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Paulina Loya transforma la moda en un leguaje propio

La fashion stylist, diseñadora y empresaria comparte su visión sobre la moda, la identidad y la importancia de construir un estilo auténtico.

“Un look tiene personalidad cuando existe una conexión entre lo que llevas y quién eres”. (Foto: Edgar Tescum @tescums)
“Un look tiene personalidad cuando existe una conexión entre lo que llevas y quién eres”. (Foto: Edgar Tescum @tescums)
Mariana Velázquez
Mariana Velázquez

Paulina Loya es una mujer multifacética: fashion stylist, empresaria, diseñadora, creadora de contenido y docente. Desde 2021 ha construido una relación cercana con CHIC Magazine, donde su mirada creativa como estilista ha dado vida a numerosas historias. Para esta sesión, nos trasladamos hasta la mina Tezontle, un escenario que sirvió como lienzo para una serie de looks seleccionados y estilizados por ella misma, reflejo de la mujer creativa, inquieta y en constante evolución que es hoy.

En su trayectoria Paulina ha hecho de la moda una forma de expresión, aprendizaje y conexión con los suyos y el mundo. Hoy, su trabajo refleja una mirada más consciente, en la que vestir no significa construir una versión perfecta, sino reconocer quiénes somos y decidir qué queremos comunicar.

“Transformar tu imagen no debería alejarte de quien eres; debería acercarte todavía más a ti”. (Foto: Edgar Tescum @tescums)
“Transformar tu imagen no debería alejarte de quien eres; debería acercarte todavía más a ti”. (Foto: Edgar Tescum @tescums)

En tu última entrevista con CHIC Magazine en 2020 hablamos de la importancia de construir una imagen. Seis años después, ¿qué ha cambiado en tu propia manera de entender la moda desde aquella entrevista?

Hoy es mucho más libre, la veo como una herramienta. Hace seis años hablaba mucho de construir una imagen; hoy hablaría más de reconocerla. Con los años entendí que nuestra imagen no tendría que partir de quién queremos parecer, sino de quiénes somos. Eso me ha permitido experimentar mucho más: jugar, equivocarme, mezclar cosas que aparentemente no deberían ir juntas y dejar de vivir el “¿qué me voy a poner?” desde un lugar de estrés, para empezar a preguntarme “¿qué quiero comunicar hoy?”.

¿Qué parte de la Paulina de 2020 ya no existe?

Creo que ya no existe esa Paulina que sentía que tenía que tener todas las respuestas y, de alguna manera, ser perfecta. Hoy me permito cambiar de opinión, empezar de nuevo, equivocarme, reconocer que sigo aprendiendo y, sobre todo, escucharme y confiar mucho más en mi intuición.

Pero tampoco diría que aquella Paulina dejó de existir por completo. Sigue formando parte de mi historia. Muchas de las decisiones que tomó, incluso las que ahora haría diferente, me trajeron hasta aquí. Más que dejar atrás versiones de mí, creo que he aprendido a reconstruirme con ellas y a seguir sumando nuevas versiones de quien soy.

¿Qué hace que un look tenga personalidad y no sea simplemente bonito?

La intención. Para mí, esa es la gran diferencia. Puedes tener un atuendo perfectamente coordinado, con prendas increíbles, seguir todas las tendencias y tener cada elemento aparentemente “correcto”, y aun así no decir absolutamente nada.

Porque tener personalidad no significa ser extravagante, llamar la atención o llevar algo diferente sólo por ser diferente. Un look tiene personalidad cuando existe una conexión entre lo que llevas y quién eres. Cuando hay una razón detrás de tus elecciones y algo de ti logra atravesar la ropa.

Una misma prenda puede contar historias completamente distintas dependiendo de quién la lleva, cómo la combina, qué decide mostrar y hasta de la actitud con la que la usa. Por eso, para mí, un outfit bonito puede provocar un “qué bien se ve”; pero un look con personalidad provoca algo más: te hace querer saber quién es esa persona.

¿Qué es lo que jamás debería perder una persona cuando intenta transformar su estilo?

A sí misma. Su esencia. Transformar nuestro estilo no debería significar convertirnos en alguien diferente. Podemos cambiar de cabello, probar tendencias, experimentar con colores o transformar por completo nuestra manera de vestir; pero si en ese proceso dejamos de reconocernos frente al espejo, entonces algo se perdió.

Después de trabajar tanto tiempo con imagen, moda y, sobre todo, muy cerca de las personas, mi manera de entender el estilo también ha evolucionado. Cada vez creo me-nos en construir desde afuera y más en reconocer primero lo que ya existe adentro.

Primero observarte, entenderte, reconocer qué te gusta, qué te representa, qué quieres comunicar y cómo quieres sentirte; y después utilizar la moda para llevar todo eso hacia afuera. Transformar tu imagen no debería alejarte de quien eres; debería acercarte todavía más a ti.


