Nacido desde la rutina, en ese momento cotidiano en el que Fernanda Chávez y David Guajardo tenían que elegir una barra de proteína para cumplir sus objetivos en su alimentación, a la par que se topaban con opciones llenas de sabores artificiales y listas interminables de ingredientes, la pareja y ahora socios decidieron transformar esa inconformidad en Kiin Protein, su propio emprendimiento que prioriza calidad, balance y experiencia real al comer.
Con gran esfuerzo, la dupla ha decidido crear una marca de barritas que está alineada con un estilo de vida activo y consciente, donde los macros importan tanto como la textura, el sabor y su aporte proteico. En esta conversación, Fernanda habla de la marca, la importancia del trabajo en equipo y la visión que la impulsa junto a David de llevar a Kiin más allá de México.
¿Cómo surgió la idea de crear Kiin Protein? ¿Qué los inspiró a lanzar su propia barra de proteína?
David y yo teníamos mucho tiempo siendo consumidores diarios de barras de proteína porque nos facilitan cumplir distintas metas dentro de nuestra alimentación. Con el tiempo, siempre nos encontrábamos con los mismos problemas: las barras que tenían los macros que buscábamos solían saber artificiales, tener listas de ingredientes que nos caían mal o una textura que no nos gustaba.
Por otro lado, las opciones con ingredientes más limpios muchas veces eran altas en calorías, grasas o tenían ingredientes que no nos funcionaban, y muchas barras que se hacían llamar ‘proteicas’ en realidad tenían muy poca proteína para nuestro estándar. De esa necesidad nació Kiin Protein, ya que queríamos crear la barra de proteína que a nosotros nos hubiera gustado encontrar.
Sabemos que sus productos se elaboran con ingredientes limpios y naturales. ¿Por qué era importante para ustedes usar este tipo de ingredientes y cuáles son?
Queríamos crear una barra de proteína con estándares premium, donde la calidad de los ingredientes fuera tan importante como los macros. Por eso usamos proteínas de alta calidad, cacao real y edulcorantes como alulosa, eritritol y fruto del monje, y evitamos azúcares añadidos, maltitol y saborizantes artificiales.
El beneficio para el consumidor es una barra alta en proteína, bien balanceada y pensada para disfrutarse todos los días, alineada con un estilo de vida activo y consciente, sin sacrificar sabor ni calidad, y que no se siente pesada ni artificial.
En un mercado lleno de barras de proteína, ¿qué vuelve diferente a su marca del resto en cuanto a sabor o propuesta de valor?
Si tuviera que describir a Kiin en tres palabras sería: limpia, balanceada y deliciosa. Lo que nos diferencia es que no sabe a suplemento artificial. Sabe a comida real, con textura crujiente y un perfil de dulzor ligero. Está pensada para personas que cuidan lo que consumen pero no quieren sacrificar sabor ni calidad.
Estás lanzando este negocio junto a tu novio. ¿Cómo decidieron emprender algo juntos? ¿Siempre tuvieron esa visión?
La idea de crear una barrita de proteína fue de David. Siempre ha sido muy fan de este tipo de productos y le encanta todo lo relacionado con la comida y el fitness. Aunque él se dedica a la construcción, desde hace tiempo tenía la inquietud de crear algo en ese mundo.
Después de tantas veces que nos quejábamos de las barras que había en el mercado, un día me propuso hacer nuestra propia versión. No fue algo planeado, fue de manera muy natural a partir de una necesidad que ambos teníamos.
¿Cómo ha sido trabajar con tu pareja en un emprendimiento? Cuéntanos un poco sobre la dinámica: ¿cómo se reparten los roles y responsabilidades en Kiin? ¿En qué aspectos se complementan David y tú como cofundadores?
La verdad, ha sido una experiencia positiva. Emprender con David ha fluido súper bien, más allá de que sea mi novio, tiene justo las cualidades que yo buscaría en cualquier socio porque nos complementamos muy bien.
En Kiin, David se encarga principalmente de la parte administrativa y operativa, proveedores, producción y todo lo técnico del negocio. Yo estoy más enfocada en lo creativo, la mercadotecnia, la relación con los clientes y el lado más humano de la marca. Aun así, todo lo decidimos en conjunto. Rebotamos ideas, nos escuchamos y valoramos mucho la opinión del otro.
Lanzar un negocio con tu persona favorita suena emocionante, pero seguro también tiene desafíos. ¿Han tenido que establecer límites para separar la vida personal de la laboral?
El mayor desafío ha sido encontrar un balance entre el trabajo y la vida en pareja. Kiin no es el único proyecto en el que trabajamos juntos, así que con el tiempo hemos aprendido la importancia de poner límites y separar espacios y tiempos para cada cosa. Hemos aprendido a respetar esos momentos y a cuidar la relación, porque al final tener una buena base personal también hace que el trabajo fluya mejor.
¿Dónde te ves a ti y a Kiin Protein en cinco años? ¿Cuál es su visión a futuro?
En cinco años veo a Kiin Protein convertido en un básico dentro de las despensas de personas que cuidan su alimentación. Nos vemos presentes en los principales retailers de México, como H-E-B, Costco, Sam’s, Walmart y tiendas especializadas en productos nutritivos a nivel nacional. Nuestra visión es llevar Kiin fuera de México, empezando por Estados Unidos, y posicionarla como una marca mexicana con proyección internacional.
¿Qué consejo les darías a otros jóvenes emprendedores que quieran iniciar su propio negocio de cero?
Que se lancen y no esperen a tener todo resuelto. Muchas cosas se aprenden sobre la marcha. También les diría que confíen en su idea y se mantengan fieles a ella, porque en el camino va a haber mucha gente que les diga que es complicado o que no se puede. En nuestro caso, hubo momentos en los que nos sugerían cambiar ingredientes para ‘facilitar’ la producción, y sí lo cuestionamos, pero al final nos acordamos de por qué habíamos creado Kiin. Eso nos llevó a buscar otra forma de hacerlo y tomar decisiones más difíciles, pero alineadas con nuestra visión. Ahí es donde realmente se empieza a diferenciar un emprendimiento.
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