Elegimos alimentos más saludables, cuidamos nuestras rutinas de sueño y perseguimos hábitos que nos hagan sentir mejor. Pero rara vez pensamos en el espacio donde ocurre todo eso.
Pasamos cerca del 90% de nuestro tiempo en interiores. Eso significa que el aire que respiramos, la temperatura que nos rodea y la forma en que un edificio ventila no son detalles menores: son parte activa de cómo vivimos.
Sobre ese tema conversamos con Ramiro Ucchino, gerente de canal de distribuidores de Trane México, quien invita a mirar los espacios que habitamos con otros ojos.
¿Por qué los espacios que habitamos influyen directamente en nuestro bienestar?
Cuando hablamos de cuidarnos, pensamos en comida, ejercicio, horas de sueño. Rara vez en algo tan elemental como el aire de la habitación.
Ucchino propone correr esa frontera. "El autocuidado comienza por aquello que respiramos", plantea, y de ahí desprende todo lo demás.
Su lógica es fisiológica antes que estética. Cuando la temperatura, la ventilación y la calidad del aire están en equilibrio, el cuerpo gasta menos energía en compensar y la mente encuentra foco con mayor facilidad.
El problema es que el desequilibrio casi nunca se anuncia como tal. Se disfraza de otra cosa.
Aparece como fatiga a media tarde, como un dolor de cabeza que atribuimos a la pantalla, como ojos irritados o un sueño que no termina de reparar. Detrás puede haber exceso de humedad, temperaturas extremas o una ventilación pobre.
Por eso el especialista saca la conversación del terreno del confort superficial. "El bienestar también se construye desde la infraestructura de los espacios", afirma. Y remata con una frase que reordena prioridades: "El entorno no es un lujo; es parte esencial del cuidado."
Esa diferencia se vuelve decisiva en ciertos edificios. En un hospital, una escuela o un centro de datos, la calidad del ambiente deja de ser comodidad para volverse una condición de funcionamiento.
El caso del confort térmico es el más subestimado de todos. "El confort térmico tiene un impacto mucho más profundo de lo que imaginamos", advierte Ucchino.
Un exceso de calor o de frío no solo incomoda: cansa, dispersa la atención y, con el tiempo, mueve el ánimo. En una oficina eso se paga en productividad; en casa, en la calidad del descanso.
Hay incluso un componente emocional que solemos pasar por alto. "El bienestar emocional también está relacionado con sentirnos cómodos y seguros en nuestro entorno", apunta.
Lo notable, según el entrevistado, es que el cuerpo avisa antes de que lo entendamos. "El cuerpo suele enviar señales antes de que seamos conscientes de que el problema está en el espacio que habitamos", señala.
Aprender a leer esas señales, como la somnolencia, el aire que se siente "pesado", las alergias que aparecen sin causa aparente, es el primer paso para cambiar de raíz nuestra relación con los lugares que ocupamos.
¿Qué errores cometemos al climatizar o ventilar nuestros espacios?
Si algo resume el malentendido más común, es la fe ciega en un botón. Creemos que el bienestar térmico se resuelve subiendo o bajando un número.
"Quizá el mayor error es pensar que el confort depende sólo del termostato", diagnostica Ucchino. Abrimos una ventana, encendemos el aire, y damos el asunto por resuelto sin mirar la humedad ni la renovación real del aire.
La imagen que ofrece es la de un sistema, no la de una perilla. Todas las variables tiran al mismo tiempo.
"El bienestar no depende de una sola variable, sino del equilibrio entre todas ellas", resume. "Cuando ese equilibrio se pierde, lo resienten tanto las personas como el consumo energético del edificio."
Ese desajuste no pesa igual en todas partes. En escuelas, hospitales, comercios u oficinas, un aire mal gestionado se traduce directo en el desempeño y en la experiencia de quienes pasan ahí sus horas.
En lo técnico, los errores se repiten con llamativa constancia. Elegir un equipo sin estudiar las necesidades reales del inmueble. Pensar solo en enfriar o calentar, olvidando la ventilación. Dejar el mantenimiento preventivo para después.
Pero hay una equivocación más honda, casi cultural. "Muchas personas ven la climatización como un gasto y no como una inversión en salud, confort y eficiencia energética", observa.
