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Sociedad Puebla

Adriana Sanz y Marisol De la Fuente reciben la primavera con Narciso

Renovadas y con una nueva visión, las fundadoras de Narciso Artesanía Floral revelan la clave de esta unión próspera.

“Está renaciendo en nosotras las ganas de continuar con nuestro primer bebé, que es Narciso”. (Fotos: @jesusfloresphoto)
“Está renaciendo en nosotras las ganas de continuar con nuestro primer bebé, que es Narciso”. (Fotos: @jesusfloresphoto)
Mariana Velázquez
Mariana Velázquez

¿Tuviste alguna vez una amiga, tal vez en el colegio, de la que ya nunca te separaste? ¿Recuerdas compartir días de clase, en la tarde comer juntas o por la noche verse para arreglarse frente al espejo y que aquello fuera en sí mismo más divertido que la fiesta posterior? ¿Te pasó que aprendieron todo de la otra deseando ser hermanas? ¿Hablaron de sueños, secretos y el porvenir? ¿La viste llorar y también de alegría? ¿La extrañaste cuando ambas terminaron la escuela o sus caminos se separaron? ¿Siguieron viéndose mientras cada una aprendía a ser adulta, pese al tiempo, pese al cansancio, pese a la vida? ¿La viste convertirse en mujer? ¿La viste convertirse en madre?

Adriana Sanz y Marisol De la Fuente tuvieron la dicha de encontrar el tesoro al que llamamos amistad. Primero fue la coincidencia lo que las unió, después la convivencia diaria las llevó a entrañarse, pero fue hasta que crearon un negocio juntas que se convirtieron en amigas, familia y socias: Narciso Artesanía Floral o “su primer bebé” como a ellas les gusta llamarlo. Como un presagio la primavera vuelve entre flores con una promesa de renacimiento. Para ellas esto no es una metáfora, es la manera en que hoy viven su proyecto. Después de trece años de historia, y de una pausa voluntaria para entregarse a la maternidad, ambas regresan a su marca floral con una mirada distinta, más madura y consciente.

“Después de vivir la maternidad empiezas a ver las cosas con más gratitud y más respeto”. (Fotos: @jesusfloresphoto)
“Después de vivir la maternidad empiezas a ver las cosas con más gratitud y más respeto”. (Fotos: @jesusfloresphoto)

“Está renaciendo en nosotras las ganas de continuar con nuestro primer bebé, que es Narciso”, cuentan. Durante años lo cuidaron y lo hicieron crecer con dedicación absoluta, pero la vida personal les pidió hacer una pausa. Hoy, ese regreso guarda el deseo de volver a crear la misma magia que definió al proyecto desde el inicio, pero ahora con una perspectiva más espontánea y más cuidadosa.

Adriana y Marisol son madres de tres y dos hijos respectivamente. Mientras se enfocaban en sus familias también aprendían lecciones que inevitablemente terminarían reflejándose en su forma de emprender. “Los hijos te enseñan muchísimo como persona”, explican. “Después de vivir la maternidad empiezas a ver las cosas con más gratitud y más respeto”.

Ese aprendizaje también cambió su relación con el trabajo. Antes, recuerdan, cualquier detalle podía convertirse en motivo de estrés. Desde una flor que no llegaba del tono exacto hasta un arreglo que no salía como estaba planeado. Hoy, después de convivir con la imprevisibilidad diaria de criar y sostener a sus hijos, los problemas del negocio se ven con otra perspectiva. “Antes colapsábamos por cosas muy pequeñas. Ahora ya sabemos reaccionar rápido, improvisar y resolver. Lo vemos como algo mucho más divertido que antes”.

En relación, si tuvieran que comparar esta nueva etapa con una flor, curiosamente no elegirían el narciso, la flor que da nombre a su marca, sino otra muy distinta: la peonía. Para ellas, esta flor representa resistencia y belleza duradera. “Las peonías son guerreras. Han persistido durante años, resisten climas extremos y aun así siguen siendo hermosas”, explican. Incluso en condiciones difíciles, su tallo sigue llevando nutrientes hasta permitir que la flor alcance su máximo esplendor.

Así, en estos trece años Narciso también ha tenido que adaptarse a los cambios del mundo. Desde el principio idearon su marca para que pudiera subsistir en línea sin necesidad de varias tiendas físicas. Esto les dio una gran ventaja frente a la pandemia, por ejemplo, que transformó profundamente la manera en que las personas compran flores. Si al principio la experiencia consistía en acudir a la florería, elegir cada tallo y construir un ramo personalizado, hoy el panorama es distinto. La practicidad y la tecnología han cambiado las reglas del juego, pero desde siempre su visión les ha permitido adelantarse a estas transformaciones.

