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¿Enamorado y mal correspondido? Cuidado, ¡no caigas en la limerencia!
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¿Enamorado y mal correspondido? Cuidado, ¡no caigas en la limerencia!

ESTILO DE VIDA

El amor no correspondido es una experiencia tan frecuente como devastadora. Si quieres saber más sobre su funcionamiento y cómo afrontarlo la Psicología Luisa Chong nos revela los detalles.

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“El amor duele”, es una frase muy usada en canciones de desamor, porque la pareja nos abandonó, o porque el amor de tu vida ni siquiera sabe que existes. Pero hasta qué punto debe doler ese “amor” si se supone que el amor nos debe generar felicidad y no tristeza ni desanimo, pues el amor debe ser recíproco. Cuando no hay una conexión de una de las partes definitivamente no es amor, es obsesión y esto trae como consecuencia la limerencia, considerada una enfermedad mental que tiene muchas veces finales no muy gratos.

Para ampliar el panorama de esta enfermedad y saber cómo identificarla y decirnos qué podemos hacer al respecto platicamos con la especialista en psicología Luisa Chong.

Ella nos cuenta que el término fue acuñado por Doroty Tennov en el año 1979, y es la conjunción de 2 palabras: limerick (quintilla) y romance. La limerencia es definida por la autora como un estado involuntario e interpersonal que implica un deseo agudo de reciprocidad emocional, con pensamientos, sentimientos y comportamientos obsesivos, y dependencia emocional hacia otra persona.

La especialista agrega que la limerencia es una vivencia de amor que se convierte en un infierno, “es una vivencia considero no de amor, pues a veces le damos el nombre de amor a lo que no es, y este es el caso”.

Es aquella condición en la cual una persona se siente “enamorada” de otra y desarrolla un deseo obsesivo e imperante de ser correspondido. Ese estado se encuentra emparentado con el trastorno obsesivo-compulsivo. Por eso involucra un gran sufrimiento para el individuo.

Se pierde el sentido crítico y la razón pasa a segundo plano.

-No se puede deja de pensar en el “ser amado”

-Solo una de las personas es la que experimenta el “enamoramiento” y si no es correspondido sigue en ese estado sin superarlo.

-Idealiza y sobredimensiona al otro

-Obsesión por el otro

-Desesperación e ideas de suicidio

-Miedo al rechazo

-Autoengaño

-Fantasías de encuentros con el amado

¡Con todas estas características podemos detectar la limerencia!

Se pueden dar manifestaciones físicas debido a los tipos de pensamientos presentándose así síntomas como temblores, palpitaciones, sudoración, nerviosismo, dificultades para dormir, entre otros. Simplemente una obsesión. Lo que hay en el fondo son rasgos de una personalidad obsesivo-compulsiva, nos relata la especialista Chong.

En realidad, aquí no está presente el amor. Lo que hay es una alteración de la conciencia que puede tener que ver con experiencias traumáticas no elaboradas, vienen del pasado y no se han reconocido. El supuesto amor por el otro puede no ser más que una cortina de humo para mantener oculta esa deuda con uno mismo.

Hay que buscar ayuda

Cuando el sentimiento no pasa, no evoluciona, no se reubica, es necesaria la asistencia, del mismo modo que se trataría cualquier desorden obsesivo-compulsivo. En algunos casos si así se requiere la intervención interdisciplinaria y la asistencia farmacológica en casos agudos.


Cuando una relación se vuelve enfermiza es consultar un psicólogo. Si crees que puedes ser limerente, o que tu pareja lo es, no dudar y buscar ayuda de un especialista.

Aprendiendo a amar

La psicóloga Luisa Chong comparte la fábula del puercoespín:

“En un crudo día invernal, los puercoespines de una manada se apretaron unos contra otros para prestarse mutuo calor. Pero al hacerlo así se hirieron recíprocamente con sus púas y hubieron de separarse. Obligados de nuevo a juntarse por el frío, volvieron a pincharse y a distanciarse. Estas alternativas de aproximación y alejamiento duraron hasta que les fue dado hallar una distancia media en la que ambos males resultaban mitigados”.

Y nos explica. “Esta fábula me gusta para representar estos tiempos de pandemia y reflexionar en la celebración del 14 de febrero, se imponen la necesidad de la distancia social, prohibido abrazarse, tocarse, etc. De alguna forma puede sucedernos como a los puercoespines… si no mantenemos la distancia social podemos morir, pero también aislarse de manera radical podríamos morir de soledad”.


El término medio sería el correcto para no morir, debemos mantener la distancia física para no contagiarnos, pero debemos alimentar el vínculo a través de la tecnología para seguir viviendo.

Vivir el amor maduro es vivir sintiendo al otro, pero sin perder la propia individualidad, sin anularse, ni herirse ambos. Amar desde nuestra plenitud interior y no amar desde nuestras carencias, ni de nuestros vacíos.

Amar desde la libertad, desde la tranquilidad del corazón y desde la riqueza del pensamiento.

Y tú, ¿cómo amas?


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