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El Monumento a la Revolución estuvo a punto de no existir, te explicamos porqué
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El Monumento a la Revolución estuvo a punto de no existir, te explicamos porqué

ARQUITECTURA

Originalmente sería un Palacio Legislativo, sin embargo los hechos históricos se encargaron de que se convirtiera en un símbolo patrio.

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En la Plaza de la República de la alcaldía Cuauhtémoc, cerca del Centro Histórico de la Ciudad de México, es donde se ubica uno de los iconos arquitectónicos más importantes del país, hablamos del Monumento a la Revolución, un símbolo que guarda una gran historia para todos los mexicanos.

La construcción se realizó en memoria de los héroes revolucionarios que pelearon por los derechos de los mexicanos y estuvo a cargo del arquitecto mexicano Carlos Obregón Santacilia, sin embargo este monumento estuvo a punto de nunca haber existido.

Durante el mandato de Porfirio Díaz, en 1897, el sitio estaba preparado para ser Palacio Legislativo de la República, el cual estaría a cargo del arquitecto francés Émile Bénard. Este albergaría la Cámara de Senadores, la Cámara de Diputados, dependencias de gobierno y oficinas.

Era uno de los proyectos más ambiciosos de la época, pues de haberse construido sería más grande que el Capitolio de Washington D.C y uno de los más lujosos del mundo al estar inspirado en este recinto y en el Parlamento de Budapest, pues se buscaba que tuviera una estética europea neoclásica. Sin embargo aunque comenzó su edificación con una plataforma de acero y concreto para sostener el edificio y pudiera hacer frente a los hundimientos del subsuelo de la zona, la construcción nunca concluyó, pues dio inicio la revolución.

Años más tarde, el mismo Émile Bénard propuso un nuevo proyecto, "un panteón a los héroes de la guerra", sin embargo tras su muerte esto no tuvo resolución, y aunque hubo distintas alternativas para rescatar la obra inconclusa, fue Carlos Obregón Santacilia quien rescató el proyecto en 1933.

Se reinterpretó lo estructura existente para convertirla en un espacio público en torno a la conmemoración de una revolución constante. Este nuevo diseño de 67 metros de altura tuvo un enfoque en el arte prehispánico y el cubismo, con cuatro pilares que simbolizan la Independencia, las leyes de Reforma, Agrarias y Obreras. Fue concluido en 1938.

El monumento cuenta con un mirador a 52 metros de altura desde donde se puede obtener una panorámica de 360 grados de la Ciudad de México y al que se puede acceder a través de su elevador transparente que se encuentra en el centro, mismo que te lleva al Museo Nacional de la Revolución que se ubica justo debajo de la Plaza de la República y que fue inaugurado el 20 de noviembre de 1986.

Hoy el Monumento a la Revolución no solo es un icono arquitectónico, también es un punto de encuentro e historia para los mexicanos.

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