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El diseñador que quería ser futbolista
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El diseñador que quería ser futbolista

MODA

Hamed Ragoz quería ser jugador profesional, pero en el alto rendimiento sus piernas no le dieron. “Al final resultó que realmente lo mío era la moda”, confiesa.

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Para Hamed, el diseño de modas se fue dando con el tiempo. Desde pequeño tenía como hobbie el diseñar algunas prendas en sus libretas, principalmente ropa deportiva para hombre, pero nunca le prestó mucha atención, siempre lo relacionó con su pasión por el deporte.“Yo (también) quería ser comentarista de deportes, algo totalmente opuesto a lo que hago ahora. De hecho, una vez fui a TV Azteca a hacer casting para ser conductor de un programa deportivo; no me quedé, pero mi intención siempre había sido dedicarme de lleno al futbol”.

Antes de entrar a la universidad, decía que iba a estudiar Turismo o Comunicación; siempre tuvo la idea que Moda era una carrera para niñas y eso influía en su decisión. Cuando fue a inscribirse, los planes cambiaron. “Literal me dijeron: Te vamos a inscribir en Moda. Yo les dije que no, que yo quería Comunicación. Al ver mi perfil insistieron y me dieron la opción de probar durante quince días; si no me gustaba, me cambiaban de carrera. Al final me gustó y me quedé”.

Su pasión fue creciendo y decidió cambiarse a una universidad especializada en la industria: el Instituto de Estudios Superiores de Moda Casa de Francia, en la Ciudad de México, donde cursó tres años. Terminó su carrera en la Universidad Jannette Klein y se graduó como licenciado en Diseño y Publicidad de Moda.

En 2014, un semestre antes de salir de la universidad, decidió participar en un concurso de la empresa Latin Fashion Week. El proyecto consistía en crear toda una colección con un estilo latino y exponerlo en Toronto, Canadá. “Me inscribí y fui seleccionado”, cuenta con emoción. “Seis meses antes comencé a preparar todo y ahí es donde nace Ragoz, el nombre de mi marca; le puse así en honor a mis padres: Ra por Ramírez y Goz por González, ellos son los que me han dado todo”.

“Mi colección se llamó Arte Mexicano y yo hice todo, desde bocetos, corte y confección de las quince prendas que llevé. La idea era que la colección se viera artesanal, por eso decidí usar una técnica llamada felting, que es perforar con estambre la tela para formar figuras, algo parecido al tenango”, detalla.

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A partir de ese momento, Hamed no paró y continuó trabajando para posicionar su marca, la cual se especializa en ropa casual para dama (por el momento). “Siempre busco que mis diseños muestren el lado femenino de las mujeres; son muy versátiles pero al mismo tiempo elegantes y cómodos. Me gusta mucho jugar con telas deportivas para ropa casual; además, me encanta explotar colores, texturas y volúmenes”, describe.

Hamed define su estilo como sport-chic; prefiere los colores mate y darle un toque de color a las prendas, aunque no se cierra a experimentar con colores neutros. Ragoz se distingue por hacer piezas únicas, no en serie. Su razón principal es destacar el diseño, darle exclusividad a las mujeres y aportar un poco de conciencia al mundo evitando el fast fashion. Si tú ves un diseño mío, te gusta y me lo pides, no te lo haré igual, siempre busco que mi trabajo sea único para cada persona. Obviamente te puedo hacer algo similar y destacar lo que más te gustó del diseño, pero quizá te cambie el tipo de cuello o de manga. Si es un vestido lo hago más corto o más largo, pero nunca igual. Yo solo saco una colección al año y además, trabajo bajo pedidos personales para cualquier evento especial”.

Entre diseños, historias y anécdotas, hubo un momento que logró llegar a otro nivel, en cuanto a diseños atrevidos y diferentes; se trató de un vestido de novia muy peculiar. “Su temática era circo inglés, entonces la novia de inicio quería que fuera rojo. Lo que hice fue agregar muchos volúmenes de tela y lo fui degradando desde rojo hasta llegar al color perla, pasando por diferentes tonos de rosa. Sin duda fue uno de mis diseños más locos que he hecho, pero al mismo tiempo fue muy riesgoso. Estuvo padre que ella confió en mí y siempre estuvo muy abierta a lo que yo le propusiera. Mi miedo era que el vestido fuera un fracaso y que tanto mi marca como yo quedáramos mal”, explica. Afortunadamente, a la novia, a él y a los invitados les gustó el resultado. 

Hamed se considera un diseñador experimental, siempre está buscando sacar formas y texturas en las prendas; le gusta la ilustración, el patronaje y la experimentación con diferentes telas y procesos. “Cuando yo diseño algo, transmito a través de las prendas lo que yo estoy sintiendo. Cuando alguien compra algo mío, siento que está conociendo una parte de mí y de lo que estoy pasando y pensando”.

A pesar de que, como diseñador, siente que está más posicionado que su marca, no es algo que le moleste. “Lo que siempre quise con la marca fue separar mi vida de mi trabajo, por eso no quise ponerle mi nombre, pero al final no ha pasado eso; no sé si eso sea bueno o malo, porque al final somos uno. En algún momento he considerado cambiarle el nombre a la marca a Hamed Ragoz, creo que siempre debe haber una evolución”, adelanta.


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