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Restaurant Pearl Morissette: 18 tiempos en el corazón de una granja con dos estrellas Michelin

Cené en el único restaurante de Canadá con dos estrellas Michelin y esto fue lo que pasó.

Restaurant Pearl Morissette: 18 tiempos con 2 estrellas Michelin (Foto: R PM)
Restaurant Pearl Morissette: 18 tiempos con 2 estrellas Michelin (Foto: R PM)
Andrea Bouchot
Andrea Bouchot

Viajé a Canadá para asistir a la ceremonia de la Guía Michelin Toronto 2026 y, en el camino, viví una de esas experiencias que se te quedan grabadas para siempre: cenar en Restaurant Pearl Morissette, el único restaurante de Ontario con dos estrellas Michelin, que este año volvió a conservarlas.

Pero llamarlo "restaurante" se queda corto. Es una granja, un viñedo, un huerto y una cocina, todo en el mismo lugar. Y desde que llegas entiendes que no vas nada más a comer: vas a vivir algo. De hecho, el periodista que tenía al lado lo resumió perfecto al llegar: "¿no te recuerda un poco a la película 'El Menú'?". Y sí, tantito.

¿Qué hace especial a Restaurant Pearl Morissette?

Para ubicarnos: Restaurant Pearl Morissette está en Jordan Station, en plena región vinícola de Niagara, Ontario, a una hora al suroeste de Toronto. Y no es un restaurante a secas: es una propiedad de 42 acres que reúne restaurante, viñedo, huerto, granja y hasta panadería.

Detrás de la cocina están los chefs y co-dueños Daniel Hadida y Eric Robertson, que abrieron el lugar en 2017 y lo han llevado a lo más alto. Su propuesta es cocina contemporánea de inspiración francesa y de temporada, con ingredientes de la región y, muchos, de su propia tierra.

Los reconocimientos hablan por sí solos. Es el único restaurante de Ontario con dos estrellas Michelin, que este 2026 conservó, y suma una Estrella Verde por su sostenibilidad. Además, fue nombrado el mejor restaurante de Canadá dos años seguidos y tercero de toda Norteamérica.

Pero más allá de las medallas, lo que de verdad lo hace especial es su filosofía: convertir el comer en una experiencia que nace en la agricultura, que respeta los ciclos de la tierra y que devuelve tanto como toma. Eso, créeme, se siente en cada plato.

¿Cómo es la experiencia en Restaurant Pearl Morissette?

Aquí es donde todo se pone interesante, porque la experiencia empieza mucho antes del primer bocado. Te reciben afuera, junto a otros comensales que no conoces, todos vestidos para una cena de dos estrellas y sin saber muy bien qué va a pasar. Surreal, en el mejor de los sentidos.

Nadie se conoce, nadie sabe exactamente qué esperar, y esa mezcla de misterio y elegancia es justo lo que le da ese aire de película. No te dejan entrar de inmediato: primero tienes que conocer de dónde viene lo que vas a comer.

Y hay algo en el ritmo que lo vuelve casi ceremonial. Todo sucede en su momento justo, sin prisas ni esperas incómodas, como si la noche estuviera coreografiada al detalle. Poco a poco, esos desconocidos con los que llegaste se vuelven parte de la misma historia, y eso también es parte del encanto.

La bienvenida y el recorrido por la granja

Antes de sentarte, te llevan a recorrer la granja. Sí, primero la tierra y luego la mesa. Ahí te cuentan cómo nació el proyecto, qué ha funcionado, qué ha salido mal y hacia dónde quieren llegar.

El mensaje es tan claro como bonito: todo se hace de forma sustentable, y así como le quitamos algo a la naturaleza, también hay que regresárselo. Es una cena, sí, pero plantada en el corazón de la agricultura y, por lo tanto, en el de todos nosotros.

Y el recorrido en sí es un gusto: caminas entre el paso y flores silvestres que atraen a las abejas, ves a las gallinas y los patos picotear a su aire, y te asomas al mundo de los jardineros, granjeros y enólogos que hacen posible todo esto. Es imposible no salir de ahí viendo la comida con otros ojos.

La bienvenida y el recorrido por la granja (Foto: Andrea Bouchot)
La bienvenida y el recorrido por la granja (Foto: Andrea Bouchot)

​El comedor

Después llega el turno del restaurante, y vaya lugar. El comedor está en el piso más alto del viñedo, con ventanales del piso al techo que dejan ver la granja regenerativa, el jardín de verduras y flores, el huerto de duraznos y esos campos que minutos antes recorriste.

Comer mirando de dónde salió tu comida cambia por completo la experiencia. Es de esos escenarios que no necesitan mucho para impresionar: la vista y la luz natural hacen casi todo el trabajo.

El servicio

Y luego está el servicio, que para mí fue de otro nivel. Un equipo te acompaña de principio a fin: te explican cada platillo, jamás dejan tu copa o tu vaso vacíos y hasta te cambian la servilleta si te levantas un momento.

