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Hepatitis C: la enfermedad silenciosa que puede avanzar durante años sin que lo sepas

Te contamos qué es la Hepatitis C y cómo avanza de forma silenciosa para que estés bien informado.

Hepatitis C: Señales de alerta, pruebas y tratamiento (Foto: Getty)
Hepatitis C: Señales de alerta, pruebas y tratamiento (Foto: Getty)
Andrea Bouchot
Andrea Bouchot

Hay enfermedades que gritan y otras que susurran. La hepatitis C pertenece al segundo grupo: puede vivir en el cuerpo durante años sin dar una sola señal clara, mientras avanza en silencio hacia consecuencias serias. Y ese silencio es, precisamente, su mayor riesgo.

La buena noticia es que hoy el panorama es radicalmente distinto al de hace apenas una década. Conversamos con el Dr. Raymond Chung, director del Departamento de Gastroenterología del General Hospital de Massachusetts, quien explica por qué detectarla a tiempo lo cambia todo, y por qué la prueba debería estar en el radar de todos los adultos.

​Señales de alerta de hepatitis C

Lo primero que hay que entender es por qué esta enfermedad puede pasar tanto tiempo desapercibida. La respuesta está en cómo actúa el virus dentro del cuerpo.

"La inflamación que provoca el virus de la hepatitis C (VHC) suele ser leve y persistente, por lo que puede mantenerse durante años sin causar molestias evidentes", explica el Dr. Chung.

A eso se suma otro factor determinante. "La respuesta del sistema inmunológico no suele ser lo suficientemente intensa para eliminar el virus, lo que favorece tanto la infección crónica como la ausencia de síntomas".

En otras palabras, el cuerpo no da la batalla suficiente para eliminarlo, pero tampoco genera una alarma clara que nos haga sospechar. El virus se queda, y la vida sigue como si nada.

Cuando aparecen los primeros síntomas, suelen ser tan generales que fácilmente se atribuyen a otras causas. Cansancio, estrés, mala postura, exceso de trabajo. Cualquier cosa menos el hígado.

"Los síntomas iniciales suelen ser poco específicos, como fatiga persistente, dolor en las articulaciones o una molestia leve en la parte superior derecha del abdomen", detalla el especialista.

En casos menos frecuentes puede presentarse ictericia, que se manifiesta con una coloración amarillenta de la piel y los ojos. Pero esta señal, más evidente, no siempre aparece en las etapas iniciales.

El escenario cambia cuando la enfermedad ya progresó. Si la hepatitis C evoluciona hasta causar cirrosis, los signos son mucho más contundentes, aunque también más tardíos.

En esa fase pueden aparecer "ictericia, acumulación de líquido en el abdomen (ascitis), facilidad para presentar moretones o sangrados, así como alteraciones en la función cerebral que provocan confusión o deterioro del estado mental", enumera el Dr. Chung.

Son señales de daño hepático avanzado, y llegar a ese punto es justamente lo que se busca evitar con la detección oportuna.

Dr. Raymond Chung, director del Departamento de Gastroenterología del General Hospital de Massachusetts (Foto: Cortesía)
Dr. Raymond Chung, director del Departamento de Gastroenterología del General Hospital de Massachusetts (Foto: Cortesía)

¿Quiénes deberían hacerse la prueba de la hepatitis C?

Aquí llega la parte más importante del mensaje, y es más simple de lo que muchos imaginan. No hace falta tener síntomas ni factores de riesgo evidentes para justificar una prueba.

"Se recomienda que todos los adultos se realicen la prueba de hepatitis C al menos una vez en la vida, incluso si no presentan factores de riesgo", afirma el Dr. Chung.

Para quienes sí tienen conductas o situaciones que incrementan el riesgo de infección, la recomendación es más frecuente: deben someterse a pruebas de manera periódica.

Hay un mito importante que vale la pena aclarar. Durante años, las transfusiones sanguíneas y ciertos procedimientos médicos fueron una vía relevante de contagio, y esa idea sigue instalada en el imaginario colectivo.

Pero el panorama cambió. "Gracias al análisis sistemático de la sangre donada y a los estrictos protocolos de esterilización, las transfusiones y los procedimientos médicos han dejado de ser una fuente importante de transmisión en los países desarrollados", explica el especialista.

¿Cuál es entonces el riesgo principal hoy? El Dr. Chung es directo. "Actualmente, el principal factor de riesgo sigue siendo el uso de drogas inyectables o las prácticas de inyección inseguras".

Esto también derriba otra creencia extendida: que la hepatitis C es una preocupación exclusiva de generaciones mayores. La realidad es distinta.

"La hepatitis C sigue representando un riesgo para las personas jóvenes que consumen drogas inyectables, ya que esta continúa siendo la principal vía de transmisión del virus", advierte.

En su experiencia clínica, hay un perfil de paciente que suele llegar tarde al diagnóstico, y no por descuido propio, sino por un vacío en la conversación médica.

"Con frecuencia, el diagnóstico se retrasa en personas que tuvieron antecedentes de transfusiones sanguíneas o consumo de drogas inyectables hace muchos años y que ya no mantienen esas prácticas", señala el Dr. Chung.

El problema es que, al no ser interrogadas sobre esos antecedentes, muchas veces simplemente no se les solicita la prueba. Por eso la recomendación universal para todos los adultos existe: "busca precisamente evitar este tipo de diagnósticos tardíos".

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Diagnóstico y tratamiento de la hepatitis C

Aquí es donde la conversación se vuelve profundamente esperanzadora. Porque si algo ha cambiado en los últimos años, es el pronóstico de esta enfermedad.

"Los tratamientos actuales han transformado por completo el manejo de la enfermedad y permiten curar la hepatitis C en prácticamente el 100% de los pacientes", asegura el Dr. Chung.

Es un dato que merece leerse dos veces. Una enfermedad que durante décadas se asoció con daño irreversible y trasplantes hoy tiene una tasa de curación prácticamente total.

Pero hay una condición que marca la diferencia: el momento en que se detecta. Y ahí es donde la prueba se vuelve determinante.

"Detectar y tratar la hepatitis C antes de que aparezcan fibrosis avanzada o cirrosis puede eliminar prácticamente el riesgo de desarrollar cáncer de hígado", explica el especialista.

Por eso insiste en que el diagnóstico oportuno es determinante para preservar la salud del hígado y mejorar el pronóstico a largo plazo. No es solo cuestión de curar el virus, sino de proteger el órgano.

Y hay algo más que sorprende: el daño no siempre es permanente. El hígado tiene una capacidad de recuperación notable cuando se le da la oportunidad.

"Cuando el tratamiento se inicia antes de que exista fibrosis avanzada o cirrosis, el hígado puede recuperar por completo su estructura y funcionamiento normales", afirma el Dr. Chung.

Incluso en escenarios más avanzados hay motivos para el optimismo. En algunos pacientes con fibrosis avanzada se ha observado una regresión significativa e, incluso, la desaparición del tejido cicatricial.

El mensaje final es tan simple como poderoso: una enfermedad que no da señales puede detectarse con una prueba que se hace una sola vez en la vida, y curarse en casi todos los casos. Solo hace falta preguntar por ella.

¿Lo sabías?


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Andrea Bouchot
Andrea Bouchot andrea.bouchot@milenio.com

Coordinadora de Chic Magazine digital. Egresada de la Licenciatura en Comunicación de la FES Acatlán. Vivo de cine, los libros, videojuegos y la buena comida.

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