Hoy podemos cambiar de estética cada semana gracias a TikTok, Instagram y las microtendencias. ¿Qué pasa con nuestra identidad cuando cada semana el algoritmo nos dice quién deberíamos ser? ¿Crees que todavía existe el estilo personal en una época de microtendencias?

Sí existe el estilo personal, y creo que hoy es más necesario que nunca. Las tendencias siempre han existido; lo que cambió radicalmente es la velocidad con la que llegan a nosotros.

Estamos expuestos todos los días a miles de imágenes que nos dicen qué comprar, qué usar, qué tener e incluso qué estética adoptar.

Y el problema no está en las tendencias. A mí me encantan y me encanta jugar con ellas. El problema comienza cuando dejamos de preguntarnos “¿esto realmente me representa?, ¿me siento bien con esto?” y empezamos a preguntarnos únicamente “¿se está usando?, ¿está de moda?”.

Podemos tomar elementos de diez tendencias diferentes y hacerlos nuestros. Para mí, ahí está el estilo personal. En una época en la que el algoritmo constantemente intenta decirnos quién deberíamos ser, conocernos se vuelve casi un acto de resistencia.

¿Qué historia debe existir detrás de una buena selección de prendas? ¿Cómo decides qué merece entrar en un outfit y qué sobra?

Para mí todo empieza con una pregunta: ¿qué queremos contar?, ¿qué queremos transmitir? Cuando trabajo un styling no pienso primero en cuál es la prenda más bonita o cuál está en tendencia, sino en qué función tiene cada elemento dentro de la historia que queremos contar. El color, la textura, el volumen, los accesorios, el cabello y el maquillaje forman parte de un mismo lenguaje.

Y también hay que saber editar. Puedes tener una pieza maravillosa que simplemente no pertenece a esa historia. Para mí, un buen styling no consiste en sumar por sumar, sino en saber qué aporta cada elemento y cuándo es momento de quitar. Si algo compite con el mensaje, con la persona o con la narrativa que estamos construyendo, probablemente sobra.

Durante mucho tiempo el stylist trabajaba detrás de escena. Hoy queremos saber quién vistió a Zendaya, a Bad Bunny o a cualquier celebridad. ¿Por qué crees que ahora nos interesa tanto conocer al creador detrás de la imagen de una celebridad?

Porque empezamos a entender que muchas de esas imágenes que parecen espontáneas son, en realidad, el resultado de muchísimo trabajo. Detrás de un gran look hay investigación, narrativa, referencias, diseño, producción y una enorme cantidad de decisiones que antes permanecían invisibles.

Creo que las redes sociales también ayudaron a darle rostro a quienes estaban detrás de escena. Hoy podemos conocer no sólo quién lleva una prenda, sino quién la diseñó, quién construyó el styling, quién hizo el maquillaje, el cabello o la fotografía. Y me parece maravilloso porque empezamos a reconocer que una gran imagen puede ser una construcción creativa y, muchas veces, una obra colectiva.

¿Un buen stylist debe hacer que la ropa se note o que se note la persona?

La persona. Siempre y por sobre todas las cosas. La ropa puede ser espectacular y convertirse en protagonista en determinados momentos, pero nunca debería borrar a quien la lleva. Un stylist observa, entiende qué quiere comunicar esa persona y utiliza la ropa para potenciarlo. Al final, la ropa no debería hablar por encima de ti; debería ayudarte a contar quién eres.

“Mi familia es mi raíz, mi fortaleza y el lugar al que siempre puedo regresar para recordar quién soy”. (Foto: Edgar Tescum @tescums)
“Mi familia es mi raíz, mi fortaleza y el lugar al que siempre puedo regresar para recordar quién soy”. (Foto: Edgar Tescum @tescums)


En tu faceta como empresaria, te has sumado como socia y diseñadora a la marca Rosa a la Mexicana junto a tu hermana Rocío. ¿Cómo surge esta alianza, cómo han cambiado los roles y cómo ha evolucionado la marca desde entonces?

Creo que Rosa a la Mexicana empezó, de alguna manera, mucho antes de existir como marca. Crecimos viendo a mi mamá y a mi abuelita diseñar y crear lo que ellas usaban y también lo que usábamos nosotras. Desde niñas entendimos que vestirnos podía ser una forma de crear, transformar y poner algo propio en lo que llevábamos.

Hace siete años, cuando hice públicas mis redes y empecé a compartir mi manera de entender la moda, muchas de las prendas que llevaba estaban diseñadas por mí y los accesorios eran hechos por mi hermana Chío. Ella ya tenía la idea de crear una marca, incluso ya tenía el nombre Rosa a la Mexicana y el logotipo, pero todavía no terminaba de atreverse. Hasta que un día, después de que mucha gente preguntaba por sus accesorios, simplemente le abrí la cuenta de Instagram, le pasé las contraseñas y le dije: “órale, vas”.

