En un espacio de su agenda nos reunimos con Yareli Orato en el Hotel Cartesiano de la capital poblana. La presidenta municipal de San Salvador El Seco llegó en jeans, práctica, sin protocolo excesivo. Mientras la maquillaban y peinaban para la sesión, habló con honestidad sobre lo que implica dirigir un municipio siendo mujer.
Durante las pruebas de vestuario confesó: “Esto no es algo que use normalmente. Soy más de ropa formal y funcional; mí vida diaria así lo exige”. Luego, a lo largo de la sesión estuvo pendiente del celular; entre toma y toma hacía llamadas y resolvía asuntos a distancia. “El trabajo no para”, dice sin dramatismo, como quien ya lo tiene asumido.
Esta conversación surge con la intención de conocer su lado más personal, su experiencia como mujer al frente del poder local y el proceso de convertirse en madre mientras sostiene la responsabilidad de un municipio. Presidenta municipal, esposa y futura mamá, atraviesa una etapa donde convergen liderazgo y feminidad.
En esta entrevista no solo aparece la funcionaria sino la mujer, la que habita y administra un territorio que es, a fin de cuentas, el lugar, el hogar y el futuro que también heredarán sus hijos y los hijos de otros hijos.
¿Además de ser presidenta municipal, quién es Yareli Orato?
Antes del cargo, antes del poder, soy una mujer de convicciones claras. Me rigen la familia y Dios como guía constante. Crecí viendo las necesidades de mi municipio, escuchando historias de esfuerzo, de lucha, de esperanza. Y entendí que no quería ser espectadora. Antes de ser presidenta soy una mujer de objetivos, me gusta tomar acción. Creo firmemente en que desde cualquier posición podemos influir de manera positiva, antes que presidenta soy hija, esposa, emprendedora y a punto de ser mamá por segunda ocasión. Soy alguien que no olvida de dónde viene. Y eso, para mí, es lo más importante.
¿Qué parte de ti se ha mantenido intacta a pesar del poder y la exposición?
Mi fe. Mi amor por mi familia. El cargo cambia tu agenda, tus horarios, tu nivel de exposición. Pero no debe cambiar tu esencia. He procurado que el poder no me endurezca, sino que me haga más responsable. Sigo siendo la misma mujer que se conmueve cuando escucha una historia difícil. La misma que valora un consejo de sus padres. La misma que ora antes de tomar una decisión importante.
¿Cómo se ve un día tuyo real? ¿Qué sacrificios personales no se ven en una foto oficial?
Un día real empieza muy temprano y termina muy tarde. Reuniones, recorridos, gestión, decisiones que no pueden esperar, busco espacios para disfrutar a mi hija y tener tiempo de calidad. En la foto oficial se ve firmeza. Pero no se ven las noches de insomnio pensando en cómo resolver un problema. No se ven los momentos en que el cansancio pesa. No se ven las veces que quisieras pasar más tiempo en casa, por supuesto que no es queja, creo que es un privilegio la oportunidad de hacer algo en mi municipio. El servicio público tiene un costo personal. Hay situaciones familiares a las que llegas tarde, momentos que sacrificas, pero cuando entiendes que tu trabajo impacta a miles de personas, el sacrificio adquiere sentido.
Estás a punto de convertirte en mamá por segunda ocasión. ¿Cómo se vive un embarazo cuando también se ejerce poder? ¿Te ha hecho más fuerte o más sensible esta etapa?
Se vive con mucha conciencia. Mi embarazo me ha hecho más fuerte… y también mucho más sensible. Más fuerte porque ahora entiendo que cada paso que doy es y será ejemplo para mi hija y mi futuro bebé. Más sensible porque cada decisión la pienso no solo como autoridad, sino como madre. Ser mujer en el poder mientras gestas vida te transforma profundamente. Te recuerda que la firmeza no está peleada con la empatía. Que se puede gobernar con carácter sin perder la sensibilidad.
¿Qué miedos aparecen cuando eres responsable de un municipio… y pronto de otra vida?
El miedo de no fallar. El miedo de no estar a la altura. Cuando eres responsable de un municipio, sabes que tus decisiones afectan realidades. Y cuando estás a punto de ser madre, entiendes que también serás el mundo completo para alguien. Pero he aprendido que el miedo no paraliza cuándo tienes fe y capacidad. Creo firmemente que Dios no pone responsabilidades en manos equivocadas. Si me ha dado esta posición, también me dará la sabiduría para ejercerla y me corresponde prepararme y rodearme de gente brillante que comparta mi visión y proyecto. La maternidad me ha enseñado a confiar más.
¿En qué momento decidiste dedicarte a la política? ¿Alguna vez has dudado de ti misma en este camino?
Decidí dedicarme a la política cuando entendí que quejarse no transforma. Que si quería cambios reales para San Salvador El Seco, debía asumir responsabilidades reales. Sí, he dudado. Dudar es humano. Sobre todo cuando sabes que cada paso será observado, cuestionado y analizado, pero cada vez que aparece la duda, recuerdo por qué empecé: por amor a mi municipio, porque creo que merece orden, oportunidades y dignidad. La duda no me ha detenido; me ha hecho prepararme más.
¿Sientes que a las mujeres en el poder se les exige más?
Sí. A las mujeres se nos observa con lupa. Se evalúa nuestra firmeza, pero también nuestra forma de hablar, de vestir, de maternar. A veces se espera que seamos suaves; otras, que seamos inquebrantables. Y muchas veces, ambas cosas al mismo tiempo. Pero no lo veo como desventaja. Lo veo como oportunidad. Podemos demostrar que liderazgo y feminidad no se contradicen. Que se puede gobernar con carácter, mano firme y amor.
¿Cómo te gustaría que tus hijos entiendan algún día tu trabajo?
Me gustaría que lo vean como servicio, no como poder. Que entienda que su mamá no trabajó por reconocimiento, sino por responsabilidad. Que comprendan que amar tu tierra también es una forma de amar a tu familia. Y que, si algún día deciden liderar, lo hagan desde la honestidad y el respeto por la gente.
¿Qué has aprendido del servicio público que te servirá en la maternidad?
He aprendido paciencia. He aprendido a escuchar. He aprendido resiliencia. En el servicio público entiendes que detrás de cada conducta hay una historia. Que antes de juzgar, hay que comprender. Eso mismo quiero aplicar como madre: escuchar antes de corregir, acompañar antes de exigir.
Si pudieras escribirle una carta hoy a tu bebé, ¿qué le dirías?
“Antes de conocerte ya me enseñaste a ser más fuerte. Eres la prueba de que se puede construir futuro mientras se gobierna el presente. Si algún día escuchas críticas sobre tu mamá, recuerda que cada decisión fue tomada con fe, amor y responsabilidad. Quiero que crezcas orgulloso de tus raíces, orgulloso de tu municipio, orgulloso de tu familia. Y sobre todo, que nunca olvides que el poder más grande es el de un corazón que trasciende delante de Dios”.
¿Qué frase te repites todos los días para mantenerte firme ante cada reto?
“Sirve con verdad, gobierna con firmeza y nunca olvides quién eres.” Y siempre llevo presente algo más: “Con Dios al frente y mi familia como base, no hay decisión que no pueda sostener”.
Tags relacionados
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