Lo más impresionante es que conocen cada detalle de cada plato y de cada botella. No es que reciten un guion: de verdad saben qué ponen frente a ti y por qué. Ese cuidado te hace sentir en las mejores manos toda la noche.

¿Cómo es el menú de Restaurant Pearl Morissette?

Ahora sí, lo más importante: la comida. Yo tuve la oportunidad de probar un menú de 18 tiempos. Y sí, suena a muchísimo, pero la magia está en que no te llenas de más: vi a toda la mesa terminar cada plato sin problema, y eso que cada uno viene con una o dos bebidas.

El menú es de temporada, de inspiración francesa, y buena parte de los ingredientes salen de su propia granja o de productores cercanos de Ontario y de las costas de Canadá. Cada tiempo tiene un nombre cortito: Crab, Crudité, Cod, Halibut, Lobster, Duck, Pork, y detrás, todo un mundo de trabajo.

Hubo joyas por todos lados. El cangrejo Dungeness para arrancar, un bacalao de Newfoundland, un halibut con caviar salvaje canadiense, langosta de la bahía de Fundy y un cerdo con hongos y manzana que prácticamente se deshacía. Todo se ve precioso y sabe todavía mejor.

Crudité en Restaurant Pearl Morissette (Foto: Andrea Bouchot)
Crudité en Restaurant Pearl Morissette (Foto: Andrea Bouchot)

También me sorprendieron los tiempos más "sencillos" en apariencia: una zanahoria convertida en crujiente con hueva de langosta, un "huevo" hecho natilla con toques ahumados, y un consomé de res con raviolis diminutos rellenos de betabel. Y como puente hacia lo dulce, una religieuse de queso de leche cruda servida con panal de miel. Nada es lo que parece, y todo tiene una historia.

Pero mi consentido fue el Crudité: básicamente un jardín entero servido en un plato, con decenas de vegetales, hierbas, flores y frutas cultivadas ahí mismo. También amé el pan de masa madre con mantequilla batida, esos pequeños placeres que a veces subestimamos.

Y ni hablar de los postres, que son mi debilidad absoluta: un sorbete de melón, un mille feuille de durazno, un parfait de fresa y una madeleine de whisky y miso. El cierre perfecto para una comida de esta escala.

Huevo de la propiedad en Restaurant Pearl Morissette (Foto: Andrea Bouchot)
Huevo de la propiedad en Restaurant Pearl Morissette (Foto: Andrea Bouchot)

En el tema de las bebidas, acompañan cada tiempo con vino o con jugos de la casa. Los vinos incluyen las propias etiquetas de Pearl Morissette, hasta añadas viejas que ya no se consiguen, junto con producciones de baja intervención de otras partes del mundo.

Y los jugos son tan, tan buenos que hasta la Guía Michelin los presume. Para quien no toma alcohol, es una maravilla no quedarse con el clásico "vaso de agua" mientras los demás brindan.

Un detalle que me robó el corazón: hasta el menú impreso es un mimo. Trae la fecha y el clima de ese día exacto ("16°, nublado"). Pequeños guiños que te recuerdan que cada cena es única e irrepetible, atada a ese momento y a ese lugar.

¿Vale la pena visitar Restaurant Pearl Morissette?

Sin pensarlo. Es una maravilla visual, olfativa y para el paladar; una experiencia que emociona a todos los sentidos al mismo tiempo. Si te toca viajar por Niagara o Toronto y amas la buena mesa, ponlo en tu lista sí o sí.

Voy a ser honesta con mi único "pero": me habría gustado un menú un poquito más corto, pero con platillos algo más grandes. Amé la primera mitad y, por supuesto, el final dulce, aunque a ratos quería quedarme más tiempo con cada bocado.

Si te animas, algunos datos prácticos. Está en Jordan Station, a una hora de Toronto, y lo ideal es llegar en coche (hay estacionamiento). También puedes acercarte en tren o autobús; GO Transit, Megabus o FlixBus, y rematar con taxi o Uber, porque no hay transporte directo hasta la puerta.

Ofrecen recorridos opcionales por la granja y los jardines, según la temporada y la disponibilidad, así que vale la pena preguntar al reservar. Y si quieres hacer noche cerca, recomiendan hospedarse por la zona de Twenty Valley, en pleno país del vino de Niagara.

Al final, Restaurant Pearl Morissette no es solo una cena de dos estrellas: es una lección deliciosa sobre de dónde viene lo que comemos y sobre el cuidado con el que llega a nuestro plato. Y esa, para mí, fue la mejor parte de todo el viaje.

¿Lo probarías?


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Nota escrita por
Andrea Bouchot
Andrea Bouchotandrea.bouchot@milenio.com

Coordinadora de Chic Magazine digital. Egresada de la Licenciatura en Comunicación de la FES Acatlán. Vivo de cine, los libros, videojuegos y la buena comida.

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