A partir de ahí Chío fundó y desarrolló la marca, construyó su identidad y comunidad y llevó esa primera idea muchísimo más lejos, diseñando más de 700 productos y desarrollando materiales y técnicas que prácticamente no existían o que no se aplicaban a la industria.

Yo siempre estuve cerca, aportando desde el análisis de tendencias, algunas ideas de diseño y, sobre todo, desde el styling y la comunicación: cómo llevar las piezas, cómo transformarlas y hacerlas parte de un look.

Hace dos años formalizamos nuestra unión como socias-co-diseñadoras y seguimos sumando nuestras fortalezas. Dos talentos distintos que unen fuerzas y comulgan en ideas. Me emociona muchísimo pensar que aquella cuenta que se abrió casi como un empujón entre hermanas, hoy es una comunidad de cerca de 230 mil personas, construida de manera completamente orgánica.

¿Cuál es la esencia y la visión creativa de Rosa a la Mexicana? ¿Cómo es el proceso creativo detrás de cada pieza?

Rosa a la Mexicana es, para nosotras, un laboratorio creativo. Todo está hecho 100 por ciento a mano y eso hace que cada pieza sea única. Nos gusta cuestionarnos constantemente qué más podemos hacer con una forma, un material, una textura o una silueta.

No tenemos un único proceso creativo. A veces empezamos con una idea; otras, encontramos un material y comenzamos a imaginar en qué podría convertirse. Reutilizamos, intervenimos, experimentamos y también desarrollamos materiales y técnicas propias, incluso explorando con biopolímeros.

Nos gusta probar sin saber necesariamente cuál será el resultado. A veces nos equivocamos, deshacemos y volvemos a empezar, porque para nosotras experimentar también es diseñar. Y detrás de todo siempre está la misma intención de crear una pieza capaz de transformar. Queremos hacer cosas espectaculares, sí, pero sobre todo queremos que quien las lleve pueda hacerlas suyas.

Con su marca han trabajado mucho alrededor de la identidad femenina mexicana. ¿Cómo describirías hoy a la mujer mexicana con todo lo que han aprendido?

Creo que uno de los aprendizajes más bonitos ha sido entender que no existe una sola manera de ser mujer mexicana. Somos profundamente diversas, y creo que ahí está precisamente nuestra riqueza.

Podemos sentirnos orgullosas de nuestras raíces y al mismo tiempo experimentar, transformarnos y encontrar nuevas maneras de expresarnos. Por eso en Rosa a la Mexicana nunca hemos querido decirle a una mujer cómo debe verse; al contrario, queremos darle piezas con muchísima personalidad para que ella las interprete desde la suya. Al final, para nosotras ser mexicana no es una estética ni un estereotipo, es una identidad que cada mujer elige en libertad.

Quienes te conocen saben que tu familia es uno de tus pilares. ¿Qué parte de la mujer que eres nació ahí?

Definitivamente gran parte de lo que soy nació en mi familia. Mi abuelito y mi papá han sido mis grandes héroes, mi ejemplo de fortaleza y dos figuras que siguen acompañando profundamente mi manera de enfrentar la vida. De mi mamá y mi abuelita heredé muchísimo de su forma de amar, de esa creatividad de transformar las cosas y de ponerles siempre algo propio.

Mis hermanas son uno de los regalos más hermosos que me ha dado la vida: son mis mejores amigas, mis cómplices y una parte fundamental de quien soy. Y después llegaron mis sobrinos, que son mis niños. Con ellos he podido vivir una forma de maternidad desde otro lugar y me han enseñado un amor completamente nuevo para mí, profundamente generoso y lleno de alegría. Así que sí, soy profundamente de los míos. Mi familia es mi raíz, mi fortaleza y el lugar al que siempre puedo regresar para recordar quién soy.


¿Qué te gustaría que una mujer descubriera de sí misma al trabajar contigo?

Que descubra todo lo que ya hay en ella. Durante muchos años nos han enseñado a acercarnos a nuestra imagen buscando qué corregir, qué esconder o qué cambiar. Yo prefiero hacerlo desde otro lugar: ¿qué hay en ti que todavía no has aprendido a mirar?

Eso es justamente lo que busco cuando trabajo con una mujer: no darle una fórmula para verse bien, sino herramientas para conocerse, entender lo que quiere comunicar y utilizar su imagen a su favor.

Si después de trabajar conmigo se mira al espejo con un poquito más de seguridad, libertad y cariño, para mí ahí sucedió lo real y verdaderamente importante.

