Hay fotógrafos que documentan bodas y otros que parecen entrar silenciosamente en la vida de las personas para capturar aquello que no siempre puede explicarse con palabras. Paulina Soberanes y Gus Pérez tienen esta capacidad.
Después de más de 180 bodas y una década fotografiando familias, la pareja detrás de Cherry & Monkey ha construido una mirada humana sobre el amor, la memoria y la autenticidad. Lo suyo no se trata únicamente de estética, pues aunque sus imágenes poseen una sensibilidad editorial evidente, tienen como sello la presencia: algo que definen ellos como “lograr que las personas realmente habiten sus momentos mientras ocurren”.
En esta conversación, Pau y Gus reflexionan sobre cómo el amor cambia de forma en cada historia, por qué las fotografías más valiosas suelen ser las más simples y cómo han logrado convertir su estudio, su familia y su trabajo en una misma extensión emocional.
Después de fotografiar más de 180 bodas, ¿cómo ha cambiado su idea del amor?
Paulina Soberanes (PS): Más que cambiar, creemos que nuestra idea del amor se ha expandido muchísimo. Hemos entendido que el amor es infinito en sus formas y maneras de manifestarse. Ninguna emoción se repite igual dos veces.
Gus Pérez (GP): Aunque existan rituales similares en todas las bodas, siempre hay algo único en la manera en que una pareja se mira, cómo una mamá abraza a su hija o cómo los amigos celebran. Eso es lo que hace tan valioso documentarlo.
¿Qué significa realmente estar presente en una boda… y en la vida?
GP: Para nosotros, la presencia es una decisión consciente. Es elegir realmente vivir lo que está pasando y no solo observarlo desde afuera.
PS: Hoy muchas personas viven pensando en cómo deberían verse o qué deberían proyectar. Pero estar presente implica conectar con lo que realmente estás sintiendo. La fotografía viene a reforzar justamente eso: la presencia de lo que verdaderamente viviste.
¿Creen que hoy las personas saben vivir sus momentos importantes o están demasiado preocupadas por fotografiarlos?
PS: Hay un poco de todo. Existen parejas muy conectadas con disfrutar su boda de forma genuina, pero también otras que terminan enfocándose demasiado en cómo se ve todo.
GP: Eso genera mucha presión, especialmente para las novias. Nosotros tratamos de ayudarlos a regresar al presente, a respirar y recordarles que están viviendo algo importante. Queremos que la celebración no se les vaya entre los dedos.
¿Cómo logran que las personas se olviden de la cámara?
GP: La mayoría de nuestras parejas nos dice que no sabe posar o que sale rara en las fotos. Y creemos que eso pasa porque son personas normales, no modelos.
PS: Siempre decimos algo al inicio: “Está prohibido ver a la cámara”. Cuando dejan de sentirse observados, empiezan a relajarse y aparece la magia.
GP: Nuestro trabajo es crear un espacio seguro para que puedan ser ellos mismos. Sí existe dirección estética, pero siempre desde la emoción y nunca desde la pose vacía.
¿Qué pequeños gestos suelen convertirse en las fotos más valiosas?
PS: Curiosamente, muchas veces las familias terminan eligiendo las imágenes más simples.
GP: Una foto con los papás, con los abuelos, un abrazo pequeño… ahí es donde realmente aparece el amor. Las fotos más valiosas casi siempre son las que contienen a las personas que más amas.
¿Viajar ha cambiado su forma de mirar?
GP: Totalmente. Cada destino nos obliga a observar distinto, desde la luz, la energía, la manera en que las personas habitan un espacio.
PS: Además, ahora los viajes también son familiares. Hemos podido viajar con nuestros hijos Julián y Pablo y eso transformó por completo nuestra forma de vivir el trabajo.
¿Cómo cuidan su relación trabajando juntos?
PS: Existe esta idea de que trabajar con tu pareja es complicado, pero para nosotros ha sido todo lo contrario.
GP: Nos vemos como un equipo. Compartimos el trabajo creativo y también la crianza de nuestros hijos. Todo lo hablamos muchísimo y eso nos ha unido aún más.
¿Qué admiran uno del otro como fotógrafos?
GP: Admiro muchísimo la claridad y sensibilidad con la que trabaja. Muchas veces sus fotos terminan resolviendo exactamente lo que yo imaginaba emocionalmente.
PS: Tiene una comprensión muy completa de la fotografía. Entiende la técnica, pero también sabe cómo hacer sentir algo a través de una imagen.
¿Qué representa esta nueva etapa con su estudio físico?
PS: Es un sueño construido durante muchos años. Empezamos fotografiando en la sala de nuestra casa.
GP: Diseñamos el estudio para que las personas se sintieran cómodas y disfrutaran estar ahí. Queremos que también se convierta en parte de la historia de las familias.
¿Cómo continúan afinando la sensibilidad y no solo la técnica?
GP: Las fotos que más nos emocionan siempre tienen algo en común: las personas realmente se ven felices.
PS: Nuestros hijos nos han enseñado muchísimo sobre lo importante de lo cotidiano, lo pequeño y lo sutil. También por eso el juego se volvió esencial en nuestra manera de fotografiar.
¿Qué escena cotidiana les parece que sea profundamente romántica?
PS: El abrazo.
GP: Creemos que es una de las formas más profundas de conexión humana. Está presente en el amor, en la despedida, en la alegría y también en el dolor.
Después de tantas bodas, ¿cómo definirían el amor?
GP: Creemos que el amor es probablemente la fuerza más importante que existe.
PS: Es lo que une y sostiene todo. Y quizá por eso siempre nos conmueve tanto cuando lo vemos frente a nosotros.
GP: Al final, sentimos que la fotografía tiene algo de memoria, de conexión y hasta de sanación. Porque todos estamos mucho más unidos de lo que pensamos. Y para nosotros, esa energía siempre ha sido el amor.
Tags relacionados
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
