Desde la antigüedad, el amor ha sido una pregunta inquietante. Aristófanes lo explicaba a Platón a través del mito andrógino donde los seres humanos eran originalmente criaturas completas, fuertes y veloces de tal manera que amenazaban a los propios dioses, así que fueron divididos por Zeus, condenados desde entonces a buscar desesperadamente a su otra mitad para volver a sentirse enteros.
Bajo esta idea del amor como búsqueda, diálogo y construcción compartida, se desarrolla esta conversación con Marisabel Mena y Ricardo Alejandro Sánchez, quienes están próximos a unirse en matrimonio. Marissa y Ricardo se conocieron en un escenario premonitorio: una boda. Ella era la wedding planner del evento; él, el DJ encargado de la música.
Paradójicamente, el primer encuentro no fue precisamente amor a primera vista. “Al principio nos caímos bastante mal”, recuerdan entre risas. Sin embargo, el tiempo, las conversaciones y la convivencia transformaron esa primera impresión en una amistad sólida, de esas que se construyen con confianza y comunicación. Fue ahí, cuando entendieron que antes que pareja, eran mejores amigos, que supieron que querían construir una vida juntos.
Esa complicidad se refleja también en la forma en que se admiran mutuamente. Para Ricardo, su prometida tiene una habilidad especial para ver siempre el lado bueno de las cosas. Destaca su energía, su capacidad de levantar el ánimo de quienes la rodean y su entrega absoluta, tanto en lo personal como en lo profesional.
“Nunca tira la toalla”, dice, “me inspira todos los días”. Marissa, por su parte, ve en Ricardo a una persona perseverante, leal y profundamente comprometida con sus sueños. “Es de las personas con mejores sentimientos que conozco y la más leal y fiel”. Lo describe como carismático, trabajador y con una sensibilidad que lo distingue.
Ambos coinciden en que el amor no solo cambia con el tiempo, sino que se fortalece. Hoy lo viven como un proyecto en equipo, donde el compromiso crece y se transforma en una construcción diaria. Esa dinámica también se refleja al planear su boda, un proceso que ha sido tan emocionante como retador.
Para la experta en eventos, organizar su propia boda ha significado soltar el control. Acostumbrada a buscar la perfección en cada evento que produce, reconoce que esta vez ha tenido que permitirse disfrutar. Agradece profundamente el acompañamiento de su wedding planner, Jalil Dib, quien le recordó algo esencial, “No quiero que trabajes, quiero que lo disfrutes”. Al mismo tiempo, celebra poder imprimir su sello personal y sus ideas en cada decisión.
Ricardo vive el proceso desde una mirada distinta, marcada por su formación como arquitecto y su experiencia en producción de audio e iluminación. Para él, el diseño audiovisual de la boda se ha abordado como un proyecto arquitectónico: planos, proyecciones acústicas y luces concebidas como elementos estructurales.
Ser sus propios clientes les ha permitido arriesgar y proponer ideas poco convencionales, aunque también ha implicado el reto de tomar decisiones desde lo emocional. En ese equilibrio, el acompañamiento de Julián Jalil ha sido clave para dar orden y coherencia a todo el concepto.
Lo más divertido de planear su boda ha sido imaginar juntos cada momento: convocar a las personas más importantes de sus vidas, visualizar la fiesta, elegir la música y soñar con la luna de miel. El mayor reto, y a la vez el mayor acierto, ha sido encontrar el punto medio entre el estilo romántico que define a Marissa y la estética más arquitectónica y festivalera que caracteriza a Ricardo. “Ella ordena y yo desordeno”, bromean. Y aunque parezca contradictorio, siempre terminan encontrando el balance.
Se parecen en su entrega, en su gusto por las cosas bien hechas y en la importancia que dan a sus seres queridos. Se complementan, dicen, en todo. El novio asegura que Marissa lo hace mejor persona; ella confiesa que no imagina su vida sin él.
Lo que esperan de su boda es que sus invitados disfruten, se sientan bienvenidos y acompañen cada momento con alegría. Saben que el tiempo será breve, pero desean que la experiencia sea intensa y memorable. Si tuvieran que describir su boda en una emoción, no dudan: amor, gratitud y euforia.
A quienes hoy celebran el amor, con o sin boda, les comparten un consejo que resume su historia: Antes que pareja, sean mejores amigos; hablen, confíen y construyan desde ahí.
Finalmente, su historia, como su boda, es el reflejo de dos mundos creativos que se encuentran, se retan y se eligen todos los días para complementarse. ¿Acaso no es eso el amor?
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