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Adherencias quirúrgicas: La complicación silenciosa que aparece años después de una cirugía

Aunque la cicatriz de una operación haya sanado por fuera, el tejido interno puede unirse de forma anómala.

Adherencias quirúrgicas: Qué son, síntomas y tratamiento (Foto: Getty)
Adherencias quirúrgicas: Qué son, síntomas y tratamiento (Foto: Getty)
Andrea Bouchot
Andrea Bouchot

Para muchas mujeres, una cirugía ginecológica representa el cierre de una etapa complicada de salud. Una cesárea, un procedimiento para tratar la endometriosis, la extracción de quistes ováricos o una histerectomía suelen verse como el paso necesario para recuperar el bienestar y retomar la rutina.

Sin embargo, pocas veces se habla de lo que puede ocurrir después de la operación. Ciertas secuelas pueden acompañar a las pacientes durante meses o incluso años, y entre las menos comentadas están las adherencias postquirúrgicas.

¿Qué son las adherencias quirúrgicas?

Las adherencias quirúrgicas son bandas de tejido cicatricial que se forman dentro del cuerpo tras una cirugía. Provocan que órganos y tejidos que normalmente permanecen separados terminen adhiriéndose entre sí.

Eso puede ocurrir entre el útero, los ovarios, las trompas de Falopio, los intestinos o la vejiga. Y aunque suenan como algo excepcional, son mucho más comunes de lo que se piensa.

De hecho, los especialistas señalan que pueden desarrollarse en entre 60% y 90% de las cirugías ginecológicas y abdominales. Una cifra sorprendentemente alta para un tema del que casi no se habla.

El gran problema es que muchas veces no dan síntomas inmediatos. Algunas mujeres experimentan molestias sin relacionarlas con una cirugía realizada años atrás.

Entre esas molestias están el dolor pélvico persistente, la inflamación abdominal, la sensación de tirantez, la incomodidad al realizar actividades cotidianas o incluso el cansancio derivado del dolor constante.

En otros casos, las consecuencias aparecen con el tiempo. Pueden afectar la fertilidad, ocasionar molestias digestivas o complicar futuras intervenciones quirúrgicas.

El impacto en la vida diaria no es menor. Actividades tan simples como caminar largas distancias, hacer ejercicio, cargar objetos pesados o permanecer sentada mucho tiempo pueden volverse incómodas.

Y hay un costo emocional detrás. El dolor crónico puede afectar el descanso, el bienestar emocional y la capacidad de disfrutar plenamente de la vida familiar, social o laboral.

A eso se suma la carga económica. Según datos del Diario Oficial de la Federación, al 2025 los costos de procedimientos quirúrgicos en unidades de tercer nivel ascendían a casi $47,000 pesos, sin contar hospitalización, medicamentos ni honorarios médicos.

Cuando una recuperación se prolonga o se necesitan nuevas intervenciones, ese impacto financiero puede crecer considerablemente.

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¿Cómo prevenir las adherencias quirúrgicas?

Ante este panorama, la prevención se ha vuelto una prioridad dentro de la práctica quirúrgica moderna. No existe un método capaz de eliminar por completo el riesgo, pero sí medidas que ayudan a reducirlo de forma significativa.

Uno de los factores más importantes es la hemostasia meticulosa, es decir, el control eficaz del sangrado durante la operación. Y aquí es donde empieza realmente la prevención.

"La prevención de adherencias comienza desde el propio acto quirúrgico. Hoy sabemos que un control eficaz del sangrado es un componente fundamental, porque la presencia de sangrado residual puede favorecer procesos asociados con la formación de adherencias", explica Lucas Portela, Gerente Médico Senior del área de Cirugía Avanzada para Baxter Latinoamérica.

La lógica es clara: el sangrado residual y el control inadecuado de los vasos sanguíneos pueden favorecer procesos inflamatorios y de cicatrización anómalos que aumentan el riesgo.

Por eso, lograr una buena hemostasia no solo importa para la seguridad inmediata de la paciente, sino también para una recuperación más favorable a largo plazo.

Para lograrlo, los cirujanos cuentan con herramientas de apoyo como agentes hemostáticos y selladores quirúrgicos, diseñados para controlar distintos tipos de sangrado.

Estas tecnologías han mostrado beneficios concretos: reducen la pérdida de sangre durante y después de la cirugía, disminuyen los tiempos para alcanzar la hemostasia y, en algunos casos, acortan la estancia hospitalaria.

A la par, la innovación médica ha desarrollado soluciones pensadas específicamente para reducir las adherencias. Entre ellas destacan los hidrogeles sintéticos, usados principalmente en procedimientos ginecológicos laparoscópicos.

Aplicados durante la cirugía, estos materiales acompañan el proceso natural de cicatrización de los tejidos y complementan las medidas estándar que ya emplean los especialistas.

Diversos estudios han mostrado que su uso puede disminuir la formación de adherencias, sobre todo en pacientes con antecedentes de múltiples cirugías abdominales o pélvicas, que son quienes tienen mayor riesgo.

Portela resume bien hacia dónde va esta tendencia. "Existen tecnologías específicamente diseñadas para contribuir a reducir la formación de adherencias durante el proceso de recuperación. La combinación de estas estrategias permite abordar la cirugía con una visión más integral, enfocada no solo en resolver la condición clínica de la paciente, sino también en favorecer su bienestar y calidad de vida a largo plazo".
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¿Cómo se tratan las adherencias quirúrgicas?

El enfoque más efectivo hoy no está tanto en tratar las adherencias una vez formadas, sino en prevenirlas desde el quirófano. Esa es la gran evolución de la cirugía moderna.

La tendencia apunta a un modelo integral: prevenir complicaciones antes de que aparezcan y favorecer mejores resultados clínicos a largo plazo. Algunas tecnologías de sellado quirúrgico, de hecho, combinan en una sola solución el manejo del sangrado y la reducción de adherencias.

Esto refleja un cambio más amplio en la conversación sobre salud femenina. El éxito de una cirugía ya no se mide solo por lo que ocurre en el quirófano, sino por la calidad de la recuperación en los meses y años posteriores.

La incorporación de estrategias orientadas al control del sangrado y a la prevención de adherencias marca una nueva forma de entender la práctica quirúrgica. El objetivo ya no es únicamente tratar una enfermedad, sino reducir complicaciones futuras.

Porque detrás de cada procedimiento hay mujeres que buscan recuperar su bienestar, preservar su movilidad y volver a sus actividades cotidianas. Y merecen saber que su recuperación fue pensada más allá de la cirugía misma.

Hablar de adherencias, visibilizarlas y entender cómo prevenirlas es parte de ese cambio. Porque cuando una paciente conoce lo que puede pasar después de una operación, está en mejores condiciones de hacer las preguntas correctas y cuidar su salud a largo plazo.

¿Lo sabías?


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Nota escrita por
Andrea Bouchot
Andrea Bouchot andrea.bouchot@milenio.com

Coordinadora de Chic Magazine digital. Egresada de la Licenciatura en Comunicación de la FES Acatlán. Vivo de cine, los libros, videojuegos y la buena comida.

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