Entrenamientos entre semana, competencias los fines, viajes constantes, maletas que se abren y se cierran, madrugar. Así es la vida de la familia Bejarano Pontiroli, quienes acompañan a Beltrán, un niño de apenas seis años que ya traza su camino como jugador de pádel.
En un mundo donde crecer muchas veces implica dejar de jugar, Beltrán demuestra que la infancia también puede ser el inicio de grandes sueños. Lo que comenzó como un juego acompañando a su papá en torneos y tomando una pala casi por intuición hoy se transforma en disciplina, constancia y una pasión que apunta al profesionalismo.
Junto a su hermana Emi, y sus papás Valentina y Miky, quien es jugador profesional de pádel, y han hecho de este deporte un un proyecto de vida. En el marco del Día del Niño, su historia nos recuerda que soñar en grande empieza jugando, y que cuando hay amor y apoyo, cualquier meta puede comenzar desde la infancia.
Así, después de la sesión de fotos en la que Beltrán se mostró entusiasmado, dejándose dirigir con naturalidad, nos sentamos a conversar sobre el esfuerzo, la disciplina y el trabajo en equipo que hay detrás de cada logro, ese que muchas veces no se ve en el podio.
Aunque es un pequeño de pocas palabras, Beltrán responde con honestidad, mientras abraza a su mamá, quien lo acompaña y le ayuda a expresar sus ideas. Por momentos, como todo niño lleno de energía, se escapa a la cancha para golpear la pelota y seguir practicando; después regresa, atento, a escuchar cómo sus papás hablan de él con orgullo y emoción. Aquí la conversación:
Beltrán, ¿cómo empezaste a jugar pádel? ¿Quién te enseñó?
Empecé con mi papá. Lo acompañaba a los torneos y desde que aprendí a caminar cargo una pala.
¿Qué te gusta más: ganar o divertirte?
Ganar un partido… pero que sea divertido.
¿Qué hace que un partido sea divertido para ti?
Que haya buenos puntos y que esté mi familia viendo.
¿Qué es lo que más disfrutas cuando estás en la cancha?
Divertirme y llevarme bien con mi compañero.
¿Recuerdas tu primer torneo?
Sí. Perdimos, pero jugamos muy bien.
¿Te pones nervioso antes de jugar?
Antes sí, bueno, siempre, pero ahora ya tengo más confianza.
¿Cómo celebras los puntos?
Grito “¡vamos!” y festejo.
Sabemos que recién fuiste a Cozumel a una exhibición, ¿qué fue lo más emocionante?
Me gustó. Jugué bien y gané 6-1. Lo mejor fue compartir la cancha con mi amigo.
Oye, ¿y por qué Agustín Tapia es tu jugador favorito?
Porque es profesional y buena persona.
¿Qué te gustaría lograr cuando seas más grande?
Ser profesional… y ganar trofeos.
Cuéntanos cómo es un día normal para ti.
Me levanto, desayuno, voy a la escuela y entreno. También veo partidos de pádel.
Y cómo sería un día perfecto…
Que tenga pádel… y también ir por un helado.
Además de jugar, ¿qué te gusta hacer?
Andar en bici, jugar con mi hermana y coleccionar miniaturas.
Cuando un partido no sale bien, ¿qué haces?
Le echo más ganas.
¿Qué consejo le darías a otros niños que quieren jugar pádel?
Entrenar.
¿Qué es lo mejor de tener seis años?
Que casi todo es un juego.
¿Cómo celebras el Día del Niño?
Jugando pádel… en un torneo y también puedo elegir a dónde ir a comer, mejor si es un lugar con juegos.
¿Qué mensaje le darías a otros niños en esta fecha?
Que se diviertan, sean felices y entrenen mucho.
Y ustedes como padres de Beltrán, ¿en qué momento se dieron cuenta de su talento?
VALENTINA PONTIROLI (VP): Fue algo muy natural. Probó fútbol, pero se frustraba porque dependía de muchos. En el pádel encontró algo más individual y desde ahí no paró. Todo el tiempo quiere jugar, entrena solo contra la pared, ve partidos, los estudia… él no pide una tablet para ver caricaturas, es un niño de pádel, quiere ver partidos una y otra vez.
Han vivido un proceso de vida fuerte como familia, ¿qué ha significado este camino?
VP: Venimos de una historia de resiliencia. Pasamos momentos difíciles en Argentina y decidimos cambiar de vida. Llegamos a México con lo que teníamos, apostando por lo que amamos. Hoy el pádel no solo es trabajo, es lo que nos permite estar juntos.
¿Cómo equilibran disciplina y diversión?
VP: Para nosotros lo más importante es que sea feliz. Si él es feliz, todo lo demás fluye: el respeto, la disciplina, el compromiso. Nunca dejamos que pierda esa parte de juego.
¿Qué valores buscan transmitirle?
MIKY BEJARANO (MB): El respeto, la humildad y la felicidad. Que haga lo que quiera, pero que lo haga con amor y disfrutándolo. El ego no va con nosotros.
¿Qué papel juega cada uno dentro de la familia?
MB: La mamá es el pilar. Es quien sostiene todo, quien acompaña, aconseja y está siempre. Somos un equipo: los cuatro vamos juntos a todos lados.
¿Qué han aprendido de Beltrán?
VP: Muchísimo. Su forma de ver la vida, su seguridad, su carácter. Es un niño que vino a enseñarnos.
¿Qué sueñan para él?
VP: Que sea feliz. Si quiere ser profesional, lo apoyaremos, pero lo más importante es que tenga una vida plena y que siempre pueda elegir lo que lo haga feliz.
En cada respuesta, se deja ver que el talento de Beltrán va acompañado de algo aún más valioso: una familia que lo respalda, lo guía y lo mantiene con los pies en la tierra.
Finalmente, en su mundo, ganar importa, pero no más que disfrutar. Entrenar es importante, pero no más que ser feliz. Y quizá ahí está la clave de su historia, en recordar que, incluso en medio de los sueños más grandes, nunca hay que dejar de jugar.
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