollo de nuevos fármacos capaces de inhibir la señal de TGF-β1, o de impedir la formación de las agrupaciones híbridas, puede constituir una estrategia prometedora para frenar la diseminación y mejorar la supervivencia de las pacientes. Además, el seguimiento de estos clusters celulares en el líquido abdominal podría facilitar la evaluación del pronóstico y la respuesta a los tratamientos en tiempo real.
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