Más que cambiar rostros, el doctor Esteban Garza trabaja sobre algo más profundo: la forma en la que una persona se reconoce a sí misma y cuenta su historia de vida. Una filosofía que hoy redefine la manera en la que entendemos la belleza desde su propia mirada, una que valora la autenticidad y encuentra en la sutileza su mayor expresión.
Doctor, para comenzar, ¿en qué momento te diste cuenta que querías dedicarte a la cirugía facial y la medicina estética?
Fue cuando entendí que el rostro no es solo anatomía. Es el registro de una vida que en cada línea, cada expresión y cada gesto, lleva una historia; lo que alguien ha amado, lo que le ha dolido, lo que ha construido. Desde la carrera me atrajo el rostro por su complejidad técnica, pero me quedé por algo más profundo, porque intervenir un rostro es acercarse a la identidad de una persona. Con el tiempo entendí que mi trabajo no es sólo modificar estructuras, sino intervenir en algo mucho más profundo, la relación que una persona tiene consigo misma.
¿Qué fue lo más retador de tu camino para convertirte en especialista?
Aprender a ser paciente con el proceso y conmigo mismo. La Cirugía Facial y la Medicina Estética Facial exigen años de preparación técnica, pero lo más difícil no está en el quirófano. Está en desarrollar el criterio para saber cuándo intervenir y cuándo no. En aprender que a veces la mejor decisión es no operar. Eso no se enseña en ningún libro, eso se aprende con tiempo, con humildad y con muchos pacientes que te confían algo que no tiene precio, su rostro.
Hoy, viendo hacia atrás, ¿qué decisiones fueron clave para llegar a dónde estás?
Rodearme de las personas correctas y nunca conformarme con lo que ya sabía. Dicen que, en Medicina Estética, quien deja de aprender envejece más rápido que sus pacientes. Más allá de lo académico, la decisión más importante fue construir una reputación basada en que mis resultados no se anuncien. Que nadie pueda señalar qué se hizo, solo que la persona se ve extraordinaria. Eso, con el tiempo, se convierte en el mejor marketing posible. Pero también hubo una decisión interna importante. La de entender que no quería ser un cirujano que cambia caras, sino alguien que respeta lo que cada rostro representa.
¿Cómo defines la belleza hoy en día desde tu perspectiva profesional?
La belleza es armonía y cuando un rostro la tiene lo vemos en sus proporciones y se refleja. Las líneas de expresión no son el enemigo, son parte de una historia. Mi trabajo no es borrarlas todas, es entender cuáles cuentan algo hermoso y cuáles pesan más de lo que deberían. Cuando alguien se mira al espejo y se reconoce, y le gusta lo que ve, ahí está la belleza real. No en la perfección sino en la autenticidad. No se trata de borrar la historia de un rostro, se trata de suavizar lo que pesa y conservar lo que hace únicas a las personas.
¿Cuál es tu filosofía cuando trabajas el rostro de un paciente?
Respetar lo que ese rostro ha vivido. Cada paciente llega con una historia escrita en su cara y mi trabajo no es reescribirla, es editarla con respeto. Potenciar lo que ya tiene y quitar lo que pesa sin borrar lo que construyó. Cuando termino un procedimiento y el paciente dice “me veo bien, pero me veo como yo”, ese es mi resultado ideal. Que nadie sepa qué pasó, solo que algo cambió para bien.
Eres experto en procedimientos como rinoplastía y tratamientos faciales, ¿qué buscan hoy los pacientes realmente?
Buscan algo técnicamente muy exigente: que se sientan los beneficios pero que no se note la intervención. Llegan más informados que nunca, con referencias muy específicas, pero lo que realmente quieren al fondo es sentirse auténticos. Nadie viene hoy a pedirte que los hagas ver como otra persona. Vienen a pedirte que los hagas verse como ellos mismos, en su mejor momento. Eso requiere más criterio clínico y algo muy interesante es que cada vez más personas entienden que no se trata de verse diferentes, sino de reconciliarse con su reflejo.
¿Cuáles son los tratamientos que están marcando tendencia actualmente?
En no quirúrgico, los bioestimuladores están redefiniendo lo posible. Sculptra, por ejemplo, trabaja sobre el volumen de una manera que ningún relleno convencional puede imitar, porque activa tu propio colágeno. El resultado no llega de golpe, llega como envejece la piel, es decir, gradualmente, naturalmente. En cirugía, la rinoplastía sigue siendo la reina, pero el estándar cambió y hoy, una buena rinoplastía es invisible. Está más enfocada en armonía y no en perfección.
¿Cuál es el error más común que ves en personas que buscan mejorar su imagen?
A veces las personas quieren borrar partes de su historia sin darse cuenta de que ahí también está lo que las hace únicas. Pero hay errores frecuentes, como buscar quien les diga que sí a todo. O bien, comparar precios sin comparar criterios. Un procedimiento mal ejecutado no solo es un problema estético, puede borrar lo que hace único a ese rostro. Y eso tiene un costo emocional que ningún precio cubre. Por eso la consulta para mí, no es un trámite administrativo, es el procedimiento más importante de todo el proceso.
¿Crees que las redes sociales han cambiado la percepción de la belleza?
Sí, para bien y para mal. Para bien, porque hay mucho menos estigma alrededor de los procedimientos. Para mal, porque los filtros y los algoritmos crearon estándares que no existen en la realidad, y eso genera inseguridades que a veces llegan disfrazadas de solicitudes clínicas. Parte de mi trabajo empieza por ayudar al paciente a distinguir lo que genuinamente quiere de lo que le vendió una pantalla. Los médicos tenemos que estar en esa conversación y ser una voz responsable dentro de ella.
En una profesión tan exigente, ¿cómo cuidas tu bienestar personal?
Para cuidar bien a otros, primero tienes que estar bien tú. No es un cliché, es una realidad clínica. No puedo hablarles a mis pacientes de longevidad, de piel, de envejecimiento saludable si yo no lo práctico. Mi protocolo personal de sueño, ejercicio y manejo del estrés no es marketing, es parte de mi credibilidad. Un médico que no cuida su propio cuerpo está prescribiendo algo que no cree y eso siempre se nota.
¿Qué hábitos consideras clave para verte y sentirte bien?
Dormir bien es probablemente lo más poderoso que existe y lo más subestimado. Después, hidratación, protector solar sin excepción y movimiento. No tiene que ser nada extremo. Y algo que siempre digo es que el estrés envejece más que el sol. Las líneas que deja la tensión crónica son las más difíciles de tratar porque no vienen de afuera, vienen de adentro. Aprender a manejar el estrés es parte del skincare también.
¿Cómo quieres que la gente recuerde tu trabajo?
Como el médico que nunca los hizo verse raros. Que les devolvió confianza sin quitarles identidad. Que entendió que detrás de cada consulta hay una persona con una historia, con miedos y con esperanza. Si alguien que pasó por mi clínica puede decir en diez años “me alegra haber tomado esa decisión”, eso es suficiente para mí. No busco que recuerden el procedimiento, busco que recuerden cómo se sintieron después. Que mis pacientes recuerden que se sintieron escuchados, respetados y acompañados.
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