Ahí ubica el giro que, para él, lo cambia todo. "El verdadero cambio ocurre cuando dejamos de ver la climatización como un gasto y empezamos a entenderla como una decisión de salud, un espacio donde se respira bien cuida a las personas, y eso siempre tiene un retorno."
La colocación de los equipos es otro punto ciego. No es un detalle de instalación: define si el aire acompaña o incomoda.
Lo ideal es una distribución uniforme, sin corrientes que caigan directo sobre las personas y con temperaturas parejas en todo el espacio. La clave, subraya, "está en una solución integral y no únicamente en la ubicación del equipo".
Los peores lugares, en cambio, son justo los opuestos: donde el flujo golpea a alguien durante horas, o donde una obstrucción impide que el aire circule. Ignorar la orientación del espacio, el sol que entra por la tarde o las cargas térmicas también cobra factura.
"Un mal diseño puede traducirse en mayor consumo energético, ruido y una sensación permanente de incomodidad", advierte el especialista.
Por eso plantea subir la mirada. Para él, decidir cómo se climatiza un edificio dice algo de fondo: "Cada vez más organizaciones entienden que el diseño térmico de un edificio es también una declaración de valores: cómo tratamos el planeta y cómo cuidamos a las personas que lo habitan."
Los edificios, sugiere, pueden dejar de ser parte del problema. "No son solo estructuras de concreto; son ecosistemas que condicionan la vida de las personas que los habitan cada día."
¿Cómo crear espacios que realmente cuiden a las personas?
La respuesta, adelanta Ucchino, no pasa por elegir entre estética y salud. Un buen espacio no obliga a decidir.
"El confort, la salud y la sustentabilidad no son objetivos separados", afirma. La clave está en integrarlos hasta que dejen de notarse, en que el ambiente funcione sin que sus ocupantes tengan que pensarlo.
La tecnología, hoy, hace ese trabajo silencioso. Existen sistemas capaces de monitorear y ajustar en tiempo real la temperatura y la calidad del aire, adaptándose a cada espacio y a quienes lo usan.
Al entrevistado no deja de sorprenderle esa precisión. "Es fascinante cómo algo tan invisible como el aire puede administrarse con tanta precisión", comenta, al hablar de las plataformas que optimizan un edificio sin disparar su consumo.
Si alguien pregunta por dónde empezar, el especialista no señala una sola pieza. Prefiere una imagen de conjunto:
"La mejor estrategia es pensar en el espacio como un ecosistema donde todas las variables se integran para cuidar a las personas", propone. Aire, ventilación, temperatura y humedad no compiten entre sí: se necesitan.
En el plano de las soluciones concretas, hay caminos accesibles. Uno de ellos es apostar por equipos que no derrochen: en lugar de encenderse y apagarse de golpe, un sistema Inverter modula su potencia para sostener la temperatura sin sobresaltos, y consume bastante menos en el proceso.
La automatización termina de cerrar el círculo. Permite que oficinas y edificios sean más eficientes y, a la vez, más amables con quienes los habitan.
"Hoy, la tecnología hace posible que bienestar y eficiencia energética vayan de la mano", sostiene Ucchino. Ya no hay que elegir entre cuidar a las personas y cuidar el consumo.
Detrás de todo late un cambio de mentalidad. "La climatización ya no se trata sólo de controlar la temperatura", dice. Se trata de diseñar ambientes que empujen el bienestar y el desempeño de quienes los ocupan.
Porque un edificio, en el fondo, es mucho más que su estructura. Es el escenario donde alguien duerme, trabaja y construye su vida.
El entrevistado cierra volviendo al punto de partida, ese paralelismo con el autocuidado cotidiano. Así como aprendimos a elegir mejores alimentos y hábitos más sanos, tendríamos que empezar a mirar con la misma atención los lugares donde transcurre casi toda nuestra vida.
Los espacios, después de todo, también nos cuidan. Y en palabras de Ucchino, "el verdadero lujo del futuro será habitar lugares que nos hagan sentir bien" sin dejar de ser responsables con el planeta.
¿Lo sabías?
Coordinadora de Chic Magazine digital. Egresada de la Licenciatura en Comunicación de la FES Acatlán. Vivo de cine, los libros, videojuegos y la buena comida.
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