Charlie Albarrán decidió dar el paso que había imaginado durante una década: subirse a un escenario para hacer stand up. Y es que lo que comenzó como una inquietud que guardó durante años entre cuadernos llenos de ideas y chistes, hoy se ha convertido en el proyecto de vida que persigue con disciplina y convicción.
Ingeniero Industrial de profesión, emprendedor por varios años y apasionado de la lectura, la historia y los deportes, encontró en la comedia el espacio perfecto para transformar experiencias personales en risas y conectar con el público desde la autenticidad.
Charlie Albarrán atraviesa una etapa que define como el comienzo de una nueva historia en su vida. “Tengo 34 años y siento que estoy en el inicio del resto de mi vida”. Y aunque estudió Ingeniería Industrial, la comedia siempre estuvo presente en sus planes. Durante años escribió chistes e ideas hasta reunir el valor para dar el salto al escenario.
“Tengo un título universitario en Ingeniería Industrial que adquirí al graduarme del ITESO en Guadalajara. Siempre supe que me encantaba la comedia y tenía ya 9 o 10 años escribiendo chistes e ideas para el momento en el que tuviera el valor de subirme al escenario. Me tomó más tiempo del esperado; sin embargo, fue clarísimo para mí que esto era lo que quería hacer en el momento que hice mi primer open mic en Cancún”, compartió.
Antes de dedicarse al stand up, desarrolló una carrera como emprendedor en la Riviera Maya, donde construyó junto a un socio una cadena de negocios. Sin embargo, el escenario siempre estuvo en su horizonte. “Antes de hacer comedia yo era emprendedor y tenía mis negocios en Playa del Carmen. Durante ocho años tuve, junto con mi socio, una cadena de smoke shops relativamente exitosa en cinco ciudades de la Riviera Maya", destacó.
"Imaginarme en el escenario no era algo tan ajeno realmente, ya que era algo que siempre quería hacer. Pero nunca imaginé que lo disfrutaría tanto, y jamás imaginé darme cuenta desde el primer segundo haciendo comedia que era el sueño que estaría persiguiendo desde ese momento en adelante”, recordó.
Su debut sobre un escenario permanece intacto en su memoria, no sólo por el resultado, sino por la certeza que le dejó acerca de su vocación. “Jamás voy a olvidar mi primer show. Era un open mic donde nos daban cinco minutos a cada comediante; sin embargo, eran pocos esa noche y llevaba diez minutos preparados", dijo.
"Afortunadamente me dieron la oportunidad de hacer los diez minutos completos y no tuve que modificar la rutina. En realidad me fue muy bien, y creo que fue en gran parte la razón por la que me motivó tanto seguir adelante. Me llenó de un rush de adrenalina que ahora persigo cada día. Ese día aprendí lo que era mi pasión y lo que quiero hacer por el resto de mi vida”, expresó.
Para Charlie, la comedia dejó de ser un pasatiempo desde el primer momento en que tomó el micrófono. “Desde el día uno, a partir de ahí me puse a leer y digerir libros, así como todo tipo de contenido que me pudiera ayudar a mejorar y entender mejor la comedia”, resaltó.
Lejos de interpretar un personaje, asegura que la versión que el público ve en el escenario es prácticamente la misma que muestra en su vida cotidiana. “Lo que se ve en el escenario es lo que soy. A final de cuentas creo profundamente que la autenticidad es lo que el público aprecia y por ende genera risa. Creo que soy un wey ameno, gracioso, alivianado y sarcástico", aseguró.
"Me encanta leer y aprender cosas nuevas, conocer gente, hacer amigos y practicar deportes; sobre todo rugby y fútbol americano. En mi día a día disfruto escribir, pasar tiempo con mi novia y amigos y hacer ejercicio”, platicó.
La curiosidad intelectual es una constante en su vida. Los libros, la historia y la geografía suelen convertirse en herramientas inesperadas para construir material de comedia. “Siempre me ha gustado leer y aprender cosas nuevas. Utilizando desde libros hasta juegos educativos en el celular", señaló.
"Más allá de novelas, me gusta leer no ficción que me ayude a entender más mi entorno y el mundo en el que vivimos. Me encanta leer cosas sobre geografía e historia. Todo esto me ayuda mucho cuando me pongo a escribir, porque mientras más conoces y sabes, hay más de dónde sacar chistes, más cosas para analizar y más perspectivas para tomar dentro de una rutina de comedia”, afirmó.
El deporte también ha sido una parte importante de su vida, particularmente disciplinas de contacto como el rugby y el fútbol americano. “Sigo disfrutando mucho del fútbol americano y rugby, pero por algunas lesiones en las rodillas, para variar, he tenido que separarme un poco de la práctica. Por el momento estoy en un proceso de rehabilitación con mi fisioterapeuta y espero pronto poder volver a jugar”, comentó.
Más allá de la actividad física, considera que los aprendizajes adquiridos en el deporte han sido fundamentales para su desarrollo profesional. “Desde muy joven empecé a practicar fútbol americano, el cual me enseñó a tener disciplina y entender que los resultados llegan con base en cuánto esfuerzo le metemos a las cosas", afirmó.
"Más que influir en mi creatividad, ha influido mucho en mi capacidad de ver y tratar la comedia como algo serio y algo que requiere tiempo y esfuerzo. Eso me ha ayudado a establecer rutinas que me permiten escribir cuatro o cinco veces a la semana durante dos o tres horas al día”, resaltó.
La autenticidad es uno de los pilares de su trabajo creativo, por lo que gran parte de su material nace de experiencias propias. “Como mencioné antes, la autenticidad es la mejor forma de conectar con el público; por ende, todos o casi todos los chistes que escribo vienen de una parte de mí o son un reflejo de mis experiencias".
