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Martha Bernays, la mujer que enamoró e inspiró a Sigmund Freud
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22.04.2021 13:00:11
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Martha Bernays, la mujer que enamoró e inspiró a Sigmund Freud

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Su esposa fue la razón por la que se convirtió en psicoanalista, pero jamás aceptó su trabajo.

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Martha Bernays fue una mujer moderna en su época; se casó con Sigmund Freud y fue la inspiración de gran parte de su trabajo. Irónicamente compartieron un gran gusto por la cocaína, pero nunca por el sexo. De hecho, ella fue la razón por la que se convirtió en psicoanalista, pero siempre describió su trabajo como "pornografía".

Si Freud no hubiera conocido a Martha, posiblemente nunca habría elegido una carrera científica, y mucho menos perfeccionado el uso de la cocaína en la medicina. Muchos creían que el psicoanalista era homosexual o muy frío por catalogar la conducta humana, pero en realidad era un romántico, apasionado y hombre celoso que cayó rendido a los pies de Martha desde la primera vez que la vio.

Martha Bernays y Sigmund Freud: Su historia de amor

Nacida en 1861 en Hamburgo, Alemania, Martha era hija de un comerciante y su esposa. Esta familia judía de gran prestigio había adquirido respetabilidad más que riqueza, hasta que el padre de Martha se metió en problemas comerciales y fue a la cárcel. Debido a esto, Martha se esforzó constantemente por ser irreprochablemente honesta y recta, y siempre fue conservadora y respetuosa de la ley.

Después de recibir la educación típica de una chica de su entorno, miembro de una familia de empresarios con una fuerte fe judía, Martha descubrió el amor por el aprendizaje y se interesó especialmente por el arte y la literatura, cualidades que Freud reconoció inmediatamente cuando la conoció.

Un día fue invitada a quedarse en la casa de Freud por sus hermanas, y fue ahí cuando el psicoanalista la vio por primera vez. Fue amor a primera vista, y a partir de ese momento, Freud se dedicó resueltamente a ganarse el corazón de la chica alemana.

Freud consideró que ganar el corazón de Martha fue una victoria por dos razones. Primero, la “princesa”, como él la llamaba, representó una victoria social ya que provenía de una familia de mayor rango que la suya. Y segundo, aunque pertenecía a una familia muy religiosa, Martha había aceptado casarse con el hombre más ateo que conocía.

Freud originalmente quería una carrera en investigación científica, pero se dio cuenta de que una práctica médica privada era una mejor manera de mantener económicamente a una esposa y una familia. Al final, fue Martha quien marcó el rumbo para la fundación de la práctica de Freud y, por tanto, los inicios del psicoanálisis.

El 13 de septiembre de 1886, Sigmund Freud y Martha Bernays se casaron en una ceremonia civil, con una religiosa al día siguiente. Esto último fue una concesión por parte de Freud, que todavía era ateo, aunque participaba en los ritos de la boda judía.

Su primera hija, Mathilde, nació en 1887, y sería la primera de 6 hijos en total. En su casa de Viena, Martha se destacó en la vida doméstica, pero no lo hizo sola, ya que fue asistida por su hermana menor, Minna, quien vivía con la familia Freud. Si bien algunos historiadores creen que Minna era, de hecho, la amante de Sigmund, esto jamás fue comprobado.

El trabajo pionero de su esposo siempre le fue interesante a Martha, pero ella insistió en separar su vida personal con la profesional y, de hecho, no le permitía usar a sus hijos como sujetos de análisis.

Sin embargo, se le atribuye el mérito de haber dirigido su hogar tan bien y con tanta eficacia, que le permitió a Freud escribir los libros y realizar los estudios que necesitaba en este nuevo campo del psicoanálisis.

Si bien los Freud pasaron la mayor parte de su vida matrimonial en Viena, en 1938 la amenaza nazi los obligó a mudarse. Mientras la familia llegaba a salvo a Londres, 4 de las hermanas de Freud murieron a manos de los nazis.

Sigmund había padecido cáncer oral durante años y, en 1939, murió. Martha continuó protegiendo su reputación y recibió a los invitados en su nuevo papel de viuda de Freud. Continuó viviendo la vida productiva y ordenada por la que era conocida. Incluso cuando tenía 80 años, supervisaba la jardinería, leía, escribía cartas a sus amigos y disfrutaba de sus compras diarias.

Mucho antes de que Martha muriera en 1951, había quedado claro que el psicoanálisis era un movimiento científico amplio y no sólo una moda, y la fama asociada con él era en parte suya.

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