“Un solo color no es color en absoluto.” - Hella Jongerius
Recientemente fui retado por mi hija Aurora para que le dijera cuál era mi color favorito (frecuentemente escucho o leo que a los creativos se les cuestiona lo mismo), todo se reduce a escoger un segmento específico del espectro lumínico y declarar que es el que preferimos sobre todas las cosas.
Honestamente, viniendo de un hijo, la pregunta se parece a la clásica: ¿cuál es tu hijo favorito?, a la que respondemos con una evasiva como la salida más rápida, pero menos cómoda y convincente. En este caso he de decir que la respuesta no solo es sencilla, sino que tiene sustento: no tengo un color favorito. Respuesta que desde que se la oí a Hella me dejó plenamente convencido.
Vivimos una época de color, cualquier tono está al alcance de nuestras manos. Es difícil imaginar que algún objeto no exista en alguna coloración específica de así desearlo. Los que me conocen saben que prefiero vestir de negro todos los días, una obsesión que hace unos siglos hubiese sido incosteable. Podemos salir a la calle y ver personas vestidas de todos los colores en apenas un centenar de metros, cada cual usa su color favorito.
Los colores, hoy accesibles con un simple clic en nuestros ordenadores, se han ido incorporando a la vida cotidiana de las personas a lo largo de los siglos. Obtener y sintetizar los colorantes es toda una ciencia. Honestamente ¿a quién le interesa saber de dónde vienen los colores y su historia si hoy por hoy podemos comprar una cubeta de pintura de cualquier color y simplemente transformar la habitación en dónde vivimos en un par de horas? Y si el resultado no nos gusta repetimos el proceso.
Y es que resulta inocente negar que vivimos rodeados por los significados de los colores, están en todos lados y llenan nuestros días con mensajes precisos. El rojo, que constantemente asociamos al amor y que sabemos que fluye por todo nuestro cuerpo bombeado por el incansable corazón es también símbolo de pasión y guerra.
Presente en más de dos terceras partes de las banderas del mundo el rojo es el color más usado para distinguir a un país, es uno de los colores primarios y uno de los pigmentos más difusos en la tierra, aún así la obtención de los rojos más puros solo se logró después del descubrimiento de América y en particular de la cochinilla mexicana, la que tuvo un protagonismo clave en el comercio de las Américas con el viejo continente.
Tonos como el azul o el púrpura, de costosísima manufactura, fueron reservados a la realeza por siglos. Los mantos azul rey caracterizaron a los jerarcas franceses por generaciones y solo el emperador romano podía usar ropajes púrpuras. Un color que hoy consideramos inclusive de clase trabajadora (cuando nos referimos a la gente de cuello azul) ya que en los 70's se convirtió en el color de las masas al popularizarse el uso de la mezclilla en los hoy ubicuos jeans. Hoy el azul ya no está asociado a la realeza, ha perdido todo su significado histórico.
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La complejidad que el color es para nuestras vidas, considerando aspectos como el fisiológico, el psicológico, el histórico o cultural, ha dado espacio a una cantidad importante de estudios y conforman una parte clave en el saber de cualquier profesional que tenga relación alguna con la arquitectura y el diseño.
No existe tal cosa como acromático y cualquiera que diga que el color no es parte de su práctica del diseño oculta una realidad enorme: el color está siempre presente. Excusas como que los materiales, no teñidos, carecen de color o que el color de los mismos transfiere una especie de honestidad a lo diseñado dista mucho de la naturaleza visual de los humanos.
Tal vez la pregunta ¿cuál es tu color favorito?, que en principio parecería inocente, contiene un grado de curiosidad complejo, uno que busca descubrir significados y valores estrechamente relacionados con los intrincados y profundos atributos de los colores como parte de la vida misma. De ahí que me resulte imposible declararme fanático de un solo tono en el infinito universo cromático, su estudio y aplicación me parecen un mundo fascinante de una riqueza comparable con el vocabulario de nuestro lenguaje hablado.
El ojo, como cualquier sentido, merece ser entrenado, educado. La gran mayoría, vemos la gama de colores completos, así como oímos todos los sonidos o degustamos los 4 sabores básicos. No está dicho que los entendamos, que podamos distinguir las pequeñas sutilezas, que comprendamos a los mismos en su contexto, y es que entender un solo color es no entender el color en absoluto.
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