El movimiento diario es para el cuerpo y el alma como un combustible. Bajo esta idea nació In Barre Studio, un espacio dedicado a mujeres (y pensado por mujeres). Alejandra Sainz, María Lozano y Sofía Lozano, tres socias unidas por la convicción de que, al regalarse unos minutos de ejercicio al día, las mujeres pueden convertirse en su mejor versión en todo lo demás.
Todo comenzó hace casi diez años, en una fiesta de Año Nuevo. “En 2016 empezó todo, con la idea y las ganas de poner un estudio en la ciudad de Puebla”, recuerdan. Al inicio, el proyecto contemplaba varias disciplinas, pero con el tiempo el barre se convirtió en el corazón del espacio. Tras certificarse y prepararse, en agosto de 2016 abrieron oficialmente las puertas de In Barre Studio.
“Empezamos siendo dos y ahora somos una familia de 17 mujeres que felizmente trabajamos en este gran proyecto”, comparten con orgullo. Hoy, a punto de cumplir una década, el estudio cuenta con un método sólido, dos espacios físicos y una comunidad que no deja de crecer.
La conexión entre ellas se dio de manera orgánica. “La vida nos puso en el mismo camino y todo se fue dando de forma fácil, siempre con mucha comunicación”, explican. Con el tiempo, esa sociedad se transformó también en una amistad profunda. Para ellas, el movimiento, y especialmente la barra, ha sido un refugio.
“Un espacio para desconectar de todo y conectar con nosotras”. Esa experiencia personal es la que buscan replicar en el estudio, al que describen como “una segunda casa para cada una de nuestras alumnas”, un lugar donde todas puedan sentirse aceptadas, vistas y parte de una comunidad que las valora tal como son. Así definen también su relación como socias: “Aunque María y Sofía son hermanas, en realidad las tres somos como una familia que siempre en cualquier circunstancia buscamos lo mejor para cada una, para nuestro equipo y para el negocio”. Entre risas confiesan que sus juntas, “son 80 por ciento risas y chisme, 20 por ciento trabajo… ¡y pueden durar días!”.
Parte de la esencia de In Barre radica en los diversos perfiles de sus socias. Alejandra, ingeniera y fundadora del estudio, sembró la visión original; María, actuaria, aportó estructura, orden y soporte operativo; y Sofía, bailarina profesional, sumó su formación, sensibilidad y experiencia internacional en el mundo del movimiento. Esta combinación dio como resultado un equilibrio poco común pero profundamente efectivo.
“Tenemos roles muy claros, confiamos plenamente unas en otras y compartimos la misma entrega”, aseguran. Más allá de los títulos, las une una relación cercana basada en la honestidad, la confianza y la comunicación constante, donde cada decisión importante nace de largas conversaciones hasta que todas están alineadas.
El método de In Barre Studio es el resultado de años de experiencia y observación. “Se ha construido a partir de las necesidades reales de nuestras alumnas: lo que buscan, lo que disfrutan y lo que su cuerpo necesita para alcanzar una mejor calidad de vida”, explican. El barre, disciplina que fusiona ballet, pilates y yoga, trabaja principalmente con el propio peso corporal y se enfoca en el core, es decir el conjunto de músculos desde las costillas hasta la pelvis, como base de todo movimiento.
El objetivo es fortalecer, tonificar, alargar y estilizar el cuerpo de manera consciente, siempre priorizando la técnica. “Creemos que cuando el movimiento se realiza con buena técnica, los resultados físicos llegan de forma natural, segura y sostenible”.
Sin embargo, los beneficios se reflejan más allá de lo físico. Cada clase está pensada como una experiencia integral. “Buscamos brindar a cada alumna una experiencia desde que entra al estudio, donde la reciben con una sonrisa y una comunidad inclusiva que te motiva a dar lo mejor siempre”. La coordinación, la respiración y la atención plena convierten la clase en una verdadera meditación en movimiento. “Es un espacio para soltar pendientes y preocupaciones y regalarte tiempo para ti”, dicen.
Ahora que atravesamos enero, el mes de los propósitos, muchas personas suelen marcarse metas a veces abruptas. Para las fundadoras de In Barre, la clave para transformar un objetivo en un hábito sostenible es la moderación y el disfrute.
“Para que algo sea sostenible no tiene que llevarse al exceso ni hacerse por obligación”, aseguran. Recomiendan encontrar una disciplina que apasione, rodearse de gente que motive, permitirse descansar sin culpa y confiar en el proceso. “Pretender ir de cero a cien en una semana es imposible… lo más importante es disfrutarlo”.
El movimiento consciente, explican, es también una herramienta poderosa para cultivar disciplina y amor propio. “Te enseña a escucharte, a respetar tus límites y a reconocer tus capacidades”. A través del barre, la disciplina deja de venir desde la autoexigencia extrema y se transforma en un compromiso amoroso con una misma.
“Cada clase es un recordatorio de que cuidar tu cuerpo es una forma de amor propio y que avanzar, aunque sea poco a poco, también es progreso”.
De cara a 2026, su objetivo como estudio es seguir creciendo sin perder la esencia que las define. “Queremos llegar a más personas, fortalecer nuestra comunidad y continuar cambiando vidas a través del movimiento”, comparten. Pero, sobre todo, desean que el estudio siga siendo un refugio. “Un espacio seguro, una segunda casa, un lugar donde puedan ser y buscar siempre dar un poquito más. Un lugar al que se llega para soltar lo que pesa afuera y del que se sale con energía renovada”, comentaron.
Para ellas, una vida saludable va mucho más allá del ejercicio o la alimentación. “Significa encontrar un equilibrio entre cuerpo, mente y emociones; aprender a escucharte, respetar tus tiempos y disfrutar el proceso”. Eso es, en esencia, lo que In Barre Studio y ellas como equipo buscan regalar en cada clase: presencia.
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