¿Dónde dejé las llaves? ¿Cómo se llamaba ese actor? Todas hemos vivido ese instante en el que la memoria nos juega una mala pasada, y casi siempre terminamos riéndonos. Pero cuando los olvidos se repiten, aparece una pregunta que casi nadie se atreve a decir en voz alta: ¿y si es algo más?
Para responderla platicamos con la Dra. Xochitl Gomez, médica internista y directora médica de EISAI Laboratorios. Con ella hablamos de qué es el Alzheimer, cómo reconocer sus primeras señales y por qué la salud cerebral de las mujeres merece una mirada especial.
¿Qué es el Alzheimer y qué lo provoca?
Para empezar por lo básico, la Dra. Gomez define el Alzheimer como "una enfermedad neurodegenerativa progresiva" que "constituye la causa más frecuente de demencia".
¿Qué ocurre dentro del cerebro? La especialista explica que se caracteriza por "la acumulación extracelular de proteína beta-amiloide y la acumulación intracelular de proteína tau hiperfosforilada". En palabras sencillas, dos proteínas se acumulan dentro y fuera de las células cerebrales, algo asociado con "disfunción sináptica, neuroinflamación, pérdida neuronal y atrofia cerebral progresiva".
Las primeras zonas en resentirse suelen ser el hipocampo y otras regiones del lóbulo temporal medial, clave para la memoria y el aprendizaje. Con el tiempo, el daño puede extenderse a otras áreas de la corteza cerebral.
Quizá lo más sorprendente es la cronología. La doctora subraya que "el proceso biológico de la enfermedad puede comenzar años, incluso décadas, antes de que los síntomas cognitivos sean clínicamente evidentes". Es decir, el cerebro puede estar cambiando mucho antes de que aparezcan señales claras.
Entonces, ¿qué lo provoca? No hay un solo culpable. "En la mayoría de los casos hablamos de una enfermedad multifactorial", resultado de "una interacción compleja entre envejecimiento, susceptibilidad genética, mecanismos biológicos y diversos factores ambientales, cardiovasculares, metabólicos y relacionados con el estilo de vida".
La edad sigue siendo el principal factor de riesgo, que aumenta "de manera importante" a partir de los 65 años. Pero la doctora insiste en no confundir envejecimiento con enfermedad: "el Alzheimer no es una consecuencia normal ni inevitable de envejecer".
La genética también tiene su papel. Algunas variantes del gen APOE, en particular APOE ε4, se asocian con mayor riesgo de Alzheimer de inicio tardío, aunque "portar esta variante no significa necesariamente que una persona desarrollará la enfermedad".
A ello se suman la hipertensión, la diabetes, la dislipidemia, la obesidad, el tabaquismo, el sedentarismo y el aislamiento social, factores asociados con mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
Existen además formas de inicio temprano, con síntomas antes de los 65 años. Algunas variantes familiares poco frecuentes se relacionan con cambios genéticos específicos, pero la gran mayoría de los casos corresponde al Alzheimer de inicio tardío.

Síntomas de la enfermedad de Alzheimer (y los primeros)
Si hay una señal que no conviene ignorar, es la memoria reciente. La Dra. Gomez explica que una de las manifestaciones iniciales más frecuentes es "el deterioro de la memoria episódica reciente", es decir, la dificultad para aprender y retener información nueva.
En la vida diaria se nota cuando alguien empieza a "repetir preguntas, olvidar conversaciones recientes o depender cada vez más de recordatorios para actividades que previamente se realizaban de manera autónoma".
También pueden verse afectados el lenguaje, la orientación visuoespacial, las funciones ejecutivas, la atención o la capacidad para resolver problemas. Por eso, la clave no está en un tropiezo aislado: "Más que un olvido aislado, lo que debe llamar la atención es un cambio progresivo respecto al funcionamiento cognitivo previo de la persona", señala la especialista.
Entonces, ¿cómo distinguir un despiste normal de una alarma? Durante el envejecimiento normal es común, por ejemplo, "tardar más tiempo en recordar un nombre o una palabra y posteriormente lograr evocarla". Eso, por sí solo, "no implica necesariamente una enfermedad neurodegenerativa".
En el Alzheimer, en cambio, los cambios "suelen ser persistentes y progresivos". No solo cuesta recuperar un recuerdo; también cuesta retener información nueva, y con el tiempo pueden afectarse otras funciones cognitivas.
Para la doctora, el criterio que más pesa es otro: "Un criterio clínicamente relevante es la repercusión funcional". Cuando los cambios empiezan a interferir con actividades como "manejar finanzas, medicamentos, citas, desplazarse en lugares conocidos o realizar tareas que antes resultaban habituales", llega el momento de pedir ayuda.
En ese caso, "es recomendable realizar una evaluación médica y neurocognitiva".

