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Guía definitiva para visitar las Cataratas del Niágara: 5 experiencias imperdibles

Te mostramos la guía definitiva para planificar tu viaje a las Cataratas del Niágara.

Guía de las Cataratas del Niágara: 5 experiencias clave (Foto: Getty)
Guía de las Cataratas del Niágara: 5 experiencias clave (Foto: Getty)
Andrea Bouchot
Andrea Bouchot

Pocas cosas te dejan sin palabras como estar frente a las Cataratas del Niágara. Y es que durante mi viaje a Canadá tuve la suerte de conocerlas, y te juro que ninguna foto les hace justicia: el rugido del agua, la bruma en la cara y esa sensación de sentirte chiquita ante la naturaleza son impagables.

Lo mejor es que hay mil formas de vivirlas: desde el agua, desde el aire o incluso desde atrás de la cortina de agua. Aquí te comparto mis cinco favoritas para disfrutar el Niágara, más dónde hospedarte y dónde comer para armar el viaje perfecto.

Las 5 formas de disfrutar las Cataratas del Niágara

Cada opción te da una perspectiva distinta y, si tienes tiempo, valen todas la pena. Pero si vas con las horas contadas, estas son las experiencias que yo no me perdería por nada.

Un tip antes de empezar: varias de estas atracciones están conectadas por el autobús turístico WEGO, que recorre la zona de las cataratas y sus alrededores. Es la forma más cómoda de ir saltando de una a otra sin pelearte con el estacionamiento ni el tráfico.

1. El crucero de Niagara City Cruises

Empiezo por mi consentida: el crucero Voyage to the Falls. El barco te lleva hasta casi tocar la Herradura (Horseshoe Falls), justo donde el agua cae con toda su fuerza y se levanta una bruma gigantesca.

Te lo advierto: sales empapada de pies a cabeza, aunque te den poncho, jajaja. Pero créeme que vale cada gota. Estar ahí, en medio del estruendo y la neblina, es de esas cosas que no se olvidan nunca. Para mí, fue lo máximo de todo el viaje.

Es la forma más "de cerca" de sentir la potencia de las cataratas, y la que le recomiendo a todo el mundo que va por primera vez. Si solo puedes hacer una cosa en Niágara, que sea esta.

2. Journey Behind the Falls (detrás de las cataratas)

Si lo tuyo es ver las cataratas desde un ángulo único, esta es la experiencia. Bajas 125 pies (unos 38 metros) en elevador a través de la roca y llegas a unos túneles que te dejan literalmente detrás de la cortina de agua.

Desde dos portales y dos miradores al aire libre, ves caer una quinta parte del agua dulce de todo el mundo. En verano, cada segundo pasan más de 2,800 metros cúbicos de agua a 65 km/h. Es una locura de números que se siente aún más impresionante en persona.

La visita dura de 30 a 45 minutos y, en primavera y verano, te regalan un poncho biodegradable. Ojo: en invierno bajan las tarifas cuando el mirador inferior cierra por el hielo, pero esa vista del agua estrellándose frente a ti bien vale el frío.

3. White Water Walk (caminata sobre los rápidos)

Esta es para los que aman la adrenalina visual. El White Water Walk es un andador de madera al borde de uno de los tramos de rápidos más salvajes del planeta, en la famosa Gran Garganta (Great Gorge).

Bajas 70 metros en elevador, cruzas un túnel y llegas a un camino de madera de 305 metros, como un cuarto de milla, justo al lado del agua embravecida. Hay dos miradores al filo del río para que sientas toda esa fuerza de cerquita.

Está a solo 4 km al norte de las cataratas, sobre la ruta del autobús WEGO y cerca del Whirlpool Bridge. Es de temporada (de abril a mediados de noviembre) y casi todo es accesible en silla de ruedas, salvo dos zonas a las que se llega por escaleras.

4. Whirlpool Aero Car (teleférico sobre el remolino)

¿Le entras a las alturas? El Whirlpool Aero Car es un teleférico antiguo, en operación desde 1916, que te transporta por el aire sobre el Niagara Whirlpool, ese remolino que se forma cuando el río gira de golpe.

Un dato curioso que me encantó: lo diseñó un ingeniero español, Leonardo Torres Quevedo. El carrito cuelga de seis cables robustos y hace un recorrido de ida y vuelta de un kilómetro en unos 10 minutos.

Es a veces de dar miedo y siempre inolvidable, con ese torrente cambiando de dirección allá abajo. Eso sí: no es accesible en silla de ruedas y también funciona por temporada, de abril a noviembre.

