El vitíligo es una condición cutánea que provoca la pérdida de pigmentación en determinadas zonas del cuerpo y que, durante años, ha estado rodeada de dudas sobre sus posibles desencadenantes.
Y entre las hipótesis más estudiadas sobre su origen, destaca el papel del estrés, especialmente por el impacto que puede tener en el sistema inmunológico.
¿Qué es el vitíligo?
El vitíligo es una condición cutánea que afecta aproximadamente al 1% de la población mundial: esta se manifiesta con la aparición de manchas blancas, por la pérdida progresiva de melanocitos, las cuales son las células encargadas de producir el pigmento de la piel.
Aunque no representa un riesgo para la salud física, sí puede tener un impacto significativo en la autoestima y en la calidad de vida de quienes lo padecen.
Y a pesar de que existe una importante predisposición genética para padecer el vitíligo, especialistas coinciden en que su desarrollo responde a múltiples factores.
De esta manera, la dermatóloga Natalia Velázquez, presidenta de la Asociación Colombiana de Dermatología, explica que el vitíligo tiene una base hereditaria que, en combinación con alteraciones autoinmunes y desencadenantes ambientales, favorece la aparición de estas manchas.
Los diagnósticos suelen presentarse con mayor frecuencia, entre los 20 y 30 años.
¿El estrés es uno de los principales desencadenantes del vitíligo?
Cada vez más investigaciones apuntan a que, el estrés emocional y físico, desempeña un papel importante en la aparición y progresión del vitíligo.
De esta manera, la doctora Velázquez señala que, los episodios de estrés, pueden actuar como uno de los principales detonantes de la enfermedad.
Esto también incluye a las situaciones de estrés físico, como traumatismos o fricción constante sobre la piel, fenómeno conocido como efecto Köbner.
Esta relación ha sido respaldada por estudios científicos: de acuerdo una investigación publicada en la revista Plos One en 2020, se encontró que las personas con vitíligo, presentan niveles de estrés significativamente más elevados que la población general y que, en muchos casos, estos episodios preceden al diagnóstico.
De manera similar, las revisiones realizadas por Lastre-Meza y Barceló Martínez en 2023, destacan que el estrés crónico favorece procesos inflamatorios, los cuales son capaces de alterar el funcionamiento de los melanocitos, creando así un círculo difícil de romper: el estrés puede favorecer la aparición de nuevas manchas y estas, al ser visibles, aumentar la ansiedad y el malestar emocional.
¿Qué hay más allá del impacto físico del vitíligo?
Aunque el vitíligo no provoca dolor, ni picazón, ni es una enfermedad contagiosa, su visibilidad puede generar inseguridad, especialmente cuando las lesiones aparecen en zonas expuestas como el rostro o las manos.
Así, la publicación del sitio web MSP, destaca que la carga emocional asociada al vitíligo suele ser una de las principales preocupaciones de los pacientes, por lo que el acompañamiento psicológico puede resultar tan importante como el tratamiento dermatológico.
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