"De igual manera, un aspecto muy importante de la comedia es mantener la originalidad, y no hay mejor forma de hacer eso que viendo hacia adentro para crear contenido, porque a final de cuentas nadie es mejor siendo tú que tú mismo”, apuntó.
Al hablar de referentes, menciona a tres figuras que han marcado su manera de entender el stand up. “Anthony Jeselnik, Bill Burr y Daniel Tosh”. Lo que más admira de ellos es la capacidad para construir una voz propia y dominarla por completo. “Los tres tienen estilos muy diferentes, pero lo que más me inspira de cada uno de ellos es su forma de adueñarse de ese estilo y ser los mejores en ello. Tienen un personaje y lo dominan", expresó.
"Cada uno de ellos es conocido por tratar temas sensibles, potencialmente ofensivos; sin embargo, lo hacen tan bien que hasta te hacen pensar y el resultado nunca es ofensa, siempre es risa. Cada vez que veo algún especial de ellos, procuro analizar sus chistes y cuestionarme cómo llegaron a ese remate o qué estructura usaron”, detalló.
Como muchos artistas, Albarrán reconoce que una de las batallas más difíciles ha sido lidiar con la duda y las comparaciones. “Dudar de mí mismo y las comparaciones con otros comediantes, eso es una lucha constante entre ‘soy bueno, tengo todo para lograrlo, solo es cuestión de seguir trabajando’ y ‘nunca seré tan bueno como él o ella’. Pero luego me doy cuenta de que llevo menos de un año haciendo esto y me encuentro comparándome con alguien que lleva 20 años”, confesó.
Además, el adaptarse a distintos públicos es una habilidad que considera indispensable y que sólo se desarrolla con experiencia. “Cada público es diferente, incluso si a simple vista puede parecer similar por cuestiones como edad, sexo o nacionalidad. Pero la única forma de adaptarse a todas las situaciones es subiéndose al escenario y viviéndolas. Es un músculo que se trabaja y, a final de cuentas, todo recae en la experiencia. Saber leer un público es un arte y una ciencia dentro de la comedia”, subrayó.
Los tropiezos también forman parte del aprendizaje y, en su opinión, son necesarios para crecer. “Todos los comediantes hemos tankeado múltiples veces. Pero de esos fracasos es donde se aprende más. Es esencial ser muy autocrítico para mejorar constantemente. La comedia es una disciplina de prueba y error, por lo tanto hay que aprender a tomar las fallas y las caídas con mucha gracia”, profundizó.
Y es que desde fuera, muchas veces sólo se observa el resultado final, aunque detrás de cada rutina existe una enorme inversión de tiempo y disciplina. “El tiempo, esfuerzo y disciplina que se requiere para poder ser exitoso. La gente sólo ve el show, pero no ven las horas, lágrimas y sudor que hay por detrás para poder crear ese show de cinco, quince, treinta o sesenta minutos”.
Entre las mayores satisfacciones de su carrera están las personas que ha conocido y el proceso creativo que acompaña a cada presentación. “Los comediantes y personas que he conocido a lo largo de mi carrera. Claramente, el show es lo más gratificante cuando sale bien, pero es gratificante porque sabes el esfuerzo que le has dedicado; la cantidad de veces que has escrito y reescrito un chiste; la cantidad de veces que te has caído y te has vuelto a levantar”.
Minutos antes de subir al escenario, experimenta una mezcla de emociones que ha aprendido a canalizar a su favor. “Nervios, adrenalina, ansias, duda, seguridad. Es una mezcla de todo tipo de emociones, pero hay que saber quedarse con las buenas y dejar pasar las malas".
"La clave es subirse al escenario con seguridad y adueñarse de él. Al final el público está como tú estás. Si estás dudoso e inseguro, el público va a sentirse igual. Si te sientes seguro, incluso después de contar un chiste que no pegó, el público se lo tomará con ligereza”, reveló.
En una época donde el humor evoluciona constantemente, él considera que la clave para mantenerse vigente es conservar la humildad y la capacidad de autocrítica. “Creo que no debemos de perder el piso y no creer que estás por encima de nada y nadie".
"Lo importante es mantener esa humildad y autocrítica que te permita analizar tu acto y objetivamente saber si está al nivel que debería estar. Muy similar a leer un público en un club de comedia, es muy importante poder leer la vibra actual del mundo y la sociedad”.
A futuro, Charlie Albarrán tiene metas claras: consolidarse dentro de la escena nacional y probar suerte en uno de los mercados más competitivos del mundo. “Mi sueño como tal es poder vivir bien de la comedia y ser reconocido como uno de los mejores comediantes de México".
"De igual forma, sueño con poder ir a Estados Unidos y probar mi suerte y talento en el mundo del stand up americano. Es un ambiente y un mercado mucho más maduro, competitivo y exigente, pero creo que tengo lo necesario para que me vaya bien; sólo es no quitar el dedo del renglón”, concluyó.
No cabe duda que con la mirada puesta en consolidarse como uno de los mejores comediantes de México y el sueño de conquistar escenarios en Estados Unidos, Charlie Albarrán entiende que el camino apenas comienza.
Entre noches de micrófono abierto, horas de escritura y el aprendizaje constante que exige el oficio, ha descubierto que el verdadero éxito no está únicamente en provocar carcajadas, sino en mantenerse fiel a su esencia mientras persigue aquello que lo hace sentir más vivo: contar historias, hacer reír y encontrar en cada escenario una nueva oportunidad para crecer.
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