¿Quién es Pau cuando no es estilista, empresaria, docente ni consultora?

¡Soy muchísimo más simple de lo que probablemente parece! (risas). Soy Pau. La que puede pasar horas con su familia y sus amigos, la que ama una sobremesa eterna, comer rico, viajar, reírse muchísimo, bailar toda la noche, estar con sus niños, cuidar sus orquídeas… y la que también está aprendiendo a estar sola y a disfrutar de su propia compañía.

La verdad es que me apasiona tanto mi trabajo que crear nunca se ha sentido como una obligación. Mi cabeza difícilmente se apaga; siempre quiere aprender algo más, imaginar lo siguiente o empezar un nuevo proyecto. Pero también he aprendido que necesito obligarme un poquito a detenerme, bajar el ritmo y hacer espacio para disfrutar otras partes de mi vida.

Y creo que fuera de todos esos títulos sigo siendo exactamente esa mujer curiosa, intensa, sensible y profundamente creativa. Una mujer que quiere seguir creciendo, aprendiendo, conociendo, descubriendo otros mundos y entendiendo más de sí misma. Porque al final, todo lo que descubro fuera de mi profesión también transforma a la mujer que regresa a crear.

Durante tanto tiempo con CHIC Magazine, ¿cuál es uno de tus momentos o portadas favoritas?

Me cuesta elegir una, porque cada producción ha tenido una historia distinta y CHIC ha sido parte de una etapa muy importante de mi carrera. Llegué en 2021 y desde entonces he tenido la oportunidad de crear muchísimas historias desde el estilismo y el diseño. CHIC hizo que me enamorara aún más del estilismo editorial. Hemos hablado de nuestras tradiciones y de la muerte desde una mirada distinta; de diversidad, del poder y la fuerza de las mujeres, del amor en todas sus formas, de los vínculos entre padres e hijos y de la magia de volver a reunirnos alrededor de una Navidad.

Y eso es algo que siempre he amado de la moda: que también puede ser una manera de contar las cosas que nos importan. Pero hay un momento que nunca deja de emocionarme: cuando una idea que durante días o semanas sólo existió en tu cabeza finalmente se convierte en una imagen. Porque antes de esa fotografía hubo conceptualización, referencias, bocetos, diseños, pruebas, prendas, accesorios, cambios de último minuto y todo lo que sucede detrás de cámaras. Y de pronto haces clic y ahí está, sucede la magia. Algo que antes sólo podías imaginar, ahora existe.

Por eso, más que elegir una de las anteriores, me gusta mirar todas juntas y descubrir mi propia evolución en ellas. Cada portada y cada editorial guarda una versión de mi trabajo, de mi visión y también de la mujer que era en ese momento.

Pero definitivamente esta portada va a ocupar un lugar muy especial. No es la primera vez que aparezco en una, pero sí es la primera en la que siento que tuve tanta libertad para llevar a la imagen una parte tan personal de mi universo creativo. El diseño de las prendas, los accesorios y los looks que construimos junto con mi hermana Chío hablan muchísimo de quién soy hoy.

Y llega, además, en un momento de profunda transformación personal y profesional. Quizá por eso esta vez no sólo veo una portada terminada: de alguna manera, también puedo reconocerme en ella.

Después de todo lo que has construido, ¿qué te sigue sorprendiendo de tu profesión?

¡Que nunca termino de descubrir hasta dónde puede llevarme! La moda es una industria en constante cambio y evolución, y creo que eso hace imposible dejar de aprender. Siempre aparece un nuevo material, una tecnología, una manera distinta de crear, una historia que contar o incluso una nueva forma de cuestionar lo que creíamos saber.

Cuando miro hacia atrás, me sorprende todo lo que una misma profesión me ha permitido vivir: diseñar, crear imágenes, hacer styling, comunicar, emprender, conocer personas extraordinarias y entrar en mundos que jamás imaginé. Pero en los últimos años descubrí algo todavía más especial: enseñar. Entender que todo lo que he aprendido puede convertirse en una herramienta para alguien más me hizo descubrir otra manera de trascender a través de lo que hago.

Quizá lo más bonito es que, después de tantos años, la moda todavía consigue emocionarme. No sé hasta dónde vaya a llevarme esta profesión, y creo que ya no necesito saberlo. Mientras conserve la curiosidad, las ganas de aprender y algo nuevo que compartir, sé que todavía me queda muchísimo por crear… y, sobre todo, muchísimo por aportar.

“Cuando miro hacia atrás, me sorprende todo lo que una misma profesión me ha permitido vivir”. (Foto: Edgar Tescum @tescums)
“Cuando miro hacia atrás, me sorprende todo lo que una misma profesión me ha permitido vivir”. (Foto: Edgar Tescum @tescums)



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