Las tendencias cambian con rapidez. Cada temporada trae nuevas siluetas, colores y reglas estéticas que parecen dictar qué sí y qué no se debe usar. En la era de las redes sociales, donde la inspiración y la presión visual conviven en el mismo feed, la moda se mueve a un ritmo vertiginoso.
Pero en medio de ese movimiento constante surge una pregunta más profunda: ¿nos vestimos para seguir una tendencia o para expresar quiénes somos? En el contexto del Día Internacional de la Mujer, la conversación sobre estilo adquiere una dimensión distinta.
Para la directora creativa y estilista Greta Forte, la moda no debería ser una carrera por alcanzar lo último que dicta el algoritmo, sino una herramienta de afirmación personal. Más que un escaparate de tendencias, el guardarropa puede convertirse en un espacio donde identidad, seguridad y presencia se encuentran.
Vestirse desde la identidad
Para Forte, la ropa es mucho más que un elemento estético. Es, en muchos sentidos, el primer mensaje que enviamos al mundo. Antes de hablar, antes de presentarnos, lo que llevamos puesto ya comunica algo sobre nuestra personalidad, nuestra energía e incluso nuestras intenciones.
“La ropa es el primer mensaje que damos antes de hablar. Cuando una mujer se viste desde quién es, su imagen deja de perseguir validación externa y comienza a comunicar presencia”, explica la estilista.
Desde esta perspectiva, el estilo personal funciona como un lenguaje silencioso. Cada prenda, cada textura y cada elección construyen una narrativa visual que refleja carácter, convicción y autenticidad. No se trata de ignorar las tendencias, sino de interpretarlas desde la propia identidad.
En su experiencia profesional, Forte ha trabajado con mujeres en distintos momentos de su vida que buscan algo más que una transformación estética. Ejecutivas que quieren proyectar liderazgo sin renunciar a su feminidad. Creativas que desean verse sofisticadas sin perder su esencia. Madres que redescubren su estilo después de años dedicadas a otros roles.
En todos esos procesos aparece la misma pregunta: quién soy hoy y cómo quiero mostrarme.
La respuesta rara vez está en copiar un look de pasarela o replicar el outfit viral del momento. Más bien surge de una reflexión personal sobre cómo cada prenda puede convertirse en una extensión de la identidad.
Cuando esto sucede, el estilo deja de sentirse forzado. La imagen ya no compite por aprobación externa, sino que transmite coherencia.
Más allá de las tendencias
Las tendencias, por naturaleza, son efímeras. Cambian cada temporada y responden a ciclos creativos, culturales y comerciales. La identidad, en cambio, es un proceso mucho más largo y profundo.
“Las tendencias cambian constantemente, pero la identidad se construye y evoluciona con el tiempo. Cuando una mujer se viste desde ahí, su imagen deja de competir y empieza a comunicar”, señala Forte.
Esa diferencia cambia por completo la forma de relacionarse con la moda. En lugar de sentir presión por adaptarse a cada nueva corriente estética, el enfoque se vuelve más consciente: elegir lo que realmente conecta con quién se es en ese momento de la vida.
Este cambio también transforma la experiencia de vestirse. Lo que antes podía sentirse como una obligación, seguir reglas de estilo, cumplir expectativas sociales o responder a ciertas tendencias, se convierte en un acto de autoafirmación.
Elegir qué ponerse cada mañana deja de ser una decisión superficial y se vuelve parte de una conversación interna sobre identidad, seguridad y presencia.
Por eso, la reflexión cobra especial sentido en fechas como el Día Internacional de la Mujer. Más allá de los grandes avances sociales y profesionales, también existen decisiones cotidianas que fortalecen la relación con una misma. Y la forma en que nos presentamos al mundo es una de ellas.
“La verdadera sofisticación está en lo auténtico. Cuando una mujer se apropia de su imagen como extensión de su identidad, deja de vestirse para el entorno y empieza a vestirse para sí misma”, concluye Forte.
Desde esta mirada, la moda deja de ser una lista de reglas temporales. Se transforma en un territorio personal, capaz de acompañar los cambios, las etapas y las versiones de quienes somos a lo largo del tiempo. Un espacio donde el estilo no sigue tendencias: cuenta historias. Y la más importante siempre será la propia.
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Coordinadora de Chic Magazine digital. Egresada de la Licenciatura en Comunicación de la FES Acatlán. Vivo de cine, los libros, videojuegos y la buena comida.
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