Un cadáver sin rostro aparece en una alcantarilla bajo uno de los distritos más exclusivos de Seúl. No hay identificación. No hay pistas claras. Solo un bolso. Así comienza “El arte de Sarah”, el thriller coreano que llegó a Netflix y que, en cuestión de días, ya está dando de qué hablar, pero ¿qué pasa al final? Te lo explicamos.
La serie, protagonizada por Shin Hye-sun y Lee Joon-hyuk, no solo plantea un misterio policial. En el fondo, propone algo más inquietante: ¿qué tan fácil es reinventarse cuando no hay registros que prueben quién eres realmente?
¿Quién es Sarah Kim?
Desde el primer episodio, Sarah Kim se presenta como una empresaria brillante, mente maestra detrás de Boudoir, una marca de bolsos que logró infiltrarse en el mundo del lujo. Sin embargo, pronto descubrimos que ni su nombre ni su pasado son reales.
El detective Park Mu-gyeong empieza a atar cabos cuando las versiones sobre Sarah no coinciden. Cámaras de seguridad, testimonios cruzados y antiguos expedientes revelan una verdad incómoda y es que Sarah Kim en realidad es Mok Ga-hui, una mujer llena de deudas, fracasos y una desesperación que la llevó a fingir su propia muerte años atrás.
Ese fue el punto de quiebre. Tras simular su suicidio, Ga-hui decidió borrar su identidad y construir otra desde cero.
En el camino, utilizó relaciones estratégicas, engaños calculados y hasta una donación de riñón bajo otra identidad más, para asegurarse dinero y protección.
Si quedaba alguna duda sobre quién estaba detrás de la máscara, la serie deja una pista física imposible de ignorar: la cicatriz de la donación.
Es la prueba de que la mujer interrogada al final es la misma que ideó Boudoir desde sus cimientos. No importa cómo se llame ahora. Es ella.
¿Quién murió realmente en “El arte de Sarah”?
El gran giro llega cuando descubrimos que la mujer hallada en la alcantarilla no era Sarah Kim. Era Kim Mi-jeong, su imitadora.
Mi-jeong comenzó como una talentosa falsificadora de bolsos. Sarah la reclutó por su habilidad, pero pronto la utilizó como doble en eventos y situaciones delicadas.
Lo que empezó como colaboración terminó en ambición, pues Mi-jeong decidió suplantar por completo a la mujer que la contrató.
Su plan era simple y brutal, pues buscaba eliminar a Sarah y quedarse con el imperio que, en buena parte, ella ayudó a construir.
Sin embargo, durante la inauguración de la tienda insignia de Boudoir, las cosas se salieron de control. El intento de asesinato falló. Y quien terminó muerta fue la impostora.
Pero aquí está el detalle importante, pues Mi-jeong no murió de inmediato. Herida, logró arrastrarse hasta la calle, donde terminó congelándose.
Sarah, siempre un paso adelante, aprovechó una mudanza empresarial para deshacerse del cuerpo sin levantar sospechas.
El significado del final de “El arte de Sarah”
Cuando la mujer se presenta en la estación de policía y asegura ser Kim Mi-jeong confesando el asesinato, el detective sabe que está frente a otra mentira. Pero no tiene pruebas para desmontarla.
No hay registros oficiales de Sarah Kim. No hay denuncias formales por estafa.
Boudoir opera en una zona gris, ya que vende lujo aspiracional sin prometer autenticidad certificada. Legalmente, todo está cuidadosamente blindado.
Así, el detective toma una decisión amarga, y es arrestarla bajo la identidad que ella misma declaró.
Sarah es condenada, sí, pero como Kim Mi-jeong. Su verdadera identidad permanece intacta en la sombra. Y Boudoir continúa siendo un éxito.
El mensaje final es incómodo, pues en un mundo obsesionado con las marcas y las apariencias, la verdad importa menos que la narrativa.
Sarah no solo vendía bolsos; vendía una ilusión. Y quienes la compraron, lo hicieron con plena voluntad de creer.
Al final, la serie no responde quién es realmente Sarah Kim. Porque quizá esa sea la clave: ella es quien decide ser.
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