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Susana Distancia y la arquitectura interior
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04.12.2020 15:13:20
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Apuntes de Diseño y Arquitectura

Susana Distancia y la arquitectura interior

Lorenzo Díaz Campos

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“La arquitectura debe ser una respuesta. No una imposición”. 

Glenn Murcutt

En 1490 Leonardo da Vinci dibujaba, en uno de sus diarios, una figura humana inscrita en un círculo y un cuadrado a raíz de su interpretación de los escritos de Vitruvio (arquitecto de la antigua Roma) describiendo las proporciones del cuerpo humano. Una imagen que ilustra claramente el renacimiento y el emplazamiento del hombre al centro del arte y la ciencia. Las proporciones humanas como explicación de la belleza y prueba de la creación divina máxima.

Pasarían aún siglos para que los conceptos antropometría y ergonomía se volvieran claves en el diseño de los espacios habitables. Fue Ernest Neufert, estudiante de la Bauhaus y mano derecha de Gropius en su oficina de arquitectura quien publicaría su libro “ Arte de Proyectar en Arquitectura” y que se convertiría en la Biblia para los arquitectos. El famoso libro contiene una infinidad de referencias métricas en tablas y esquemas para el correcto dimensionamiento de las construcciones entorno al ser humano. Le seguirían el Modulor de Le Corbusier y los libros de Julius Panero.Libro Arte de Proyectar en Arquitectura

En el prólogo de la edición original de 1936 Neufert escribía: “Por un lado nos apoyamos en nuestros antecesores, pero, por otro, todo continúa; somos hijos de nuestro tiempo y tenemos la mirada puesta en el futuro, además, la perspectiva de cada individuo es a menudo muy distinta, debido a las diferencias de educación y a la formación posterior, a la influencia del entorno y a la capacidad y grado de formación propia de cada individuo”. Dejando claro, al contrario de lo que sucedería, que su publicación no era la última palabra.

Los espacios habitables son resultado de las medidas del cuerpo humano, son además cúmulo y consecuencia de la cultura que nos construye y del conocimiento científico acumulado. Son reflejo fiel de nuestro tiempo y nuestra sociedad. Por práctico que sea, muy a pesar de la idea funcionalista de la arquitectura nacida hace más de cien años, un espacio interior es más resultado de la cultura que lo ve nacer que de las necesidades mecánicas del habitar. En los espacios que vivimos reflejamos lo que somos, de dónde venimos, lo que nos rodea y hacia dónde queremos ir; de manera consciente o inconsciente el contenido cultural de la arquitectura es innegable.

Durante la lucha contra la tuberculosis a finales del siglo XIX y principios del XX en Europa dio lugar a significativos cambios en la arquitectura. De la mano con los movimientos de vanguardia artística y los nuevos pensamientos políticos, el modernismo en la arquitectura comenzó a proponer amplios espacios, con grandes ventanales para hacer llegar la luz del sol hasta el último rincón, terrazas amplias y ventilación cruzada al interior de los edificios. Los muebles, acorde a las tecnologías industriales en boga, proponían soluciones sencillas, fáciles de limpiar y reacomodar en los ahora higiénicos espacios. La llegada de la influenza española y las enormes crisis causadas por la primera guerra mundial, y más tarde la segunda, cambiarían por completo el concepto de habitación, una nueva sociedad proponía y adoptaba nuevos espacios.

Hospital en Europa a comienzos del siglo XX

Este concepto occidental del habitar se convirtió a lo largo del siglo XX en la norma internacional que llegó por varias décadas a casi todos los países del mundo. Las culturas locales milenarias en el giro de pocos años le han cedido paso a esta nueva visión haciéndola propia y por supuesto adaptándola a regionalismos apenas perceptibles.

Por primera vez en la historia de la humanidad un fenómeno natural nos tiene sintonizados, a la gran mayoría de la población planetaria, en la misma lucha. La pandemia que vivimos ha puesto en duda el modelo social que tenemos y amenaza la salud de todos los habitantes, una amenaza invisible que siembra el miedo y que ha demostrado resultar menos mortal si ponemos espacio entre nosotros. Dos metros parece ser la medida de la distancia entre personas que garantiza librar el ataque del enemigo y es así como hemos aceptado la idea del “distanciamiento social”. Muchas de las medidas sanitarias que tomamos para poder convivir entre nosotros prometen ser temporales y han sido implementadas de manera emergente. Controles de acceso, tapetes y arcos sanitarios y más precauciones han cambiado por completo el acceso a los espacios y transforma la experiencia espacial.

Medidas de prevención del covid-19

Ahora, lo que parecía que iba a durar unas semanas, o cuando mucho unos meses, estamos seguros se extenderá a más de dos años. Inclusive con la llegada de una vacuna y un eventual tratamiento el virus será difícil de controlar y más aún de erradicar, por lo que la protección continuará marcando el protocolo de los encuentros sociales. Estas medidas irán permeando en nuestra sociedad y haciendo costumbre de la manera en que interactuamos entre nosotros. El impulso de lanzar la mano para saludar o “hablar a la cara” dejará lugar a una nueva distancia.

Las medidas de emergencia irán encontrando camino a convertirse en protocolos habituales y los que diseñamos espacios interiores deberemos de ir encontrando soluciones para estas necesidades. Habremos de incorporar a nuestros manuales de diseño estos nuevos hábitos sociales que, conforme pase el tiempo, se transformarán en parte de nuestra cultura de convivencia. Está más que claro que el Hombre de Vitruvio, contenido en el círculo y el cuadrado, ahora deberá de contenerse en una esfera que le asegure la distancia correcta del temible bicho. Una nueva proporción corporal que pone en jaque los manuales y estándares concebidos justo a partir de los horrores de principios del siglo XX y que dejan en claro que "Susana" llegó para quedarse.


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