El yogur es uno de esos productos que muchos damos por sentado en el refrigerador. Lo asociamos con algo sano, ligero y casi automático en el desayuno o como snack. Pero no todo lo que dice “yogur” en la etiqueta lo es realmente, y ahí es donde entra la advertencia de la Procuraduría Federal del Consumidor.
Profeco realizó un análisis detallado para comprobar si ciertos productos cumplen con lo que la norma mexicana exige para poder llamarse yogur, y los resultados dejaron claro que leer la etiqueta no es suficiente. Sigue leyendo y entérate de los detalles.
¿Qué analizó Profeco en el yogur?
La Profeco analizó 18 productos que se comercializan como yogur con el objetivo de fomentar un consumo más informado.
El estudio fue publicado en la Revista del Consumidor de Enero 2026 y se basó en criterios científicos, normativos y técnicos establecidos en la NOM-181-SCFI/SAGARPA-2018, que define qué puede y qué no puede llamarse yogur en México.
El análisis incluyó pruebas fisicoquímicas, microbiológicas, revisión de la información comercial y métodos de laboratorio.
En total, el Laboratorio Nacional de Protección al Consumidor realizó mil 884 pruebas para verificar que los productos cumplieran no solo con la NOM-181, sino también con otras normas relacionadas con etiquetado, contenido nutrimental y control sanitario.
Según Profeco, un yogur auténtico debe obtenerse a partir de la fermentación de la leche con dos bacterias específicas: Streptococcus thermophilus y Lactobacillus delbrueckii subespecie bulgaricus.
El resultado final debe contener al menos 10 millones de microorganismos vivos por gramo, además de utilizar grasa butírica, es decir, la propia de la leche de vaca. En cuanto a la proteína, no puede ser menor a 3.1%, o 2.1% si se añaden ingredientes no lácteos.
¿Qué tipos de yogur no son recomendables, según Profeco?
Entre los hallazgos más importantes del estudio, Profeco detectó incumplimientos graves en tres productos específicos.
Uno de ellos fue el yogur con fresa de la marca Flor de Alfalfa, que no cumple con la cantidad mínima de bacterias lácticas exigida por la norma, lo que pone en duda su beneficio real como alimento fermentado.
Otro caso fue el yogur con fresa de Vaca Blanca, elaborado con grasa vegetal en lugar de grasa butírica. Aunque esta información aparece en su composición, Profeco determinó que resulta engañosa para el consumidor, ya que no cumple con lo que legalmente debe contener un yogur.
También se señaló el caso de Yoplait, que utiliza la denominación “yogur sabor natural”, una categoría que no existe en la norma oficial. Para Profeco, este tipo de clasificaciones confusas incumplen con las reglas permitidas, que solo reconocen yogur natural, yogur natural con endulzantes, yogur saborizado o yogur con fruta.
Además, el organismo puso atención en el yogur batido. Aunque puede ser benéfico por su aporte proteico y su digestión más ligera que la leche, algunas versiones contienen exceso de azúcares o edulcorantes como sucralosa y acesulfame k.
En particular, los yogures naturales con endulzantes deslactosados de Alpura y los productos Doble Cero de Yoplait no son recomendables para niños.
¿Cómo debe ser un buen yogur, según Profeco?
De acuerdo con Profeco, un buen yogur debe cumplir con criterios muy claros que van más allá del sabor o la marca. Debe elaborarse con leche de vaca, contener las bacterias lácticas vivas en la cantidad adecuada y ofrecer una proporción correcta de proteína. Todo esto debe reflejarse de forma clara y honesta en la etiqueta.
También es importante que no incluya grasas vegetales, denominaciones inexistentes o información confusa que pueda inducir al error. En el caso de los yogures endulzados, Profeco sugiere prestar especial atención al contenido de azúcares y edulcorantes, sobre todo si el producto está dirigido a niños.
El mensaje es claro: no todo lo que parece yogur lo es. Elegir bien implica leer con atención, entender qué dice la norma y recordar que lo saludable no siempre viene en el envase más llamativo.
¿Lo sabías?
Coordinadora de Chic Magazine digital. Egresada de la Licenciatura en Comunicación de la FES Acatlán. Vivo de cine, los libros, videojuegos y la buena comida.
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