“Diseña siempre una cosa considerándola en su contexto más grande – una silla en una habitación, una habitación en una casa, una casa en un entorno, un entorno en un plan urbanístico”. - Eliel Saarinen
Hasta hace poco vivíamos inmersos en una carrera sin fin por poseer bienes materiales como última meta; rodearnos de objetos que se deben tener y acumular propiedades como vehículo para conseguir el éxito y la felicidad. Una rapaz euforia por construir un mundo de objetos en nuestro entorno con miras a alcanzar metas impuestas por el mismo sistema que empuja el uso de recursos sin ética alguna.
Un alto en el camino está cambiando poco a poco nuestro enfoque, no como una pausa de reflexión sino como un accidente posiblemente causado por el mismo desenfreno. Se han generado espacios de deliberación donde se cuestionan las mismas bases del sistema. La gran pregunta es: ¿cambiaremos? Finalmente sabemos que somos animales de costumbres y que la ruta mas fácil es la preferida por la mayoría.
Rodeados de nuestros objetos, confinados en nuestros hogares, hemos cambiado nuestra perspectiva. De vivir en un mundo donde para algunos salir de casa, viajar por el planeta y contemplar todo a la distancia era la norma pasamos a un mundo de introspección. Nos cuestionamos por qué tenemos esas pertenecías que nos rodean, recordamos cómo llegaron a nuestras manos y nos damos cuenta cuáles realmente forman parte de nuestra vida – haciéndola más fácil – y cuáles son inocuos, olvidables y ¿por qué no?, descartables. Limitados a un espacio que nunca habíamos considerado como nuestro único territorio nos damos cuenta de los privilegios que tenemos y soñamos con contar mejores habitaciones, ventanas, terrazas, jardines.
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Hoy en día se nos presenta la oportunidad de contemplar la relación entre los objetos que nos rodean, los espacios que los contienen y nuestro diario trajinar. En estos días el MODO, Museo del Objeto del Objeto, en Ciudad de México, inaugura una exposición virtual para la que convocó al público a compartir una fotografía y un breve texto del objeto más significativo del encierro que vivimos. Con una respuesta abrumadora de centenares de participantes las personas se volcaron a compartir historias muy interesantes de lo que hace más agradable su rutina en esta nueva y extraña realidad. Un tour por esta exposición (que encuentran en la página del museo elmodo.mx) da una nueva y refrescante perspectiva sobre los objetos que realmente cambian la vida de las personas. Lejos de parecerse a los escaparates de una tienda departamental de lujo, la colección de artefactos deja en claro no la calidad de manufactura, las marcas, el estatus y demás banalidades sino la cualidad de los mismos por cambiar: enriqueciendo, facilitando y contribuyendo positivamente al bienestar de las personas.
Habrá que comenzar a pensar de manera inversa, no con el desenfreno global que vivíamos, sino desde dentro de nuestros hogares, a partir de los bienes materiales que nos rodean. Pensar, como lo decía el maestro Saarinen, del objeto hacia el espacio contenido y desde la casa hacia la ciudad. Los involucrados en la creación de objetos y espacios habremos de repensar en la dinámica de conexión que existe entre objeto y bienestar, entre espacio y calidad de vida. La escala al diseñar es clave en el entendimiento de un futuro mejor. Hoy hemos tenido la oportunidad de meditar.
lorenzo@circulocuadrado.com.mx
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