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"Juntas somos más fuertes": Daniela, Geovanna y Ana
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"Juntas somos más fuertes": Daniela, Geovanna y Ana

SOCIEDAD LAGUNA

Ellas son valientes mujeres que vivieron en carne propia el cáncer de mama y salieron adelante. Conoce estos testimonios que pueden salvar tu vida

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Ellas comparten sus historias de éxito al detectar a tiempo el cáncer de mama y la manera en que sus vidas cambiaron, tras vivir este proceso del que salieron victoriosas.

GEOVANNA VALDEZ

Geovanna Valdez

Geovanna se siente agradecida con Dios y con su familia, a quien llama su equipo. Tiene 39 años de edad, es licenciada en Ciencias de la Información y es empresaria promotora de una tienda naturista.

Afirma que el cáncer de mama ha sido un gran maestro para ella, pues el 18 de febrero de 2018, se sintió una bolita, por lo que se realizó una ecografía mamaria y después una mamografía. El 5 de marzo del mismo año, entró a quirófano y su ginecólogo decide que es necesario retirar la mama.

Posteriormente, pasó por un proceso de quimioterapias en la clínica 71 del IMSS: “Fue un proceso súper duro, estoy agradecida con mi equipo, que es mi esposo Fabián, mis hijos Camilo y Mateo, con mis papás, así como con mis hermanos Armando y Jesús, con mi tía Pita y con las oraciones que recibí de toda la gente. El estar con excelentes médicos y con la fe puesta en Dios es invaluable”, indica.

Geovanna comparte que en este proceso de la enfermedad, tener a lado a una pareja es algo maravilloso, pues revela que en lo particular le costó mucho trabajo desprenderse de su mama, perder cabello, cejas, pestañas, dientes y el tener que desnudarse. 

“Te sientes muy mal, es una prueba dura y que él te diga que te ves hermosa y ver el cariño de tus hijos cada minuto, fue algo mágico para mí”, agrega.

Afirma que es una suerte contar con el tratamiento de quimioterapias y con el acompañamiento de su tÍa Pita, quien es otra madre para ella. 

“En esa sala donde nos alargan la vida, descubrí que la mayoría son mujeres y niños. Cuando estás ahí recibiendo tu tratamiento, lo que compartes con todos es una sonrisa, si volteas a ver a alguien le sonríes, esa mueca nos unía a todos los de la sala y esa fue precisamente mi inspiración para crear un blog titulado Sonríe solo es cáncer, donde decidí expresar de una forma positiva todo mi proceso con la enfermedad”, señala.
“Veo el cáncer como un gran maestro, que vino a enseñarme muchas cosas positivas, a valorar la vida, a ayudar a los demás. Lo más importante es que creció mi fe, mi agradecimiento y empatía por mis compañeras. Me di cuenta de cuál es la misión que tengo en la vida y es ayudar”, dice.

Por ello, Geovanna se dio a la tarea de empezar su labor de ayuda en forma y enfocada a las mujeres, a quienes considera que son el pedestal de la familia, quienes llevan la batuta en los hogares. Así, con la ayuda de sus hermanos, quienes son sus ángeles, en 2018 realizó un concierto en el Coliseo Centenario con el grupo Ha Ash, donde todo lo recabado fue destinado a mujeres que necesitan apoyo para tratamientos o prótesis mamarias.

La comunicadora recalca que debemos recordar que el cáncer siempre está latente y que siempre pensamos que nunca nos tocará, pero cuando toca, cambia tu vida. 

Te invito a que te ames y seas tu prioridad, que te autoexplores, date cuenta que la prevención salva vidas. Con facilidad olvidamos lo grandioso que es estar vivas: Ámate, cuídate y autoexplórate”, señala.

Finalmente, comparte que su meta en la vida es ser un soldado de Dios, es aprender, escuchar, ser hombro y esperanza de cada mujer que pase por su vida. 

Creo que todos tenemos un poder, pero nadie nos lo dijo. Así que ahora que lo encontré, quiero explotarlo para sumar, mejorar y dejar huella en cada una de ellas”.


DANIELA  VALENCIA

Daniela Valencia

Daniela está celebrando 42 años de vida con su historia inspiradora. Ella es guía Montessori y cuenta con la Licenciatura en Educación. Hoy se siente feliz y agradecida, pues tiene 16 años de casada con Lalo, con quien formó una linda familia de dos hijos: Eduardo y María.

Revela que en junio de 2009, se sintió una bola del tamaño de una almendra en la parte baja del pecho, por lo que se realizó un ultrasonido, resultado en un quiste benigno. 

“Era importante checar si crecía, se hundía o cambiaba el color de la piel y todo lo anterior me pasó. En las noches comencé a sentir dolor, pero el tumor se quedó igual por mucho tiempo, fue en pocas semanas que sentí un cambio”, comparte.

Relata que justo cuando pasaron cinco meses de que se detectó el bulto, fue a hacerse un ultrasonido y el radiólogo, con mucha delicadeza, le dijo que necesitaba ya ir con un especialista. 

