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FUJIMOTO – PROCESO - ESTRUCTURA

AMARRES DE IXTLE

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Cuando los arquitectos proyectamos, idealmente comenzamos con una lluvia de ideas, las cuales se apilan en nuestros escritorios o en nuestra mente. Después viene un interesante proceso de depuración del concepto, decantándose hasta lograr la consolidación de una sola idea principal, alimentada de otras secundarias que robustecen nuestro statement

Aquello que vamos descubriendo en el proceso puede resultar verdaderamente apasionante. Comenzando su camino, el proyectista navega libremente en un mar de inquietudes, algunas incluso contradictorias entre sí. El fin del camino debe ser claro, sin embargo, no necesariamente será igual de evidente el camino mismo. El arquitecto se convierte en un explorador de posibilidades, para luego tornarse en un científico de datos que sintetiza y hace comprensible la información. 

Sou Fujimoto comprende la importancia de la acertada toma de decisiones al momento de proyectar. El japonés sabe que un solo paso en falso puede arruinar una idea prometedora. Esa condición sincrónica es lograr la adecuada consolidación de las ideas, distinguiendo claramente la principal de las secundarias. Se deben conocer los límites de cada decisión tomada, las cuales trabajan en sintonía para engrandecer al concepto principal del proyecto. 

Otra parte importante de la frase del japonés asevera: “… mientras la estructura siga siendo clara”. Esencialmente. Los arquitectos diseñamos estructuras. Todo espacio proyectado debe cumplir las características técnicas suficientes para poder asegurar su permanencia. Aquellos elementos portantes del proyecto son el ornamento de la arquitectura contemporánea.

Mostrar claramente la estructura no es una idea original de Fujimoto. Como buen arquitecto, se ha encargado de investigar el discurso de sus coetáneos y recientes antecesores. Desde finales del siglo XIX se puede ver el alba del ornamento moderno, ejemplo de ello es la Biblioteca de París de Henri Labrouste. Las distintas piezas de la biblioteca adquieren un ritmo comprensible gracias a la repetición de elementos estructurales. Edificios como el de Labrouste cambiarían para siempre la historia de la arquitectura. 

Investigar sobre nuestra profesión nos libera de la ansiedad de la indecisión proyectual. Conocer la historia pavimenta el camino de la consolidación de un proceso. No hacerlo nos condena a repetir los mismos errores del pasado. El desarrollo proyectual resulta tan apasionante como el proceso de investigación. En él descubrimos toda una serie de relaciones entre conceptos arquitectónicos, armando el rompecabezas de la historia de la profesión.

MAURICIO@DESPACHOEME.COM

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