Viajé a Toronto para asistir a la ceremonia de la Guía Michelin y, de paso, di un recorrido por la ciudad que resultó ser una de las sorpresas más ricas del viaje. Porque Toronto no solo tiene una escena gastronómica de talla mundial: también mezcla castillos, mercados históricos, vistas de vértigo y una calidez que no esperas.
Si estás pensando en ir, esta guía es para ti. Te cuento, desde mi experiencia y sin rodeos, qué hacer, dónde comer y dónde hospedarte para armar un viaje redondo. Van mis recomendaciones probadas, más uno que otro tip para que aproveches cada día al máximo.
¿Dónde comer en Toronto?
La comida fue, sin duda, uno de los grandes pilares del viaje. Toronto es una ciudad multicultural y eso se nota en el plato: hay de todo, de altísimo nivel, y para todos los gustos. Estos son mis imperdibles.
Y ojo, porque no es casualidad: Toronto se ha ganado un lugar en el mapa gastronómico mundial, al punto de tener su propia Guía Michelin. Comer aquí es, en sí mismo, una de las mejores razones para visitarla.
DaNico
Empiezo por el que se robó mi corazón. DaNico es un restaurante con una estrella Michelin que, por cierto, conservó en la guía 2026, ubicado en el corazón del barrio Palmerston-Little Italy.
Lo curioso es que está en un edificio histórico que antes fue un banco de inicios de 1900; incluso guardan el vino en la antigua bóveda. El ambiente, entre esos muros con historia, ya vale la visita por sí solo.
En la cocina está el chef Daniele Corona, y su propuesta es una maravilla: cocina italiana tradicional con sutiles toques y técnicas asiáticas, usando los mejores ingredientes locales y sustentables del país. Sofisticado y memorable a partes iguales.
Es de esos lugares donde cada plato te sorprende sin sentirse pretencioso. Si solo puedes darte un gusto grande en Toronto, mi voto va para DaNico sin pensarlo.
Recomiendo ampliamente el "Spaguettoni ai Funghi Localle e Tartufo Nero", así como el divertido postre "Hit the Chef".

Prime Seafood Palace
Si lo tuyo son los cortes y el mar, este lugar es una joya. Prime Seafood Palace es un steakhouse y restaurante de mariscos moderno y de alta gama, creado por el chef y restaurantero Matty Matheson (el de la serie "The Bear", de HBO).
Hoy la cocina la lidera el chef ejecutivo Coulson Armstrong, nada menos que el más reciente ganador de Top Chef Canadá. Talento puro detrás de cada platillo.
Se esconde a través de una entrada por un patio tranquilo, y por dentro tiene una atmósfera íntima y casi de catedral, con una estética que te deja con la boca abierta. Trendy, elegante y delicioso.
Es de esos lugares que se sienten como un secreto bien guardado: tienes que buscarlo un poco, pero la recompensa lo vale. Perfecto para una cena especial sin la formalidad acartonada de siempre.
Aquí no puedes errar con una hamburguesa como la Palace Burger, pero también recomiendo el caviar, pues en este lugar saben cuál es la mejor forma de comerlo y complementarlo.

Cheese Boutique
Para los que amamos el queso (o sea, todos), esta parada es una obligación. Cheese Boutique es un negocio familiar con raíces profundas en la escena gastronómica de la ciudad, y ofrece un recorrido tras bambalinas buenísimo.
Ahí aprendes sobre el arte de añejar y seleccionar quesos, descubres variedades especiales y difíciles de encontrar, y te cuentan la historia de esta familia que convirtió su pasión en un destino para foodies. Un plan distinto y muy sabroso.

¿Qué hacer en Toronto?
Más allá de la mesa, Toronto tiene actividades para llenar varios días: historia, alturas, cultura y mercados. La fórmula es sencilla: un par de experiencias gastronómicas imperdibles y un City Pass para elegir el resto a tu ritmo. Aquí te lo explico.
St. Lawrence Market
Este fue uno de mis momentos favoritos del viaje. El St. Lawrence Market es un mercado icónico de la ciudad, y lo mejor es hacerlo con un tour guiado, como el de Culinary Adventur Co., que combina probaditas con la historia del lugar.
Porque no solo te explican de dónde viene todo: también comes cosas que de verdad están riquísimas. La estrella es el tradicional sándwich de peameal bacon, ese clásico tocino canadiense que tienes que probar sí o sí.
Entre quesos artesanales, panes recién horneados y especialidades de temporada, el recorrido te deja feliz y con ganas de volver. Comer mientras conoces la cultura culinaria de una ciudad es, para mí, la mejor forma de viajar.