“La gente perdió el miedo a comprar en línea”, explican. “Y aunque parte de la experiencia de las flores era justamente ir a escogerlas, hoy el mundo exige practicidad”. Por eso, parte de este renacimiento también implica abrazar la digitalización, fortalecer la venta en línea, adaptarse a nuevas plataformas e incluso incursionar en la creación de contenido. Un reto que asumen con entusiasmo, aunque reconocen que implica salir de su zona de confort.

“Regalar (y autorregalarse) flores de Narciso significa un ‘me importas’”. (Fotos: @jesusfloresphoto)
“Regalar (y autorregalarse) flores de Narciso significa un ‘me importas’”. (Fotos: @jesusfloresphoto)

Aun así, hay algo que permanece en el mundo y es aquella emoción de regalar flores. Para Adriana y Marisol, detrás de cada arreglo sigue existiendo un gesto de conexión, tanto para hombres como para mujeres. Muchas veces no se trata de una fecha especial, sino de recordarle a alguien que está en nuestros pensamientos.

Además, la marca Narciso se ha convertido con el tiempo en un símbolo de intención. Su empresa ha crecido tanto y se ha ganado el reconocimiento del consumidor poblano que “regalar (y autorregalarse) flores de Narciso significa un ‘me importas’”. Incluso, señalan, entre las nuevas generaciones, que el ritual del cortejo sigue vivo. Les emociona ver a jóvenes que llegan a comprar un solo girasol o una gerbera para conquistar a alguien. A veces acompañados por sus madres pero con la misma ilusión de siempre. “Eso da esperanza”, dicen entre risas. “El amor sigue existiendo”.

A la hora de crear sus arreglos, su proceso mezcla intuición, estética y observación. Aunque han construido un estilo muy definido desde el inicio de la marca, también se mantienen atentas a tendencias visuales, combinaciones de color o incluso referencias de moda.

“Inspirarnos puede venir de cualquier lado, por ejemplo del color Pantone del año, de combinaciones que vemos en Instagram o Pinterest, o simplemente de experimentar con colores que normalmente no se usarían juntos”. Sin embargo, creen que en el mundo floral es difícil equivocarse. Después de todo, la naturaleza ya ha hecho gran parte del trabajo.

También buscan mantenerse fieles a su identidad. Aunque hoy existen muchas florerías y la competencia es mayor que cuando comenzaron, ellas prefieren no mirar demasiado lo que hacen los demás. “Tenemos muy claro quiénes somos como marca. Tratamos de innovar, pero siempre desde nuestra esencia”.

Y quizá esa sea la clave que ha sostenido su sociedad durante más de una década: una mezcla de respeto, empatía y admiración mutua que también se fortaleció con la maternidad.

Adriana describe a Marisol como una mujer luminosa, de carácter alegre y contagioso, capaz de transformar cualquier espacio con su energía: “es de esas personas con las que sabes que la vas a pasar bien”, dice, reconociendo también en ella una madurez que le inspira y de la que constantemente aprende. Para Adriana, su vínculo se ha construido en el equilibrio de sus diferencias, en esas polaridades que, lejos de separarlas, las han hecho complementarse desde que se conocieron en el colegio, cuando, como un imán, descubrieron que podían ser ellas mismas estando juntas.

Por su parte, Marisol clava su mirada entre tantos recuerdos juntas y no duda en nombrar a Adriana como una mujer profundamente valiente, cuya faceta como madre despertó en ella una admiración aún más grande.
La describe como dedicada, divertida y sabia, alguien que siempre tiene las palabras correctas y que se ha convertido, incluso, en una especie de guía emocional. Entre bromas y lágrimas que se asoman amenazando con arruinar su maquillaje, ambas dejan ver que su sociedad va mucho más allá del trabajo pues está cimentada en el cariño, el respeto y una amistad que ha sabido crecer y transformarse con el tiempo.

Hoy, cuando miran hacia adelante, el éxito ya no se mide únicamente en crecimiento o ventas. Para ellas significa algo más sencillo aunque trascendente: poder seguir creando, disfrutando el proceso y manteniendo vivo el proyecto que comenzó como una idea y terminó convirtiéndose en parte de su historia personal. En una palabra, dicen, esta nueva etapa podría definirse como renacimiento. Porque, al final, como las flores que vuelven cada primavera, algunos proyectos también saben volver a florecer.

Adriana describe a Marisol como una mujer luminosa, de carácter alegre y contagioso, capaz de transformar cualquier espacio con su energía. (Fotos: @j
Adriana describe a Marisol como una mujer luminosa, de carácter alegre y contagioso, capaz de transformar cualquier espacio con su energía. (Fotos: @j



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