¿Hay síntomas que suelen pasar más desapercibidos en las mujeres?
La pregunta tiene dos capas: por qué el Alzheimer es más frecuente en ellas y si se manifiesta de forma distinta. Sobre lo primero, la Dra. Gomez recuerda que las mujeres "representan una proporción importante de las personas que viven con enfermedad de Alzheimer y otras demencias".
Parte de la explicación es su mayor esperanza de vida, pues la edad es el principal factor de riesgo. Sin embargo, la investigación actual señala que "probablemente no se trata únicamente de longevidad".
Se estudian diferencias genéticas, hormonales, metabólicas, cardiovasculares e inmunológicas, y cómo interactúan a lo largo de la vida. Por ahora, "no existe una sola explicación" y el tema "continúa siendo un área activa de investigación".
Las hormonas ocupan un lugar especial en la conversación. Los estrógenos participan en la plasticidad sináptica, el metabolismo energético cerebral y distintos mecanismos neuroprotectores, y durante la transición menopáusica sus niveles disminuyen de forma progresiva. De ahí el interés científico por entender cómo se relaciona esto con el envejecimiento cerebral.
Algunos estudios han encontrado asociaciones entre factores reproductivos y hormonales, como la edad de inicio de la menopausia, y el riesgo de deterioro cognitivo o demencia. Aun así, la doctora es clara: "la evidencia disponible no permite afirmar que la menopausia sea una causa directa de Alzheimer".
La menopausia se estudia, más bien, como "una etapa biológica relevante dentro de un conjunto mucho más amplio de factores genéticos, cardiovasculares, metabólicos y ambientales".
¿Y los síntomas? Se han descrito diferencias entre hombres y mujeres en algunos aspectos de la presentación clínica y de la evolución, pero existe "una gran variabilidad individual" y, según la especialista, "no podemos establecer un patrón clínico exclusivo para cada sexo".
Lo que sí aparece como hallazgo de interés es la reserva cognitiva. Algunas investigaciones sugieren que las mujeres pueden conservar ciertas habilidades, sobre todo de memoria verbal, en las etapas iniciales de la enfermedad, lo que "potencialmente podría retrasar la identificación clínica del deterioro en algunos casos".
Por eso la Dra. Gomez insiste en las evaluaciones individualizadas, que consideren no solo una prueba aislada, sino "los cambios respecto al funcionamiento previo de cada persona".

Cómo prevenir y estar al tanto de Alzheimer
Aquí viene la parte más esperanzadora: existen factores de riesgo de demencia potencialmente modificables. "Cuidar la salud cerebral implica una perspectiva de curso de vida y no únicamente actuar durante la vejez", afirma la Dra. Gomez.
Eso se traduce en hábitos concretos: cuidar la salud cardiovascular y metabólica controlando la presión arterial, la glucosa, el colesterol y el peso; hacer actividad física con regularidad; evitar el tabaquismo; moderar el alcohol y mantener una alimentación equilibrada. También es importante atender la audición, la visión y el sueño.
La mente, además, se cuida con curiosidad: estimulación cognitiva, educación, aprendizaje continuo y vínculos sociales cuentan. "Ninguna de estas medidas elimina por completo el riesgo de desarrollar Alzheimer", aclara la doctora, pero actuar sobre los factores modificables "puede contribuir a disminuir el riesgo de deterioro cognitivo y favorecer un envejecimiento cerebral saludable".
Hay una etapa en la que conviene poner especial atención: la perimenopausia y la menopausia. La transición "puede acompañarse de alteraciones del sueño, síntomas vasomotores, cambios del estado de ánimo y dificultades subjetivas de concentración o memoria".
Al mismo tiempo, durante esta etapa pueden modificarse algunos factores de riesgo cardiovascular y metabólico que también importan para la salud cerebral a largo plazo.
Por eso, la especialista recomienda verla como "una oportunidad para realizar una valoración integral de la salud": presión arterial, perfil metabólico, calidad del sueño, actividad física y salud emocional, además del seguimiento ginecológico correspondiente.
¿Y si notas cambios en tu memoria? La presencia de síntomas cognitivos durante la menopausia "no implica necesariamente una enfermedad neurodegenerativa". Pero cuando los cambios son "persistentes, progresivos o afectan el funcionamiento cotidiano", lo recomendable es buscar una valoración médica.
La memoria no se cuida solo cuando falla: se cuida todos los días. Y si algo no te cuadra, preguntar a tiempo siempre será mejor que quedarte con la duda.
¿Lo sabías?

Coordinadora de Chic Magazine digital. Egresada de la Licenciatura en Comunicación de la FES Acatlán. Vivo de cine, los libros, videojuegos y la buena comida.
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