The Depanneur
Este lugar es una joyita para quien quiere vivir la comida de forma distinta. The Depanneur no es un restaurante tradicional, sino un espacio comunitario que reúne a amantes de la comida y da vitrina al talento culinario de Toronto.
Lo mejor es que está abierto al público y siempre tiene algo pasando: cenas con chefs invitados, clases de cocina, brunchs de fin de semana y masterclasses donde expertos exploran un tema con demostraciones y degustaciones. Cada visita es diferente.
Yo tuve la suerte de vivir una experiencia de cocina indígena de la mano del chef Taylor Parker (de la Nación Mohawk, Clan del Oso), aprendiendo sobre ingredientes locales y silvestres mientras preparábamos una comida comunitaria. Una de esas residencias rotativas que puedes encontrar ahí.
Mi consejo: antes de tu viaje, revisa su calendario y aparta lugar para la experiencia que más te llame. Es la forma perfecta de conectar con la escena gastronómica local y comer riquísimo al mismo tiempo.

Comprar un City Pass
Mi mejor consejo para el resto de atracciones: hazte de un City Pass. Es un paquete que reúne las principales cosas que ver en Toronto en un solo boleto, ahorra dinero y te quita el estrés de andar comprando entradas por separado. Lo padre es que tú eliges qué visitar según tus gustos y tu tiempo.
El pase incluye la CN Tower, imposible de perderse: esa torre altísima que domina el horizonte y desde la que tienes vistas espectaculares de toda la ciudad. Es el símbolo de Toronto y subir vale cada segundo.
Otra joya que entra en el pase es Casa Loma, un castillo de verdad en plena ciudad, mandado construir por el financiero Sir Henry Pellatt e inaugurado en 1914. Con sus suites decoradas, pasadizos secretos, torres, establos y un túnel de 800 pies, recorrerlo es como viajar a la época eduardiana. Incluye audioguía y un documental sobre Sir Henry.
Si te gustan los museos, aquí está lo mejor: el pase también abre las puertas del Royal Ontario Museum (famoso por su arquitectura y sus colecciones que van de dinosaurios a culturas del mundo), el Art Gallery of Ontario y el Ripley's Aquarium of Canada, entre otros. Yo no alcancé a entrar a los museos, pero todos me dijeron que valen muchísimo la pena, así que esos quedaron en mi lista para volver.
Y para rematar, el City Pass suele sumar experiencias como un tour de 60 minutos por el puerto con City Cruises Toronto, el Toronto Zoo y más. En resumen: armas tu propia aventura con lo que más te lata, sin gastar de más.

¿Dónde hospedarse en Toronto?
Dejé lo mejor casi para el final, porque el hotel donde me quedé fue un sueño. Me hospedé en el Park Hyatt Toronto, y de verdad es bellísimo.
Está en Yorkville, muy cerca del centro, entre Bloor y Avenue Road, así que tienes museos, galerías y sitios históricos a unos pasos. Ubicación de diez para moverte caminando a casi todo.
Después de un día de aventuras, puedes relajarte en su aclamado restaurante JONI o subir al histórico Writer's Room, el bar en la azotea. Ahí preparan cocteles deliciosos y la vista de la ciudad es, sin exagerar, fenomenal.
Esa Writer's Room con vista fue uno de mis rincones favoritos de todo el viaje. El lugar perfecto para cerrar el día con una copa en la mano mientras ves Toronto encenderse de a poco. Lujo del bueno.
Entre las habitaciones elegantes, la atención impecable y esos espacios pensados para disfrutar, el Park Hyatt se convirtió en mucho más que un lugar para dormir: fue parte de la experiencia. Si puedes darte el gusto, de verdad lo recomiendo.
¿Cómo aprovechar mejor tu viaje a Toronto?
Un par de tips que a mí me funcionaron de maravilla. El primero: si piensas ver varias atracciones, el City Pass es tu mejor amigo. Reúne los must-see en un paquete que ahorra dinero y te quita el estrés de planear boleto por boleto.
El segundo: aprovecha la ubicación. Yorkville y el centro están llenos de museos, galerías, tiendas y restaurantes a distancia caminable, así que hospedarte por ahí te ahorra tiempo y traslados.
Y el tercero, el más importante: deja un día extra para improvisar. Toronto tiene tanto que ofrecer; mercados, barrios, los museos que a mí me faltaro, que siempre vas a querer una parada más. Mejor que te sobre tiempo a que te falte.
¿Vale la pena visitar Toronto?
Mil veces sí. Toronto es una ciudad que lo tiene todo: gastronomía de nivel mundial, historia, cultura, naturaleza cerca (como las Cataratas del Niágara, a una hora) y una energía cosmopolita que engancha.
Lo mejor es que se disfruta a cualquier ritmo: puedes llenar la agenda de museos y torres, o tomártelo con calma entre buenas comidas y paseos por sus barrios. Es flexible, acogedora y sorprendentemente fácil de recorrer.
Yo regresé con el corazón lleno y con una lista de pendientes para la próxima, empezando por esos museos que me quedé con ganas de ver. Si me preguntas, Toronto merece un lugar en tu lista de viajes. Y cuando vayas, ya sabes por dónde empezar.
¿Cuándo vas a ir?
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Coordinadora de Chic Magazine digital. Egresada de la Licenciatura en Comunicación de la FES Acatlán. Vivo de cine, los libros, videojuegos y la buena comida.
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