5. Niagara Helicopters (vuelo panorámico)

La quinta es la que se me quedó pendiente: el paseo en helicóptero. El día que fui, la bruma de las cataratas no dejaba ver bien, así que preferimos no subir. Pero por lo que alcancé a ver y lo que me contaron, debe ser espectacular.

Niagara Helicopters lleva más de 50 años volando gente sobre la región, todos los días del año (si el clima lo permite), de 9 a.m. hasta el atardecer. No necesitas reservar, es de entrada libre, y hasta dan servicio en español.

Más allá del tour clásico, ofrecen vuelos a viñedos, vuelos de boda y viajes privados. Si el cielo está despejado, yo no lo pensaría dos veces: ver las tres cataratas desde arriba tiene que ser otro nivel.

Y si te sobra tiempo, hay un par de extras que vale la pena sumar. Puedes vivir experiencias como Niagara Takes Flight o visitar la Niagara Parks Power Station, una antigua central eléctrica que hoy es atracción y te cuenta, desde otro ángulo, la historia y la energía detrás de las cataratas.

¿Dónde hospedarse en Niágara?

Si quieres despertar con las cataratas de fondo, el Hilton Niagara Falls/Fallsview es la apuesta segura. Es nada menos que la torre de hotel más alta de Canadá: 53 pisos y mil habitaciones con vista.

Está conectado por un pasillo de cristal con el Fallsview Casino Resort, así que tienes entretenimiento a un paso. En el piso 17 hay albercas y gimnasio nuevos, incluyendo una alberca infinity con ventanales de piso a techo frente a las cataratas. Un verdadero lujo.

Y para comer sin salir, en el piso 33 está el Watermark Fallsview, con desayuno buffet y cena de menú fijo. También hay opciones para todos los antojos: comida italiana casera en Corso, un lounge con música en vivo los fines de semana, o cortes al estilo brasileño servidos por gauchos de verdad.

​¿Dónde comer en Niágara?

Aquí es donde el viaje se pone delicioso, porque toda la región es un paraíso gastronómico. Te dejo tres opciones muy distintas, según lo que andes buscando.

La más cercana a las cataratas: Table Rock House

Si quieres comer prácticamente encima de la Herradura, el Table Rock House Restaurant es lo más cerca que vas a estar de las cataratas canadienses. Está justo al borde, con ventanales de piso a techo que te regalan la vista completa.

Su cocina es de ingredientes locales con inspiración internacional, y está certificado como Feast On por apoyar a productores de la zona. Al frente está el chef ejecutivo Tim Dunnill, con más de 25 años de trayectoria.

El plus que lo hace inolvidable: cada noche, al caer el sol, las cataratas se iluminan de colores. Reserva una mesa después del anochecer y tendrás el mejor asiento para ese espectáculo de luz y agua.

La experiencia de lujo: Restaurant Pearl Morissette

Ya sabes que fui y que me enamoró, así que no podía faltar en esta lista. Restaurant Pearl Morissette, el único dos estrellas Michelin de Ontario, está a una hora de las cataratas, en pleno corazón vinícola de Niagara.

Es una experiencia de fine dining de otro planeta: un menú degustación larguísimo con ingredientes de su propia granja, un servicio impecable y hasta un recorrido por el campo antes de cenar. Si tu presupuesto y tu agenda lo permiten, es una parada obligada.

Para los amantes del vino: Trius Winery

Y si lo tuyo es el vino, Trius Winery lleva 40 años haciéndolo en Niagara-on-the-Lake. Su tour es de los más inmersivos: conoces la bodega subterránea de espumosos más grande de Canadá y pruebas burbujas en plena experiencia.

En su restaurante, el chef ejecutivo Frank Dodd prepara cocina de inspiración local para comer o cenar todos los días. Y ojo con sus eventos de temporada: noches de cine al aire libre y hasta cenas dentro de "esferas de nieve" en invierno. Puro encanto.

Un último consejo que no cuesta nada: cada noche, al caer el sol, las cataratas se iluminan de colores, y en ciertas fechas hay fuegos artificiales sobre el agua. No necesitas pagar entrada para disfrutarlo; basta con caminar por el malecón y buscar un buen lugar. Es el broche perfecto para cerrar el día después de cualquiera de estas experiencias.

Al final, el Niágara es mucho más que una postal: es agua, aire, sabor y adrenalina en un mismo lugar. Lo vivas desde un barco, desde un mirador o con una copa de vino en la mano, te aseguro que te vas a ir con el corazón lleno (y, si te subes al crucero, también empapada).

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Nota escrita por
Andrea Bouchot
Andrea Bouchotandrea.bouchot@milenio.com

Coordinadora de Chic Magazine digital. Egresada de la Licenciatura en Comunicación de la FES Acatlán. Vivo de cine, los libros, videojuegos y la buena comida.

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