“Siempre le estaré agradecida por su forma de darme la noticia, estaba yo sola y habló con absoluta verdad, sin ser alarmista. Mi papá tenía cáncer y yo ya estaba familiarizada con los términos”, dice.

Destaca que el Dr. Verano fue otro ángel en su proceso, pues le indicó que tenía que operarse lo antes posible. El momento lo recuerda perfectamente, pues la acompañaban su mamá y su esposo, a quienes preguntó si podían cuidar a sus hijos, y con eso ya se sintió preparada.

Daniela comparte que antes de la cirugía le dijo al doctor que si había que quitarle el seno, que no lo dudara, que ella daba la autorización: “Al salir del quirófano, yo vi que la camilla la llevaba Jesús. Después vi a mi suegro y a uno de mis cuñados. Mis hermanas y cuñados se volvieron parte de mí y mis amigas se volvieron hermanas. Por supuesto, también vi a mis papás y me dolía en el alma saber que les estaba causando dolor. A Dios le dije que estaba dispuesta a aprender todo lo que él quisiera y a compartir lo aprendido”, relata.

Destaca que una amiga cercana le habló de la disciplina ZiNeng QiGong, que sin duda fue una excelente herramienta este tiempo.

Daniela tomó un tratamiento alópata y otro natural, ambos en Monterrey. Pasó por 6 quimioterapias y 32 radiaciones, las cuales considera que soportó bien gracias a la preparación de su doctor naturista, pues cambió su alimentación.

“Fue un tiempo lleno de amor, de sentir el corazón lleno y algo de dolor en el cuerpo, sobre todo en el proceso de reconstrucción del pecho, pasé mucho dolor físico”, comenta.
Lo más importante que me dejado la enfermedad es la mujer que soy, pues fue un reencuentro conmigo, entendí lo importante de la vida, le perdí el miedo a la muerte. Aprendí a poner cada cosa en su lugar, dándole el valor indicado, el poder de la oración. En este proceso conocí al Señor de la Misericordia, que no me soltó e incluso se me manifestó de una manera hermosa. Me volví mucho más empática”, afirma.

Al concluir su tratamiento, Daniela abrió la pequeña tienda de productos orgánicos y naturales Mundo Sano.

Finalmente, pide un espacio para agradecer a todas las personas, a todos los que cuidan a los enfermos, porque para ellos es una etapa muy difícil.

“Por más doloroso que sea el proceso, una sonrisa, un te quiero, un abrazo, siempre es bueno. Del cáncer se aprende mucho. Es una oportunidad para quienes nos toca quedarnos un tiempo más, para decir lo que no se ha dicho, para despedirte, si lo que toca es partir”, concluye.


ANA VERDEJA

Ana Verdeja

Ana tiene 39 años de edad, estudió Diseño de Interiores y trabaja en la administración de un restaurante. Está felizmente casada desde hace ocho años y se siente una mujer plena y llena de amor.

Sin embargo, para ella la vida se detuvo cuando llegó la noticia de que padecía cáncer de mama: “En una situación que para toda mujer es difícil y cuando te enteras no encuentras la repuesta inmediata”, asegura.

Ante este difícil proceso, Ana aprendió que a esta vida solo se viene a vivir. Afirma que no ha sido fácil su trascurso por la enfermedad, pero su fe en Dios y su familia le dieron las ganas y las fuerzas para luchar contra el cáncer de mama.

Esta experiencia me ha enseñado que siempre tenemos que agradecer por todo, por amar, por estar, por ser, tener, dar, ganar, perder, ir, venir, intentar, conocer, sentir, pero sobre todo por la presencia de los demás en nuestra vida”, agrega.

Para Ana es importante agradecer a su esposo Aarón, a sus padres Enrique y Gina, a sus hermanas Gina, Michelle y a sus sobrinos Regina, Hannah, Lalo e Ivanna por siempre estar en todo momento a su lado, acompañándola a salir adelante, pero sobre todo a no rendirse, por el gran amor que les tiene y que ellos le profesan.

Recalca que lo más importante que le ha dejado la enfermedad es aprender a vivir y valorar el día a día junto a las personas que más ama. En su camino también encontró mujeres que se convirtieron en amigas, que sufrían de la misma enfermedad, con quienes compartió experiencias.

“Hoy apoyo a la asociación Sonríe Solo es Cáncer con algunas de las actividades, porque es necesario que más mujeres sepan que muchas hemos pasado por esto y poner un granito de arena es importante”, comenta.

La diseñadora recomienda estar siempre atenta a tu cuerpo y aún cuando se pueda sentir miedo, ya que ese tiempo puede ser la diferencia entre un diagnóstico avanzado a uno que recién comienza.

Actualmente, Ana se encuentra muy feliz, libre de cáncer y muy activa. Su meta en la vida es vivir al máximo y cumplir sus sueños.


Créditos

Fotografía: Jos Álvarez

H&M: Karla Alvarado make up artist



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